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Si fuera mi silencio como un dardo
que huyera de mis manos tan lleno de gracia
que acertara en el blanco.

Si pudiera por siempre allí quedar
agarrado a un cordón de la sandalia
del humilde Maestro.

Si allí besando el polvo de sus pies
se volviera su siervo mi silencio
y empezara a entenderlo.

Si en el centro de todo su misterio
me volviera la lengua silenciosa
que todos comprendieran.

Si en silencio dijera su misterio.
Si dijeran mis pasos  su palabra.
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© 2012 Lino Althaner