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Este capítulo es importante para completar nuestro concepto del Tao, que he ido explicando en artículos anteriores, y dice al respecto:

El Tao es vacío que mana
más su uso no alcanza plenitud.
Abismal,
diríase el antepasado de todos los seres.
Mella lo agudo,
deslía lo enredado,
templa lo luminoso,
se confunde con el polvo.
Profundo,
diríase perpetuo.
No sé de quién es hijo,
parece anterior al emperador del Cielo .

Para hacer énfasis en una importante cualidad del Tao, parece importante remitirse a las dos últimas líneas de este capítulo:

‘No sé de quien es hijo,
parece anterior al emperador del Cielo.’
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Como el Cielo (tian) es la suprema entidad en el sistema filosófico confuciano, se quiere aquí marcar muy fuertemente la idea de que el Tao es anterior  a él, o incluso al mismo Dios, nombrado aquí como emperador del Cielo.  Se quiere aquí decir que el mismo Dios, si existiera, estaría subordinado al Tao y seria posterior a éste. O inclusive que el Tao, como espíritu absoluto que es origen de las cosas y anterior a todas ellas, sería una especie de suprema divinidad, claro que sin las características del Dios personal, del Dios creador de la religión occidental.

En las dos primeras líneas de este capítulo confluyen dos ideas que no aparecen tan claras en la traducción pero que, según los comentaristas, emanan de la ambigüedad de los caracteres chinos aquí utilizados.

Una es la de un recipiente donde todo confluye y que no llega a llenarse uno. Un receptáculo cuyo vacío interior, cuya oquedad, es capaz de ‘contener, recibir y producir infinitamente lo que es y lo que aún no es’. Cuyas virtudes nunca terminan de hacerse efectivas en la naturaleza y en la vida de los hombres. Otra es la de una corriente de aguas profundas, que surge borboteante y que luego, en su tranquilo fluir tiene la potencia para superar cualquier obstáculo.

En la dificultad de explicar la naturaleza completamente otra del Tao, podríamos pensar que el sabio autor del Tao Te King ha querido que pensemos al Tao como un recipiente que es capaz de contenerlo todo, que nunca se rebasa, y de cuyo interior fluye todo lo existente como el agua con su potencia inagotable. Así, pues, me atrevo a entender estas dos primeras líneas:

‘El Tao es vacío que mana
mas su uso no alcanza plenitud.’

Vacío fecundo del que todo emana incesantemente. Receptáculo ‘que todo lo abarca y adonde todo acaba regresando. Que no llega, sin embargo, a una plenitud’, pues ella implicaría, seguidamente,  una decadencia. Corriente de agua, profunda, abismal, que todo soluciona y que todo lo supera. A esas adjetivaciones -‘abismal’, ‘profundo’- se refieren precisamente las líneas tercera y novena de este capítulo.

En cuanto al símil del agua, todavía más explícito aparece en el capítulo VIII: ‘La bondad suprema -o el hombre de bondad superior- es como el agua’. Y aún más en el capítulo LXXVIII:

‘No hay bajo el cielo cosa más blanda y más débil que el agua.
Sin embargo, en su embate contra lo rígido y duro,
nada la supera,
es irreemplazable.’

Así, como el agua, que nunca se agota y que vence toda resistencia con su tranquila potencia, así ha de ser el sabio taoísta, pues él se debe identificarse con el Tao en su quieta eficacia. Cómo el vacío que nunca se llena, tampoco el sabio alcanza nunca la plenitud. La plenitud es la puerta del abajamiento.

Pero sigue el capítulo IV:

‘Mella lo agudo,
deslía lo enredado,
templa lo luminoso,
se confunde con el polvo.’
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El Tao es humilde, no manifiesta su brillo, su apariencia es del todo insignificante. Esto es, ‘se confunde con el polvo’. No es agresivo ni punzante. Fluye sin aspavientos ni complicaciones. Sin embargo, todo lo agudo lo mella, y lo enredado lo desenreda. Lo en exceso luminoso lo atempera.

Otro ejemplo para el sabio, que ha de vivir humildemente, confundido con la multitud, sin hacer ostentación de su sabiduría ante los demás. Sólo así, podrá llegar a compartir la eficacia virtuosa del Tao, que lo confuso lo vuelve claro y lo riesgoso o amenazante lo vuelve seguro y fácil de transitar.

Como el agua, profunda y clara, es abismal

‘profundo,
diríase perpetuo.’

Insondable, imposible de expresar con precisión, sino a través de inseguros acercamientos. 

Anterior a todo, incluso al Cielo, incluso a Dios:

 ‘No sé de quién es hijo,
parece anterior al emperador del Cielo.

 Tal es el Tao del Libro del Camino y de la Virtud.
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© 2012 Lino Althaner