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Como había enunciado, incluyo enseguida ejemplos de lo que suele ser la llamada redentora en los textos gnósticos. La llamada de la Vida tiene por objeto levantar a los que duermen, despertarlos de su sueño, para que no permanezcan encerrados en la densa oscuridad y terminen disueltos en ella. Para que puedan sus almas regresar al lugar de la Luz de que cayeron.

“Alma mía, oh la más espléndida de las almas -…-
¿Adónde has ido? Vuelve a mí.
Despierta, alma del esplendor, del sueño de la embriaguez en  que has caído.
Sígueme hasta el lugar -…-  eminente donde morabas en el comienzo.”
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“La paz sea contigo, recto entre los inicuos,
luminoso en medio de la oscuridad,
Dios que habita entre las bestias de la ira,
que ignoran su grandeza.”

Vemos claramente en estos ejemplos, la llamada al hombre a recordar su origen divino y a estar pronto a la redención.

“¡Sal de la embriaguez en la que duermes,
despierta y contémplame!
Buenas nuevas para tí del mundo del gozo
desde el que he sido enviado para salvarte.”

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“¡Poder y prosperidad de la Vida
traigo para ti de tu casa!
Sígueme, hijo de la mansedumbre,
pon sobre tu cabeza la corona de la luz.”

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“No descanses, no duermas, y no olvides lo que tu Señor te ha enseñado. No seas un hijo de la casa, no seas llamado pecador -…- No ames las guirnaldas de agradable aroma, no obtengan placer de una bella mujer -…- No ames la lujuria ni las sombras engañosas -…- Contempla el mundo, una cosa que carece por completo de substancia -…- en la que no debes depositar confianza alguna. Las guirnaldas perfumadas se marchitan , y la belleza de la mujer se desvanece como si nunca hubiera existido -…- Todos los trabajos mueren, llegan a su fin y parecen no haber existido nunca.”

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En el ejemplo de arriba, prima en cambio el llamado al retiro, la conminación a no dejarse contaminar por el mundo. Este tipo de llamados a la ascésis se dan muy fuertemente en el maniqueísmo y están también presentes en el ámbito cristiano ortodoxo. Asi, por ejemplo, en 1Jn 2, 15-17:

“No améis al mundo ni las cosas que hay en el mundo. Si alguno amare al mundo, no está en él la caridad del Padre; pues todo lo que hay en el mundo – la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la jactancia de los bienes terrenos – no procede del Padre, sin que procede del mundo. Y el mundo se pasa y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios  permanece para siempre.”

Es notoria aquí una espiritualidad fuertemente ascética que se manifestará en su momento en las tendencias eremitas y cenobitas de clausura.

“Levanta, levanta, Adán, despréndete de tu apestoso cuerpo, de tu vestido de barro, de tus grilletes, de tu atadura -…- porque el tiempo ha llegado, tu medida está llena, para partir de este mundo -…-“.

Este otro ejemplo llama al hombre a vigilarse a sí mismo:

“Que cada hombre sea vigilante de sí mismo. Quien sea vigilante de sí mismo será salvado del fuego devorador.”

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La mayoría de los textos anteriores son del ámbito del gnosticismo mandeo. Este último, en cambio, proviene del ámbito helenístico. Está contenido en el Poimandres, un texto que integra el llamado Corpus Hermeticum:

“Gentes, hombres nacidos de la tierra, que os habéis entregado a la embriaguez y al sueño, a la ignorancia de dios, manteneos abtemios y acabad ya con vuestras borracheras, pues estáis hechizados por un sueño irracional -…- ¿Por qué os habéis rendido a la muerte, hombres nacidos de la tierra, si tenéis todo el derecho a compartir la inmortaldad? Vosotros, que habéis viajado junto al error y que habéis hallado en la ignorancia vuestra compañera, pensadlo bien: alejaos de la luz sombría (del cosmos); dejad atrás la corrupción y compartid la inmortalidad.”

Casi todas estas transcripciones provienen del libro de Hans Jonas (p. 115-118), citado ya en los artículos sobre gnosticismo.

Las imágenes corresponden a la pintura Consolation, óleo sobre madera de Jean-Georges Cornelius (1880-1963),  Musée eucharistique du Hiéron, Paray Le Monial.

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