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En el artículo anterior, contraponíamos los conceptos de luz y oscuridad, para precisar su auténtico significado en el evangelio juanino. La oscuridad se hace presente, veíamos, cuando el hombre, entendiéndose erróneamente, se toma por dueño de sí mismo, creyendo poder suplantar con la autonomía de su persona el lugar que corresponde a Dios. Al hacerlo, rechaza el hombre la revelación y se posiciona como enemigo de Dios. Da la espalda al origen de su existencia, que es Dios. Se cierra de tal modo a la luz. Opta por amar las tinieblas. Al encontrarse en la oscuridad, nos dice Rudolf Bultmann, “se encuentra, al mismo tiempo, en la mentira”. Porque la ilusión de entenderse falsamente a sí mismo es una rebelión contra Dios, que es la verdad. La luz se relaciona así con la verdad y la oscuridad con la mentira.

Konstantin Yuon – Que se haga la luz (wikipaintings.org)

Hay que precisar, entonces, que el término “verdad” no hay que entenderlo, en este evangelio, en un sentido formal, como la mera representación correcta -no equivocada- de un objeto cualquiera. Tal es el significado habitual de la palabra “verdad” en oposición a “mentira”, pero no es el que fundamentalmente tiene en el Evangelio de Juan. La “verdad” que, según 8, 32, “os hará libres” no es, por tanto, el mero conocimiento racional de la realidad en general, en oposición al conocimiento erróneo de las cosas. Es una verdad muy especial y calificada: no es otra que la realidad de Dios. La realidad de Dios, que es la sola verdad: a ella se refiere Jesús cuando afirma en 14, 6 que él es “el camino, la verdad y la vida”. Esta es la verdad que trae consigo la redención. Esta es la Verdad.

Sobre esta base, se puede continuar afirmando que Jesús no se limita a decir la verdad, sino que él mismo es la verdad. “No es, por consiguiente, la doctrina acerca de Dios lo que él transmite, sino que es la misma realidad de Dios que se revela, que se regala en él; porque quien le ha visto a él ha vista al Padre (14, 9); en él se halla y actúa el Padre (14, 10 s.); y así como él es la ἀλήθεια (alétheia: verdad) es también la Ζωή (zoé: vida)”. Y cuando se dice que él, como la “Palabra” hecha carne, está lleno de gracia y de verdad se quiere decir simplemente que en él se halla la realidad de Dios como don.

William Blake - Cristo servido por los ángeles (wikipaintings.org)

Dice Jesús en su oración contenida en el capítulo 17:

“Yo les he dado -a mis discípulos- tu palabra,
y el mundo los ha odiado,
porque no son del mundo,
como yo no soy del mundo.
No te pido que los retires del mundo,
sino que los guardes del Maligno.
Ellos no son del mundo
como yo no soy del mundo.
Santifícalos en la verdad:
tu palabra es la verdad.”
(14-17)

La palabra de Dios es la verdad porque en ella se revela la realidad de Dios. Esta palabra santifica a los creyentes, esto es, saca del poder del mundo y del “príncipe de este mundo” a los que todavía están en el mundo. Aunque no están fuera del mundo, los creyente, no son ya del mundo.

Pero la realidad de Dios le es indiferente al mundo, por lo cual el mundo vive en la mentira. Cuando Jesús dice que “todo el que es de la verdad, escucha mi voz”, Pilato le da una respuesta extremadamente moderna: “¿Qué es la verdad?”. Esta respuesta formulada en forma de pregunta tiene mucho contenido: por una parte, dice lo obvio, esto es, que a Pilato no le interesa mucho la verdad si ésta se opone a las exigencias de la acción política (En verdad, sobre ella podría escribirse todo un tratado de ética política). Pero, por otra parte, más profundamente, quiere decir que poco le interesa a él que Cristo sea el Hijo de Dios.

Los que son de la verdad (18,37), son de Dios (7,17). Los que son del mundo (8,23), son de las tinieblas, son de abajo (8,23), son de la mentira. Son del diablo (8,44). Así lo afirma Juan, el apóstol de la Luz.

En el próximo artículo continúo con estas notas sobre la luz, la vida, la verdad y la libertad, opuestas en San Juan a la oscuridad, la muerte, la mentira y la esclavitud.

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