Por los caminos de Juan Evangelista, San Juan el Teólogo, me he encontrado con Juan de Yepes, el doctor de la Iglesia, San Juan de la Cruz.

Recorriendo los escritos de Juan Evangelista hemos advertido cómo la existencia humana es, en la doctrina que contienen, una constante oscilación entre la luz y las tinieblas, donde la luz es equivalente a la verdad, a la vida, y a la libertad, y las tinieblas son la mentira, la muerte y la esclavitud. Temática que hemos relacionado con la influencia gnóstica en el evangelio y las cartas de Juan. En el centro de ella está la circunstancia de que el mundo, sujeto como está al poder del mal, ha llegado ser el ámbito de la ilusión y la mentira, de la irrealidad que conduce a los hombres al despeñadero. Así, entonces, las luces que el mundo ofrece no son más que apariencias, puestas allí no para iluminar y redimir sino para perder en las tinieblas.  Del mismo modo, engañoso es el conocimiento que el mundo procura como medio de conocer la realidad. La libertad que el mundo ofrece es en su esencia esclavitud. Y el camino de vida que pone a nuestra disposición es vía hacia la muerte. Sólo rechazando las alternativas mundanas y optando por acoger el mensaje de Cristo, la luz del mundo, tiene el hombre la posibilidad concreta de acceder a la verdad, a la libertad y a la vida que es propia de los “hijos de la luz”.

¿Tienen estas concepciones algún vínculo con la mística de San Juan de la Cruz, que tanto énfasis hace en la noche oscura como vía hacia la iluminación? Por cierto que sí.