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En la entrada anterior comentaba los capítulos VII y VIII del Libro del Camino y de la Virtud (Tao Te King), de Lao Tse. Ellos aluden a la armonía que el ser humano debe respetar con motivo de su integración en la naturaleza de que forma parte,  y al  empeño que debe poner en actuar conforme a la sabiduría que expresan las energías cósmicas -del Cielo y de la Tierra-  para ser como son, imperturbables, indestructibles, perdurables.

El capítulo VIII nos dice específicamente del agua, de la cual el hombre debe aprender como símbolo de lo inferior que domina a lo superior, de lo débil que vence a lo fuerte, de lo mudable y flexible que se impone a lo rígido. De lo femenino, considerado comúnmente como lo frágil, lo indefenso, cuando la experiencia nos enseña que es lo más poderoso, dentro y fuera de nosotros mismos. Lo que posee auténtica fortaleza, por sí mismo, sin pose ni artificio. Aquello que, a quien se pone en el camino que le ha trazado la naturaleza, puede también destruirlo. Como el agua de un tsunami destruye a las viviendas adyacentes a la playa. 

Pero el agua es, marcadamente, símbolo de humildad. Desciende naturalmente a las superficies más bajas. Besa las profundidades. Se allana a la oscuridad. Es así como triunfa, abajándose, haciéndose inferior. No sólo lo dice el mencionado capítulo VIII. El capítulo LXVI se pregunta, por ejemplo, la razón de por qué los mares y los ríos puedan imponer su soberanía sobre todas las tierras, y contesta:

‘La razón de que el río y el mar puedan ser reyes de las cien riveras
es su tendencia a hallarse por debajo de ellas,
por eso pueden ser reyes de las cien riveras’.

El agua se ha vuelto aquí enseñanza para los señores, para los gobernantes y los reyes. Si se ponen por debajo del pueblo, impondrán naturalmente su soberanía. Como el agua la impone.
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Esta enseñanza se relaciona, por supuesto, con la de Jesús de Nazaret. Va dirigida a los humildes, para que permanezcan en su humildad. A los soberbios, para que abandonen su soberbia. Pues la soberbia es anuncio de desgracia. Lamentablemente, ésto sólo lo enseña la experiencia; no las palabras, por sabias que sean, habladas o escritas.

Además, como afirma el capítulo XLIII,

‘Lo más blando bajo el cielo
domina a lo más duro bajo el cielo.’

Qué mejor prueba que la del propio Jesús, cuya extrema humildad, cuyo calvario, resulta vencedor de toda soberanía humana, vencedor de la misma muerte.

Y como también expresa el capítulo LXXVIII,

‘No hay cosa bajo el cielo cosa más blanda y débil que el agua.
Sin embargo, en su embate contra lo rígido y duro, nada la supera,
es irreemplazable’.

Chuang Tse  es también muy expresivo en cuanto a la simbología relacionada con el agua. En el quinto apartado del libro XXXIII de su obra se relaciona el agua con la doctrina de la Nada y del Ser permanentes, que atribuye a los sabios Guan Yin y Lao Dan. De ellos se dice que, a pesar de su exterior débil y humilde, su realidad era el vacío interior y el respeto a todos los seres.
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El libro atribuye a Guan Yin*, supuesto discípulo de Lao Tse, las palabras siguientes:

”No os aferréis a vuestro yo, y los seres corpóreos se mostrarán tal cual son. Moveos como el agua. Con la quietud de un espejo, responded como el eco. Vivid ausentes, como si no existiérais; y en silencioso sosiego como la pureza del vacío. Si os hacéis iguales, viviréis en armonía, y si tenéis ganancia, perderéis. Nunca busquéis ser los primeros, antes poneos a la zaga de los demás.’

Chuang Tse pone estas otras palabras en boca de Lao Dan, esto es, del mismo Lao Tse:

‘Conoce lo masculino y conserva lo femenino, hazte barranco del mundo. Conoce el honor, mantente en la humillación, hazte valle del mundo.’

Mientras la generalidad de los hombres busca ponerse por encima de los demás, estar en primer lugar, sólo el hombre sabio sabe que sólo persevera verdaderamente quien se empeña en ser el postrero. ‘Asume todos los oprobios del mundo’. Así los evita. Sólo él no atesora; por ello le sobra. Es tranquilo en el obrar; por lo cual nunca se agota. Se mofa de la desmesura. No busca la felicidad, pero se conserva integro sin esfuerzo, con la mayor naturalidad. No le alcanza la desgracia.

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Hazte como el agua, insiste Chuang Tse. Toma lo profundo por fundamento, y por norma y principio la austeridad. Sé blando y flexible. Aprende, si es que la vida no te lo ha enseñado ya, que lo duro se quiebra.  Trata a todos con indulgencia, a nada ni a nadie ocasiones daño alguno. 

Tal es la cumbre de toda sabiduría.

Ojalá no fuera necesario llegar a saber de ella por la propia experiencia.

*Atención. No vayan a confundir a este Guan Yin con el bodhisattva budista del mismo nombre, equivalente a Avalokitesvara, que en la China tomó, junto con dicho nombre, figura de mujer.
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© 2012 Lino Althaner