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Sigo con las notas comparativas entre el Evangelio de San Juan y los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). En este proceso voy aprendiendo también con ustedes, orientado por unos cuantos libros importantes, entre los cuales destaco, para los efectos de lo que ahora voy tratando, la obra  “Teología del Nuevo Testamento”, de Rudolf Bultmann (Sígueme, Salamanca 2001).


Precisamente este teólogo alemán destaca la historia de la pasión como el conjunto de motivos evangélicos en que Juan se encuentra más cercano a los sinópticos. Comienza con el lavatorio de los pies y la cena en el capítulo 13 y se extiende hasta la resurrección en el capítulo 20, lo que comprende cerca de veinte páginas en mi Biblia de Jerusalén (Desclée de Brouwer, Barcelona 1998). Pero no cuesta mucho darse cuenta de la profunda reformulación de que Juan hace objeto a los correspondientes episodios, desarrollando notablemente la narración, sobre todo a través de la introducción de los discursos ricos de los contenidos doctrinarios que le interesa particularmente transmitir. Así nos explicamos por qué a Mateo, por ejemplo, parecidamente a Marcos y a Lucas, sólo le bastan tres capítulos (alrededor de ocho páginas) para desarrollar la misma historia.

Con motivo de la última cena de Jesús con sus discípulos no trata este evangelio la institución de la Eucaristía. Pero sí introduce el extensísimo discurso de despedida del Señor, ausente en los sinópticos, que contiene palabras pletóricas de significado teológico y que sirve a este evangelista para insistir en la naturaleza del mandamiento cristiano:

Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis los unos a los otros.
Que, como yo os he amado,
así os améis también vosotros los unos a los otros.
En esto conocerán todos que sois discípulos míos:
si os tenéis amor los unos a los otros.
(13, 34-35)

Y a insistir en su identidad con el Padre, lo que es igual a proclamar su naturaleza divina:

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre sino por mí.
Si me conocéis a mi, conoceréis también a mi Padre;
desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.
(14, 6-7)

Luego anuncia Jesús la venida del Espíritu de Verdad:

-…- el Paráclito, el Espíritu Santo,
que el Padre enviará en mi nombre
(que) os lo enseñará todo
y os recordará todo lo que yo os he dicho.
(14, 26)

Y les da la paz:

Os dejo la paz,
mi paz os doy;
no os la doy como la da el mundo.
(14, 27)

Y todavía se extiende en un admirable discurso alegórico, en que Jesús es “la vid verdadera” y sus discípulos “los sarmientos” (15, 1s), y enfatiza, por ejemplo, la relación de su mandamiento de amor con su propio destino:

Nadie tiene mayor amor
que el que da su vida por sus amigos.
(15,13)

Se extiende luego para ahondar en insistir en aspectos tales como la relación del mundo con el mensaje cristiano (15, 18 s.) -“En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo”- la venida del Paráclito (16, 4s.) y el anuncio de su retorno (16, 16 s.), para luego extenderse en la  profunda y sublime oración en la cual Jesús (capítulo 17) ruega al Padre por sí:

Ahora, Padre, glorifícame tú junto a ti,
con la gloria que tenía a tu lado,
antes que el mundo fuese.
(17, 5)

Por sus discípulos y quienes creen en Él:

Por ellos ruego;
no ruego por el mundo,
sino por los que tú me has dado,
porque son tuyos;
y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío -…-
(17, 9-10)

No te pido que los retires del mundo,
sino que los guardes del Maligno.
Ellos no son del mundo,
como yo no soy del mundo.
(17, 15-16)

El mensaje se hace lenguaje teológico, la teología se vuelve poesía en estas palabras de una expresividad y de una emoción incomparable. Difícilmente encontraremos en otro lugar del Antiguo o del Nuevo Testamento algo semejante. ¡Qué magnífica convicción, qué visión trascendente inefable, qué invencible amor el que este episodio del Evangelio de Juan deja traslucir!:

Padre justo,
el mundo no te ha conocido,
pero yo te he conocido
y éstos han conocido
que tú me has enviado.
Yo les he dado a conocer tu nombre
y se los seguiré dando a conocer,
para que el amor con que tú me has amado esté en ellos
y yo en ellos.
(17, 25-26)

En lo que sigue del relato de la pasión, también los diálogos entre Jesús y Caifás y entre Jesús y Pilato han sido reformulados por Juan. En este último resuenan tanto el sabor helenista como  la extrema modernidad de la pregunta del funcionario romano: “¿Qué es la verdad?” También ha sido objeto de reelaboración el episodio de la crucificción, que culmina en Juan con las palabras de Jesús: “Todo está cumplido” o “se ha consumado”.

San Juan Evangelista-El Greco (wikipaintings.org)


Se podrá advertir que me he abstenido de hacer demasiados comentario. Mejor me parece dejar que las palabras evangélicas hablen por sí mismas. Y en lo que dicen y la forma en que lo dicen, completamente distinta en extensión, en énfasis y en estilo, a los usos de Mateo, Marcos y Lucas, ya se revelan  muchas de las particularidades que lo hacen distinto.

Los invito a aproximarse al Evangelio para ponderar ustedes mismos lo que hasta ahora llevo dicho.

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