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Estoy poniendo por escrito mi sueño acerca de lo que debiera ser la educación de la juventud. Me ha costado más de lo imaginado y debo seguir trabajando en él. Mi sueño acerca de la educación de la juventud es también, naturalmente, un sueño acerca del mundo del futuro. La Utopía de muchos. La esperanza de tantos.

Así, el sueño sigue en proceso de elaboración. Pero uno de estos días tal vez lo dé a la luz.
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Yosuke Tinai – Rights reserved – image from Cuaderno de Retazos

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La disciplina que he adquirido de publicar, en lo posible, una entrada al día, me hace recurrir nuevamente a nuestro amigo, el viejo y sabio Chuang Tse. Que algo nos dice en estas líneas -libro VII, párrafo sexto, de su obra- que también debería concernir, según me parece, a la educación de la nueva juventud:

‘Rechaza la idea de ganar fama.
Rechaza la inteligencia que imagina ardides y astucias.
Rechaza la acción arbitraria.
Rechaza la primacía del hábil conocimiento.
Penetra en lo que no tiene límites y lleva tu mente al estado de quietud.
Acepta los dones recibidos del Cielo, pero no hagas alarde de haberlos ganado tú.

‘Entonces tu mente habrá alcanzado el estado de Luminosa Vacuidad.

‘La mente del hombre es como un espejo: deja que las cosas vengan y vayan sin acogerlas ni despedirlas; responde a los demás sin esconder nada. De ahí que el hombre sabio esté sobre las cosas, sin que de ellas reciba mal.’

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Adquirir la maestría, la costumbre, de que las cosas, en lo posible, vengan y se vayan, sin quedarse a vivir con nosotros. Cosas buenas y malas, ni acogerlas ni despedirlas, no dejarse engañar por ellas. Acercarse al dominio de ese arte vital, saberlo aplicar diariamente, es estar a las puertas de la imperturbabilidad. Arte cultivado no sólo por el taoísmo, también por el budismo y el confucianismo. No dejarse agitar por las circunstancias.

Aspiración también de los estoicos, como Séneca:

 ‘Quod desideras autem magnum et summum est deoque vicinum,
non concuti.’

Es decir,

Lo que ansías es verdaderamente grande y elevado, cercano a lo dioses,
no dejarte perturbar
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© 2012 Lino Althaner