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Los tesoros espirituales de Occidente y de Oriente se han hecho presentes con alguna frecuencia en este espacio.  Sobre todo a propósito del legado oriental, me he detenido morosamente en los textos principales del taoísmo, también en los del budismo y de la gran poesía china, para reconocer en ellos la extensión y la altura de la búsqueda del hombre por sí mismo y por el mundo que lo rodea. He mencionado también, más de una vez, la obra de los grandes místicos musulmanes y cristianos, empeñados en seguir un camino todavía más arduo, el de la iluminación, para por esa vía llegar a la contemplación suprema y a la suprema unión. Tampoco han estado ausentes del blog esos maravillosos cuentos del judaísmo jasídico, tan llenos de sabiduría y de fina religiosidad, ni por cierto he dejado de comentar algunos de mis versículos preferidos del Nuevo Testamento, contenidos sobre todo en el evangelio luminoso de San Juan.

Esta vez hago alusión a una joya de la liturgia cristiana, usada especialmente en el ámbito del catolicismo, que volvió a mi memoria a propósito de la reciente festividad de Pentecostés. Me refiero a ese hermosísimo himno que es el Veni Creator Spiritus –Ven Espíritu Creador-, cuyo texto es probablemente de autoría de un monje alemán del siglo IX,  Rábano Mauro de Fulda. Posteriormente fue musicalizado en la notación gregoriana que hasta hoy se suele cantar. Tuve la suerte de escucharlo, claro que traducido al español, cantado por el mismo sacerdote oficiante en la liturgia de ese día.

Sabido es que la Fiesta de Pentecostés conmemora el acontecimiento -cincuenta días después de la Pascua de los judíos- de la venida del Espíritu Santo sobre María y los apóstoles, según se narra en Libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-13):

‘Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos con un mismo objetivo. De repente vino del cielo un ruido como una impetuosa ráfaga de viento, que llenó toda la casa en que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada un de ellos; se llenaron del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse …’

El himno es una invocación al Espíritu Santo para que descienda sobre el hombre necesitado de su ayuda, y está por ello especialmente indicado para la ocasión indicada. Existe también la tradición de cantarlo, similarmente al más profano Gaudeamus igitur, en los actos solemnes de las universidades.  

El significado de las versos, la rima y su ajuste a las reglas del canto gregoriano, como también la repetición de la misma sencilla y hermosa melodía a lo largo de las siete estrofas del himno, son factores que lo hacen generador de una espiritualidad profunda y muy significativa. Para el que lo dice como oración, con el convencimiento de la fe, yo diría que tiene un efecto pacificador e inspirador, pues proyecta seguridad en la virtud del Espíritu, presente también en el alma del hombre.

Este es el texto original en latín:

Veni Creator Spiritus,
Mentes tuorum visita,
Imple superna gratia,
Quae tu creasti, pectora.

Qui diceris Paraclitus,
Altissimi donum Dei,
Fons vivus, ignis, caritas,
Et spiritalis unctio.

Tu septiformis munere,
Digitus Paternae dexterae,
Tu rite promissum Patris,
Sermone ditans guttura.

Accende lumen sensibus,
Infunde amorem cordibus,
Infirma nostri corporis,
Virtute firmans perpeti.

Hostem repellas longius,
Pacemque dones protinus;
Ductore sic te praevio,
Vitemus omne noxium.

Per te sciamus da Patrem
Noscamus atque Filium;

Teque utriusque Spiritum
Credamus omni tempore.

Deo Patri sit gloria,
Et Filio, qui a mortuis
Surrexit, ac Paraclito
In saecula saeculorum.

Amen.
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Koloman Moser – Pentecostés – imagen de wikipaintings.org

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Como una de las cosas que se están echando de menos en este blog es la capacidad reproductora de audio y de video, aquí les proporciono el enlace a unas versiones excelentes, interpretadas por coros dirigidos por el músico italiano Giovanni Vanini: 
http://www.youtube.com/watch?v=cDhYGdK0KQg&feature=related.
Esta otra es un solo a capella del propio Giovanni Vanini:
http://www.youtube.com/watch?v=XLYMYua5M_0

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Este es el himno traducido al español:

‘Ven Espíritu creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.

Tú eres nuestro consuelo,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.

Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo.

Por Ti conozcamos al Padre
y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.

Gloria a Dios Padre
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos de los siglos.

Amén.

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La imagen corresponde a parte de los frescos pintados por Moser en la Iglesia del Espíritu Santo de Düsseldorf.
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©
2012 Lino Althaner