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Something is rotten in the state of Denmark.
William Shakespeare- Hamlet (1.4.90)

La comuna en que vivo hace cincuenta años fue pensada para responder al concepto de ‘ciudad jardín’. La verdad es que tiene elementos de sobra para hacerse merecedora a ese apelativo. Hay en Providencia  parques y plazas en abundancia, avenidas flanqueadas de nobles arboledas y de floridos espacios. Existe todavía una parte importante que no ha sido tocada por el movimiento y el ruido atosigadores del comercio generalizado. Aún se mantienen ejemplos más o menos significativos de arquitectura tradicional. Cruza nuestra comuna el río Mapocho, de cuyas riberas se han hecho en este sector bien diseñados paseos. Es una de sus galas el Parque Metropolitano del Cerro San Cristóbal. En esta comuna todavía hay vías extensas por las cuales es un placer caminar o pasear en bicicleta.
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Parque Metropolitano – imagen de es.wikipedia.org

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La construcción en altura es una amenaza, pues si se generaliza, como ha estado sucediendo, la población se multiplica, se hacen estrechas las calles, se promueve la congestión vehicular y la contaminación del medio ambiente, se hacen escasos los servicios públicos. Y el concepto de ‘ciudad jardín’ comienza a experimentar amenazas. Sin embargo, ingenuamente nos parecía que la conciencia de las autoridades edilicias estaba alerta con respecto a esta clase de riesgos.

Pero de pronto ha ocurrido lo peor. Justo en el punto más denso y contaminado de la comuna, en el centro comercial de Providencia, se está terminando la construcción del que será en poco tiempo más uno de los mayores  centros comerciales de Santiago, con amplísimas disponibilidades para el estacionamientos de automóviles y una torre de cuarenta pisos. Para las estrechas calles de los alrededores, que ya sufren las consecuencias del tráfico excesivo; para el pequeño comercio del sector, al que le será difícil competir con las tiendas gigantescas que allí se van a intalar; para el residente de la comuna y para el visitante, que habrán de sufrir, de una u otra manera, las consecuencias de la congestión adicional que se viene encima; para todos ellos, el panorama no puede ser más ingrato.

Muchos de los que inflaron de orgullo sus corpulencias por la circunstancia de que en la comuna iba a construirse el edificio más alto de Santiago y de -¡oh!- Sudamérica, ahora lucen preocupados. La señal más aparente de ello es que han entrado en competencia por atribuirse responsabilidades –o mejor dicho, irresponsabilidades. Si el dueño del edificio o si la autoridad. Si la izquierda o la derecha. Si este gobierno o el anterior. Si el municipio o el gobierno central. Si este servicio o el otro. Si éste o el otro ciudadano, político, juez o funcionario.  Eso nunca se sabrá, ni a nadie se impondrá sanción alguna por estos hechos. Sería en vano, en todo caso. Pues allí seguirá la monstruosa torre, para el torpe orgullo de unos pocos yoes. Para mal de la comuna.

Tan monstruosa -o más, si es posible- la torre de este centro comercial, como aquélla que mostré en un artículo anterior, horrorosa estructura de latón que es también el orgullo de unos cuantos potentados de Shanghai: https://todoelorodelmundo.wordpress.com/2012/02/16/chuang-tze-li-bai-china-y-el-tao/

A mí me resulta incomprensible. ¿Cómo pudieron expedirse con tanta celeridad  las autorizaciones necesarias? ¿Cómo pudo estar ausente la conciencia ambiental, en circunstancias de que existe toda una institucionalidad para el efecto? ¿Cómo pudo faltar quien hiciera conciencia ciudadana de esta monstruosidad?  No puedo dejar de sospechar.
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foto de propaganda de Costanera Center

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¿Y es alta? Tiene trescientos metros de altura. ¿Eso es altura? Claro, para hombres enanos. En todo caso, hay alturas que son feas y hasta horripilantes. Y esta lo es. No os dejéis engañar por el brillo. Es de nuevo latón y vidrio plastificado. Para que en su interior, por si fuera poco, se despliegue a sus anchas el negocio de compraventeros y usureros. Los dueños de la mentira.

Todo ello en país de terremotos. Aunque se dice que torres como ésta no son como la Torre de Babel. Se dicen que son perdurables, poco menos que eternas. Que no se vienen al suelo como aquélla. Tal vez. Pero el susto de sus moradores, cuando tiemble con alguna violencia, como suele ocurrir en estos suelos, no será menor.

¿Pedirle ayuda a la Providencia Divina para que salve a Providencia de lo que se le viene encima? Pero en estas idioteces de los hombres la Divina Providencia no se involucra. Más bien habría que pedirle ayuda a la astucia invencible del Chapulín Colorado.

Espero con fervor equivocarme.
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© 2012 Lino Althaner