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Para los efectos de entrar en materia e intentar identificar las principales diferencias entre los evangelios sinópticos y los escritos de nuestro evangelista  –evangelios y cartas– hay que recordar que éste aprovecha una parte de la tradición contenida en aquéllos, así la referida a los dichos, los milagros y la pasión de Jesús. Sin embargo, el cambio estilístico es significativo, y en Juan se manifiesta un contexto histórico ciertamente distinto.

Marc Chagall, Luz y oscuridad (wikipaintings.org)

En cuanto a la palabra de Jesús, los sinópticos la presentan en forma de conversaciones bastante breves y tienen el carácter sucintas enseñanzas o argumentos en una discusión. En lugar de eso encontramos en Juan discursos largos, conversaciones de cierta extensión en torno a los milagros o a expresiones que revelan un doble sentido. Ejemplos de esto último son el episodio de 3, 3, donde se traba una elevada conversación con Nicodemo en torno a lo que significa “nacer de nuevo” y luego Jesús continúa un discurso que se extiende hasta 3, 21. Asismismo, en el diálogo con la samaritana en torno al pozo de Jacob, maravilloso episodio, simbólica y poéticamente sublime, que comienza en 4,10 con las palabras de Jesús:

“Si conocieres el don de Dios,
y quién es el que te dice:
Dame de beber,
tú le  habrías pedido a él,
y él te habría dado agua viva”.

La narración de este episodio termina recién en 4, 42.

En los sinópticos los discursos de Jesús son más bien conjuntos de dichos. En Juan son  “exposiciones coherentes sobre un tema concreto” en los cuales se insertan los pocos dichos de Jesús que Juan ha tomado de la tradición sinóptica. La temática es distinta. No hay discusiones sobre la ley ni anuncios de la irrupción inmediata del reino de Dios. Lo que ahora importa es poner de relieve en Jesús su carácter de “revelador enviado por Dios”. No discute el Salvador “sobre el sábado ni sobre el ayuno, sobre la pureza o sobre el divorcio, sino que habla de su venida y de su marcha, de lo que él es y de lo que aporta al mundo”. Lucha contra la incredulidad en su persona, en la plenitud de su poder como hijo de Dios.

No hay parábolas en Juan. Su lugar lo ocupan discursos extensos y llenos de sentido en los cuales el revelador se define a sí mismo como el “yo soy”(en griego ἐγώ εἰμι) con distintas modalidades:

“Yo soy el pan que descendió del cielo” (6, 41); “Yo soy el pan de vida” (6, 48); “Yo soy  el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”(6,51);

-“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” (8,12);

-“Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.”(8,18);

-“Yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.”(8,23);

-“Yo soy la puerta de las ovejas.” (10:7);  “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.”(10,9);

-“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (10,11);  “y conozco mis ovejas, y las mías me conocen”(10,14);

-“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”(11,25);

-“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (14:6).

Por cierto que aquí y en las demás ocasiones en que Jesús se llama a sí mismo “Yo soy” resuena el eco de las palabras de Yahvé  a Moisés en Ex 3,14: “Yo soy el que soy”.

 Los discursos de Jesús en el Evangelio de San Juan tienen una fuerza expresiva y de convicción, un acento emotivo y evocador que está lejos del lenguaje de los sinópticos.

Empezamos, pues, a verificar las diferencias entre los sinópticos y Juan.

Marc Chagall, Ángel de la Luz (wikipaintings.org)

En el próximo artículo de esta serie continuaremos con el análisis de las diferencias entre ambas  tradiciones evangélicas.

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