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¿Engaño o ensueño, vana esperanza sin fundamento? ¿Una posibilidad, entre tantas otras más bien nefastas?. ¿O bien intuición, figura con certeza imaginada por el artista iluminado? Ustedes decidan:

  Sí, la muerte acecha en esta empresa de la pesca ballenera, la caótica,
indeciblemente veloz expedición de un hombre en la  Eternidad.
¿Pero que importa esto?
Creo que nos hemos equivocado terriblemente en esto de la Vida y la Muerte.
Creo que lo que llamamos nuestra sombra, aquí, en la tierra, es nuestra sustancia verdadera.
Creo que al contemplar las cosas espirituales nos parecemos demasiado a ostras que observan el sol a través del agua,
y creen que esa agua tan densa es la más sutil de las atmósferas.
Creo que nuestro cuerpo no es sino las heces de nuestra mejor parte.
En suma: llévese mi cuerpo quien lo quiera, lléveselo, repito: no es mi yo.
Y por lo tanto …
Que venga un barco desfondado y se lleve mi cuerpo desfondado cuando se le antoje …
Porque desfondar mi alma, ni el propio Júpiter podrá hacerlo.
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Rockwell Kent – Ilustración para ‘Moby Dick’ – © Plattsburgh State Art Museum, N.Y.

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Este pasaje ¿es el credo del escritor estadounidense, que lo incluye al final del capítulo VI de la más lograda novela marinera de todos los tiempos? ¿O es solamente la convicción de Isaías, el personaje que hace de narrador de la epopeya del capitán Ahab a la caza de la ballena blanca, epopeya de humana sinrazón, pero también, como suele suceder con unos pocos hombres de especial nobleza, metafísicamente ansiosos, abiertos a lo sublime?

Que esta entrada sirva a lo menos, a los que no la han leído, para que se decidan por fin a tomarse el tiempo que sea necesario para disfrutar a fondo de la espléndida narración; a los que ya la han leído, para que vuelvan a leerla, una y diez veces más. Que la novela nunca se agota en las galas del lenguaje que describe genialmente aconteceres y personajes en camino a su trágica plenitud.

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© 2012 Lino Althaner