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El segundo libro de Lino fue también preparado en unas alturas relativas que nos transportaban – a él,  a mí y a J.B. – a alturas inimaginadas. Y es que en esa celda se respiraba un ambiente del todo distinto al imperante en los demás recintos de la penitenciaría. Recibíamos visitas increíbles, visitas con alas y sin alas, aunque siempre sagradas visitas, que allí nos decían  al oído verdades del mundo, de la cárcel y de nosotros mismos, y nos anticipaban unos versos con enorme generosidad. Luego Lino y J.B. los reescribían como propios.

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Uno de esos visitantes nos sugirió que hiciéramos contacto con la editorial RIL. Así es que, como Lino tenía más que suficiente material para un segundo libro, lo llevamos a la casa de Alférez Real, conversamos con Fabiola y Alfonso, y de pronto, de un momento al otro, el libro estaba ahí, Estado del tiempo. La gente de RIL se encargó esta vez de enmarcar su contenido, que pretende ser una meditación en torno a las apariencias del espacio y del tiempo, en un bello formato, en un ejemplar y cuidadoso diseño gráfico.

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La esfera almilar en la portada es un signo de tales engañosas apariencias. Pero el verde sugiere esperanza.

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Dos poemas sirven especialmente, a mi juicio, para expresar la atmósfera anímica del libro. Uno es el que se títula precisamente Estado del tiempo:

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Cualquiera sea la hora

las ocho las doce las cinco y media

lo mismo medianoche o mediodía

y segundos o siglos o milenios

lo importante es que seguimos

con cien años con uno o diecisiete

en el tiempo navegando

y en el tiempo estamos lejos

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     aunque el último cuarto del castillo

     no esté contaminado por el tiempo

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si ayer estuvo soleado

si mañana tendremos chubascos

si hace calor o frío me tiene sin cuidado

siempre el clima será indeseable

mientras naveguemos en el tiempo

bajo un sol y una luna insuficientes

y sigamos durmiendo

con ojos y oídos enfermos

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     y aunque el último cuarto no esté contaminado

     es de difícil acceso

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Por cierto, el último cuarto del castillo es la morada escondida en el alma, desde cuyos balcones  se divisa la luz que está fuera del tiempo y del espacio. Lejos de los punteros del reloj y de los hombres – o mujeres – del tiempo.

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El otro poema se titula profecía. En él se resuelve de alguna manera la interrogante acerca del camino que hay que recorrer para avizorar aquella luz. Se titula Profecía:

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Cuando guste de buscar

no en el terremoto ni en el incendio

no en los titulares de la prensa

no en el uso ordenado por el tiempo

cuando estés atento a la palabra del viento

y sepas desplegar tu silencio

en medio del bullicio de la bestia

y la vuelvas incapaz de despeinar

ni uno solo de tus blancos cabellos

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cuando te tomes el tiempo preciso

para adiestrar tus antenas

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cuando vibrando de gozo

te admires de la muerte

y festejes con la muerte

más que un gran nacimiento

entonces tus sueños serán ciertos

ciertos como estrellas que cuelgan de las ramas

de los melocotones y de los almendros

y lo que se oculta en apariencia

será todo manifiesto

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cuando gustes de buscar

no en los titulares de la prensa

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De nuevo la revista Humanitas dedicó al libro un comentario en su N° 62 (año XVI, p. 398), en el cual el reseñador – otra vez el poeta del parque, Marcelo Jarpa, ahora nuestro  amigo- manifiesta su especial entusiasmo por algunos versos. Los del poema Inmensidad le parece que conducen al infinito:

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Qué universo es más inmenso

cuál tiene más estrellas

el que muestra la noche constelada

– sobre mi cabeza Orión

y la Cruz hacia el sur y Alfa Centauro –

o el que se abre profundo y sin medida

cuando cierro los ojos

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También lo impresionan los versos de El día es un atentado, Visión y Junto a la gruta, y califica a este último de “gran poema”.

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El libro está a la venta en algunas buenas librerías y se puede adquirir por la red, donde se encuentra también en formato de libro electrónico. No me he informado mucho acerca de cómo le ha ido. En todo caso, el público no es otro que el de este espacio y este tiempo. Y yo te pregunto, querido amigo lector: ¿cuántos libros de poesía has comprado en toda tu vida? Bueno, todavía no he empezado  a hacerme millonario con los derechos de autor.

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Lino reincidió en sus afanes emblemáticos e insistió en hacer colocar al principio y al cierre del libro la célebre divisa de Aldo Manucio, con su sabia advertencia dirigida a todos los esclavos del tiempo:

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festina lente

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Cuyo uso en este blog ya parece obsesivo.

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