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En las tres centurias de la dinastía Tang (617-907) la civilización china brilla en sus múltiples aspectos. Florece el budismo en sus manifestaciones intelectuales y estéticas, como también en las institucionales, mientras el taoísmo prosigue la búsqueda de la sabiduría y  practica la alquimia espiritual. Se amplían los territorios imperiales, el gobierno se diversifica y especializa, la vida urbana alcanza un inusitado esplendor y aparecen magníficos artístas plásticos y grandes poetas. Los dos que mencionaremos -Li Shangyin y Li Bai- están entre los importantes.

Li Shangyin (813-858) es un autor de finales del período, que es famoso por su dedicación a los motivos amorosos, lícitos e ilícitos, y cuenta en su obra de sus propias experiencias, por ejemplo, de su inclinación por una monja taoísta. Los versos de él que cito a continuación dicen sutilmente del desarrollo femenino desde la infancia hasta la adolescencia, en cuyo florecimiento se vislumbran las inevitables penas del amor.
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Zhao Guojing (1950) - Derechos reservados

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A los seis se miró en el espejo,
capaz ya de pintarse sus largas cejas.
A los diez salió a pisar el césped,
con su falda de flores de loto.
A los doce aprendió a tocar la pequeña cítara:
de los plectros de plata nunca se desprendió.
A los catorce, seguía con sus parientes,
y, cabe imaginar, aún no se había casado.
A los quince, llora bajo el viento de primavera,
apartando su rostro del columpio.

Bastante anterior es Li Bai -conocido también como Li Li Bo- quien vivió entre los años 701-763. Ya me he referido a él en este blog. Transita Li Bai entre las visiones poéticas relacionadas con el vino -sus cantos a la luna, por ejemplo- y las meditaciones cargadas de espiritualidad, predominantemente taoísta -así, sus versos sobre Chuang Tse y la mariposa de su sueño- para también de vez en cuando desarrollar los temas del amor y de la lejanía del amado. Los versos que he seleccionado de su Balada de Chang-gan, dicen de tal experiencia.
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Zhao Guojing (1950) - Derechos reservados

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A los catorce años me hice tu esposa,
tímida, ruborosa, sin ninguna sonrisa.
A la sombra del muro me escondía, cabizbaja.
Cien veces me llamaste sin que yo respondiera.
Comencé a sonreir a los quince años,
unida a ti como polvo y ceniza.

A los dieciséis años partiste lejos.

Frente a la casa hay viejas huellas de tus pasos,
cubiertas todas por un musgo espeso,
tan espeso que no se pueden ya barrer,
y también la hojarasca del otoño temprano …
Octavo mes, revolotean las mariposas,
de dos en dos, sobre el jardín oeste.
Pasó ya el tiempo, mi corazón herido
contempla triste mis pálidas mejillas.
Tarde o temprano bajarás por San -ba.
Avísanos, mandanos un recado.
Iré a tu encuentro, no habrá camino largo.
¡De un solo impulso hasta Arenas del Largo Viento!

Delicado poema, de pasión dicha entre líneas, que dice de una larga ausencia y de un amor en que no decae la esperanza en el regreso.

La iluminación pictórica de los versos se debe agradecer al arte del pintor chino Zhao Guojing, nacido en 1950 en Jingxian, provincia de Hebei. Los he sacado del cofre del tesoro que administra la amable editora del blog Cuaderno de Retazos..

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© 2012 Lino Althaner