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Los pensadores no se sienten felices si no están cavilando.
Los políticos, si no están debatiendo.
Los jueces, si no tienen causas que inquirir.
Todos están atados por lo exterior.
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Los que hacen ostentación, gozan del favor de la corte.
Los de mediana condición, se precian de sus posesiones y de sus rentas.
Los hombres fuertes hacen alarde de su fuerza.
Los valientes, de su audacia.
Los hombres de guerra gustan del combate.
Los eremitas se apegan a su reputación.
Los legisladores multiplican los reglamentos.
Los ritualistas cuidan de su compostura.
Los amantes de la benevolencia y de la justicia alardean de humanitarismo.
Todos están atados a lo exterior.

El labrador sólo está tranquilo si tiene trabajo que hacer en su campo.
No está contento el mercader si no tiene negocio que tratar.
Ni el hombre del pueblo si no está ocupado en sus quehaceres cotidianos.
Los artesanos sólo están animosos cuando manejan sus herramientas.
 Están todos  atados a lo exterior.

El avaro que no tiene riquezas que acumular se siente infeliz.
Afligido el arrogante si no tiene poder.
El que se aferra al poder y a las riquezas gusta de las urgencias y de las disputas.
Es incapaz de tenerse quieto.
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Atados como están a lo exterior, se mueven todos al ritmo de los tiempos, incapaces de cambiar.

Fatigan su cuerpo y su mente.
Se hunden en medio del millón de ocupaciones.
Llegan al final de sus días sin despertar de su ilusión.

Y esto, qué lastima me da.
Atados todos a los exterior.

Las dos imágenes corresponden a la obra de Cheng Baohong, pintor chino nacido en 1943. Provienen del blog Cuaderno de Retazos, en el cual la pintura china se encuentra perfectamente a sus anchas.

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© 2012 Lino Althaner