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Continúo aquí con el comentario del capítulo XLII del Tao Te King, que se refiere a la concepción taoísta de la generación del mundo.

El Tao es algo así como un espíritu primero, tan vacío de todo ser susceptible de nombre o representación, tan distinto a todo lo que el hombre es capaz de percibir o imaginar, que parece preferible identificarlo con la Nada. Aunque, por cierto, no es propiamente la Nada. ¿Sería legítimo radicar allí a un principio divino, absolutamente trascendente, del cual emanan sucesivamente las estaciones creativas y los elementos?  Del Tao emana lo Uno, que si es unidad no es ya el Caos. La unidad en movimiento genera los dos principios, opuestos pero complementarios, yin y yang, cuya síntesis -el Tres- hace posible que se configure la realidad, la multiplicidad de los seres: el Cielo, el Hombre y la Tierra. Diversidad que sigue siendo regulada y traspasada por el Tao, que está presente en los seres por medio de la virtud (Te) que se particulariza en cada uno de ellos. De tal modo, la múltiple realidad sigue siendo parte de un todo unitario.
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Anuncio de primavera - Photo by Chin-San Long

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La realidad, según este libro, está constituida por una serie de pares contradictorios: el ser y el no ser, la verdad y la mentira, la luz y la oscuridad, la bondad y la maldad, la belleza y la fealdad, la felicidad y la desgracia. Pareciera que todos los ámbitos del mundo que nos rodea, como también los de nuestro pensamiento, consciente o inconsciente, se conformaran en ese entorno de contrarios condicionamientos. Sin embargo, esa misma radical contradicción, presente en todo el cosmos y simbolizada en la figura del Tai-ji, adquiere unidad precisamente en la alternancia, en el cambio, en la transformación.

La alternancia rotativa de los contrarios restaura la unidad. Hace presente la armonía. Tal es el cosmos, tal es la vida. Tal es el hombre. Quien comprende esta incesante circulación, sin dejarse arrastrar por ella, es el hombre sabio a que se refiere con tanta frecuencia el Tao Te King.

¿Cómo hacer para no dejarse arrastrar por ella? Contemplando la unidad en los cambios que se producen en la naturaleza, respetando su virtud eficaz, cultivando el wu-ji (el hacer necesario, espontáneo y sin esfuerzo), serenando la mente, aplacando el deseo que, tal como sostiene el budismo, es la causa del sufrimiento. Tal como el Tao opera virtuosamente en el Cielo y en la Tierra debe producir su eficacia en el Hombre. Quien deja que el Tao actúe en sí mismo y en su entorno, es el hombre superior.

Continúa el capítulo XLII del Tao Te King:

‘Lo más aborrecido de los hombres
es la orfandad, la miseria, la indignidad;
sin embargo así es como reyes y duques se nombran a sí mismos’.

El hombre excelente ama los lugares que la multitud aborrece. En esos lugares, precisamente en esas situaciones, el hombre es iluminado y alcanza la sabiduría. Tal como los reyes y los nobles, que se dan apelativos humildes, desprecia la competencia por sobresalir y prefiere ser ignorado, pues así alcanza, en la quietud, la comunión con el Tao, el espíritu de la naturaleza que todo explica.

Y sigue:

‘Pues las cosas crecen cuando las amenguas
y menguan cuando las acreces.
Lo que otros me han enseñado,
también yo lo enseño a los demás.
Quien abusa de su fuerza no tendrá buen fin;
de esto haré la guía de mi doctrina’.

El sabio se abaja. Pasa sin ser notado. Así, no suscita la envidia de nadie, y optimiza la eficacia de su presencia en el ‘no hacer’. Mientras que el profano piensa permanentemente en crecer, en urgirse, en rivalizar con fiereza, por lo que termina abusando de su poder: de este modo, atrae hacia sí la desgracia. Se ha dicho tantas veces. Tantas veces se ha visto en la práctica. Sin embargo, no termina de entenderlo el hombre, cuando está en el poder: ‘el violento no tendrá buena suerte’.

Tal es la simple y refinada sabiduría del Tao Te King.

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© 2012 Lino Althaner