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El lugar supremo entre las artes, lo ocupa en China la pintura. La cultura china tradicional se inclina, en efecto, a creer que el arte pictórico tiene la potencia de revelar el misterio del universo. No sólo es capaz, la pintura, de representar a la naturaleza, expresiva de energías celestes, terrenas y humanas.  Incluso se aventura a repetir los gestos mismos de la creación. Bien puede ser calificada de práctica mística y sagrada.

Es expresión de una cosmología en que todos los seres y todos los fenómenos son producto de lo Uno, que en el juego de las oposiciones y de las transformaciones parece volverse múltiple, pero sólo para luego regresar al equilibrio, a la unidad que todo lo concilia. Cuando la pintura se une en la misma obra, como ocurre con tanta frecuencia, a la poesía y a la caligrafía, tiende a expresar una realidad que se halla asociada a lo más propio del espíritu de la China eterna.
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Tal es la materia del libro de Francois Cheng Vacío y plenitud –El lenguaje de la pintura china- (Siruela, Madrid 2005). Una interesante reflexión acerca de la esencia de la pintura china tradicional, respaldada por el pensamiento de Shitao (c. 1642-1707), quien junto con destacarse como pintor exquisito y muy original, fue asimismo un importante teórico del arte, conocido por su libro Palabras sobre la pintura. La filosofía china, fruto de ingredientes principalmente taoístas, confucianos y budistas, se expresa aquí como una teoría de la pintura en que la unidad del hombre y la unidad del mundo se revelan en el lienzo por medio de la acción espontánea y justa del pincel y de la tinta, para expresar el equilibrio entre el vacío y la plenitud.  

El hombre se encuentra con el universo por medio de la pintura. Para ello es preciso que sea capaz de aprehender la forma en que el aliento universal se expresa en las cosas. Una vez encontrado el aliento se expresa en la pincelada. Por medio del pincel y de la tinta el hombre comprueba la profundidad de su integración  en la naturaleza.  A través de la pincelada, el hombre separa la unidad de lo originalmente indiferenciado. Tal como en el origen del cosmos. Y no tan solo eso: separa el cielo de la tierra y se hace hombre, asimilando la esencia del universo.
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Shitao – Autorretrato

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‘La unión del pincel y de la tinta, que resulta de la pincelada, es análoga a la del yin y del yang. De la misma manera que la interacción del yin-yang genera todos los seres y promete las transformaciones, la pincelada única, por el juego del pincel-tinta, entraña todas las demás pinceladas, que, percibidas como transformaciones de la pincelada inicial, realizan paso a paso las figuras de lo real.’

Resuena en este párrafo la enseñanza del Tao Te King. Por lo tanto, la pintura no es entendida como ‘una simple descripción del espectáculo de la creación: ella misma es creación, microcosmos cuya esencia y funcionamiento son idénticos a los del macrocosmos’. Exteriormente, muestra el modo de la creación. Pero, interiormente, revela nada menos que la fuente misma que da vida al Cielo, a la Tierra y a la humanidad. Pues ya lo adelanté: la pintura expresa la permanente interacción de las fuerzas del yin y del yang que se muestran como opuestas para luego tender a equilibrarse armónicamente y regresar a la unidad. Insinúa el vacío en que se mueve todo lo existente. Que no es el vacío de la nada absoluta. Sino la indescriptible realidad que da sentido a todo lo existente.
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Shitao – Paisaje montañés

 

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En la próxima entrada, seguiré con el análisis de estos bellos de textos, de Francois Cheng, especialista en pintura y poesía china, y Shitao, pintor y teórico del arte de la dinastía Qing.
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© 2012 Lino Althaner