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William Adolphe Bouguereau (1903) - Madona de las rosas (wikipaintings.org)

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Hoy día partió de viaje alguien muy querido.  Se fue, no para volver a estar con nosotros en este mundo, sino para esperarnos en otro, muy distinto. Allí donde todo es luz, una luz que aquí desconocemos, una luz que no da sombra, una luz que es la quintaesencia del espíritu imperecible. Del espíritu que da la vida. ¿Cómo podría quitarla? Estamos tristes por nosotros, que ya no la tenemos. Contentos por ella, que ahora está más viva que nosotros. 

Tenía el nombre de su Madre y de la nuestra, María. Era devota de ella, de la Virgen, de quien conocemos tan solo la imagen.  Ya estará gozando de ella nuestra querida María, y no de su imagen, sino de su realidad, en el reino en que nada es su pura apariencia. Ni siquiera Dios.

Le volvemos a decir, como en la Eucaristía de hoy en la mañana:

Ahora no temas.
Ahora que has dejado nuestras manos
las alas que luces depliega
levanta el vuelo.

No te asusten las alturas
no te extrañen las vías tan suaves 
ni la falta de urgencia ni el silencio.
Que a la luz se habitúe tu mirada.

No te inquietes pues sigues con nosotros
y seguimos a tu lado.
Goza ahora sin medida
de tu nueva morada.

No te aflijas.
Que ya nos contarás sin mucha prisa
de tu nueva morada y su hermosura
y de sus habitantes.

Ahora descansa
más ligera que el aire.
Y a la hora nuestra de volar
mantente cercana.


© Lino Althaner