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Pétalos sobre la hierba
recuerdan el nocturno vendaval.
Pero aviva el olvido
la primera luz del sol.

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Picotean los tordos
en el verde prado.
Canta con ellos la mañana.
Brillan sus negras plumas.
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Jian Chong Min - Derechos reservados - Imagen de Kallery.net

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Hasta aquí nadie ha venido
ni nadie ha de llegar.
No me inquieto.
Mi amiga es la divina soledad.

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Qué sombra la del roble.
Su copa se asemeja
al domo de una iglesia catedral.
El roble tan solo. Tan fuerte. 

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La canción de los grillos.
El último rayo del sol
en el bosque se adentra.
Voces a lo lejos. Y el susurro del río.

Estos versos son el resultado de unas horas en mi jardín cordillerano, en compañía de unos volúmenes de poesía china. La influencia se revela muy cercana en el estilo -de la traducción, por supuesto- y los motivos. Pero uno o dos versos de dicha traducción han pasado casi íntegros a mis ensayos. Efecto al que quisiera haberme acercado: la unidad que el poeta experimenta con su entorno natural.
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© 2012 Lino Althaner