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Gnosis deriva de la palabra – γνῶσις – que en griego significa conocimiento. Gnóstico es, entonces, el que posee el conocimiento, elemento al que las distintas variantes de esta tendencia religiosa daban una importancia capital. Pero no se trata de cualquier conocimiento.  El contenido de que aquí se trata no son los objetos que naturalmente pueden ser aprehendidos por  la razón.  Se trata, por el contrario, del acceso cognoscitivo a lo que es del todo trascendente, a lo absolutamente inaccesible a los sentidos humanos, a lo que solamente puede ser percibido por la mente si ésta se encuentra iluminada, luego de un camino de ascésis y de meditación, por la experiencia personal de la revelación. También podríamos entenderlo como uno marcado poderosamente por la intuición u originado en el acceso onírico o visionario a las figuras arquetípicas del inconsciente. No se trata, por lo tanto, de un conocimiento sacado de los libros. Tampoco del que se podría alcanzar a través de la mera adscripción a una creencia determinada.

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William Blake

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Específicamente tienen los gnósticos en mente el conocimiento que es requisito de la redención del hombre (y no sólo del hombre, sino que también del cosmos en su integridad): el conocimiento de Dios. Me atrevo a afirmar que en la médula de su doctrina está la afirmación de que si el error pudo introducirse en el mundo y en él instalarse la ignorancia y el olvido de Dios, fue merced a la ignorancia. De ello fluye, a contrario sensu, la deducción de que sólo el conocimiento de Dios, de quién es Dios Padre verdaderamente y de cual es su relación con el cosmos y con el hombre, hará posible la salvación.

Asociado a este tipo de conocimiento está la falta de consideración que el gnóstico atribuye a las cosas del mundo y de los hombres, despreciadas por él como parte de una creación imperfecta, ilusoria, material. Desde este punto de vista, la sabiduría gnóstica se acerca al budismo. O a la espiritualidad del Maestro Eckhart, por ejemplo cuando interpreta los versículos  del libro de Sabiduría (7, 7-9) que terminan con la aseveración de que, en comparación con el espíritu de sabiduría, todas las cosas son como grano de arena y fango y nada. Dice al respecto el maestro místico: “Constituye evidente señal de que posee ‘el espíritu de sabiduría’ aquel hombre que considera pura nada a todas las cosas. ‘El espíritu de la sabiduría’ no vive en aquel que mira a alguna cosa como si fuera algo. Cuando el sabio dijo ‘como un grano de arena’, esto era demasiado poco; cuando dijo ‘como fango’, también era demasiado poco; cuando dijo ‘como nada’, estaba bien dicho, porque todas las cosas son pura nada en comparación con ‘el espíritu de sabiduría”.

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Así, para el gnóstico, en comparación con el conocimiento, todo en el mundo es nada.

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William Blake

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Se trata, en todo caso, de un conocimiento al que no es posible acceder por la sola voluntad o disciplina humanas. La luz divina es para ello necesaria, para abrir los corazones y las mentes, y sostenerlos en la espera de la llegada del Salvador   – JesuCristo – por medio de cuya acción redentora toda luz espiritual residente en el cosmos será restituida a la divinidad;  el hombre recuperará su condición primordial junto al Padre, y toda materia y toda imperfección serán disueltas en la eterna oscuridad.

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Hasta aquí el presente artículo.

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