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Hace unas semanas recordamos varios poemas soberbios de autores del llamado Siglo de Oro de la cultura española, Juan de la Cruz (1542-1591), Teresa de Ávila (1515-1582), Gutierre de Cetina (1520-c. 1557)  y Luis de Góngora (1561-1627). De los primeros, ambos santos y místicos de gran estatura, transcribimos un par de poemas de amor a lo divino, y de los segundos, dos composiciones un tanto escépticas pero bellísimas, de amor a lo humano. He sabido que algunos lectores de este blog, quedaron con gusto a poco. Les daré, por lo tanto, en el gusto, pero sin dar más ejemplos de los mismos autores, que los hay de sobra, sino incursionando en otros distintos.

Hoy le ha tocado el turno a Fray Luis de León (1527-1591), gran poeta y famoso maestro, profesor de teología en la Universidad de Salamanca. Vio interrumpida su actividad docente y hubo de pasar nada menos que cuatro años en la cárcel por unas discrepancias de criterio con la Inquisición en cuanto al contenido de su enseñanza. Una vez absuelto, reinició su cátedra con el proverbial “cómo decíamos ayer” (dicebamus hesterna die) dirigido a sus alumnos, con el que pretendía dar a entender tal vez que continuaba sus lecciones como si de verdad nada de importancia hubiera ocurrido en el intertanto. F.C. Sáinz de Robles, en su Historia y Antología de la Poesía Española (Aguilar, 1955) lo caracteriza por “su cultura y sensibilidad prodigiosas”, sus versos que “son el triunfo del equilibrio y de la delicadeza majestuosa”, y su arte capaz de obrar el milagro de “expresar con una armonía inigualada los pensamientos más profundos.” Llegó a ser provincial de la Orden de San Agustín, a la que pertenecía.

Escudo de la Universidad de Salamanca

Su poesía, con resabios del clasicismo latino, expresa con insuperable fuerza la nostalgia del ser humano que se siente un tanto inconfortable en la oscuridad del mundo y expresa su ansiedad por la vida en el espíritu y la absoluta trascendencia. 

A continuación, transcribo las cinco primeras estrofas de su Noche serena:

“Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo
de noche rodeado
en sueño y en olvido sepultado;

el amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente;
la lengua dice al fin con voz doliente:

‘Morada de grandeza,
templo de claridad y hermosura,
mi alma que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel baja, oscura?

¿Qué mortal desatino
de la verdad aleja así el sentido,
que de tu bien divino,
olvidado, perdido
sigue la vana sombra, el bien fingido’.

El hombre está entregado
al sueño, de su suerte no cuidando,
y con paso callado
el cielo vueltas dando
las horas del vivir le va hurtando -…-

Resuena el eco del dualismo de origen gnóstico presente en el Evangelio y en las Cartas de San Juan, conforme al cual el cosmos es la morada de las tinieblas y de la mentira y en el cual impera “el príncipe de este mundo”, que impide al hombre despertar de su sueño. Hace un tiempo escuché una versión musicalizada por Joakín Bello de este poema -y también de A la vida retirada, que sigue- con la voz de Nidia Caro. Aparte del acompañamiento electroacústico, que no me agradó demasiado, se trata de un conjunto de composiciones bastante logradas, que les recomiendo tratar de ubicar.

La obra maestra de fray Luis, por la que es con razón mayormente conocido, es por cierto, A la vida retirada. La temática, emparentada con el épodo Beatus ille de Horacio, es un elogio del hombre que se encuentra con su esencia lejos del mundanal ruido, en la sencillez no contaminada por las vanidades de la vida ciudadana. La transcribo completa y les recuerdo, no se apuren para leerlo, degústenlo, compenétrense progresivamente en su profundo sentido y en su musicalidad, para así gozarla plenamente.

Van Gogh


Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido.

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh campo, oh monte, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiere ver el ceño
vanamente severo
de quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
quien al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanza, de recelo.

Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.

El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido.

Ténganse su tesoro
los que de un flaco leño se confían:
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
en sed insaciable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce acordado
del plectro sabiamente meneado.

Aquí volvemos a la cumbre, alcanzada hace cuatrocientos años por la poesía en lengua española. Hay que beber en esta cumbre para hacer propicio un renacimiento.

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La imagen de van Gogh es de http://www.wikipaintings.org . Hay que recordar que presionando las imágenes se suelen conseguir vistas ampliadas.

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