Este poema, del libro La hora violeta, lo incluyo en esta entrada para cumplir con la promesa que hice a una amiga amante de Florencia, seguidora de este blog. Como habrá tantas y tantos otros. Es un poema escrito hace mucho tiempo, después de mi primera estadía en esa ciudad ensoñada, hace treinta años. No creo que sea un modelo de poesía ni mucho. Pero me salió del corazón.


Has de medir cada paso
sin urgencia
pues ha sido esta tierra bendecida
por voces y huellas y amores grandes.
Has de alertar los sentidos
y dejar que tu alma reconozca
en las formas las ideas.
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Santa Maria dei Fiori (photo: paradoxplace)

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Paladear cada gota de rocío
gustar cada perfume de la tarde
adentrarte sin prisa
medio riendo y llorando
e internarte silencioso en la espesura
de piedras y colores y palabras
que te dejan herido para siempre.

Por ejemplo si te internas en la plaza
allí junto a la noble Señoría
cuya torre se aligera hacia lo alto.
Quedarte frente al joven de la honda
y el futuro salterio
mientras Cosme vigila
y flamean festivos pendones.
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Piazza della Signoria – gunnzone.org

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Que se incrusten esos ecos en tu alma.
Que se acerquen  los espectros
como a mí se acercaron junto al río
y llegando al viejo puente
que te hablen y te juzguen
te condenen
a esta suerte de amor que es la belleza.

Y la calle de las joyas
tan precisa y también tan imposible
e invitante la efigie del Orfebre.
Y el cielo al que luego te enfrentas
más azul que el de tus sueños.
Y luego el palacio de los Pitti
y antes y después lo innumerable.
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Ponte Vecchio (photo: qomuni.org)

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Has de medir cada paso
sin urgencia.
Si enloqueces como yo
no querrás respirar aires distintos
 pensarás como propias estas voces
aquí soñarás haber nacido  
y querrás morirte en esta patria.

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¿Cuándo volvemos a Florencia?
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© 2012 Lino Althaner