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Mientras termino de redactar la próxima entrega sobre los escritos de Juan Evangelista, les entrego un par de versículos de su Evangelio para que los mediten y se preparen para lo que viene, que es importante, pues concierne a la forma en que los cristianos solemos correr el riesgo de falsear nuestra religión. Estos son los textos:


Y el Padre, que me ha enviado,

es el que da testimonio de mí.
Vosotros no habéis oído nunca su voz,
ni habéis visto nunca su rostro … (5, 37).
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Me conocéis a mí
y sabéis de dónde soy.
Pero yo no he venido por mi cuenta;
sino que es veraz el que me ha enviado;
pero vosotros no le conocéis (7, 28).
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No me conocéis ni a mí ni a mi Padre;
si me conociérais a mí, conoceríais también a mi Padre (8, 19).
*

… vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’,
y sin embargo no le conocéis,
yo sí que le conozco,
y si dijera que no le conozco,
sería un mentiroso como vosotros (8,55).
*

Y esto lo harán
porque no han conocido ni al Padre ni a mí (16,3).



Pero nosotros, ¿sí lo conocemos?  ¿Cuándo decimos que sí lo conocemos -a Dios- y en qué lo conocemos, si no somos humildes en reconocer nuestras enormes limitaciones, no podemos incurrir en el error de falsear nuestra religión y decir de Dios lo que no es? 

Meditemos acerca del significado de estas palabras.

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Los motivos ornamentales son del artista ruso (Art Nouveau) Iván Bilibin (1876-1942).

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© Lino Althaner