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Despertaba de un sueño. Era un sueño dulce, impreciso, sereno. Con unas palabras despertaba. No en la punta de la lengua. En las yemas de mis dedos. Salté de la cama. Me instalé frente a mi mesa de trabajo. Los versos que siguen escribí. ¿Quién los puso en mis dedos?

Cuando todo lo hayas dado
cuando nada te alegre o te entristezca
y te veas tan torpe y tan perdido
como yo en ese día.

No será necesario que lo pidas.
Me tendrás junto a tí para contarte
una historia interminable
que has de vivir junto a mí.
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© 2012 Lino Althaner