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La muerte es la última estación, la que casi equivale a la meta. Es la puerta que se abre a la perfecta libertad, conocida por fin, en la completa diferencia de la otra orilla, de la inefable plenitud en que todas las apariencias y las oposiciones se disuelven, en que somos despojados de todo condicionamiento o atributo que no estén orientados a la entrañable unidad, a la vacuidad llena de sentido en que mora el puro ser.

Difícilmente se arriba a la meta sin pasar por distintas estaciones. Las estaciones bien vividas nos adiestran, nos prueban, nos pulen y nos limpian, nos dan el único conocimiento necesario y nos hacen dignos de la estación definitiva, la que nos redime.

Dietrich Bonhoeffer (1906-1945), el teólogo alemán, sabía de estaciones en el camino hacia la libertad. En una carta escrita pocos meses antes de su heroica partida de este mundo, nos dice que tales estaciones son las de la Disciplina, de la Acción, del Sufrimiento, y de la Muerte. Todas las vivió intensa, heroicamente. ¿Cómo las define?

Primera estación: Disciplina

Si sales en busca de la libertad, aprende ante todo
la disciplina de tus sentidos y de tu alma, para que tus deseos
y tus miembros no te arrastren ya aquí ya acullá.
Castos sean tu espíritu y tu cuerpo, a ti sumisos del todo
y obedientes, para ir en busca de la meta propuesta.
Nadie sondea el misterio de la libertad, a no ser por la disciplina.

(Zucht // Ziehst Du aus, / die Freiheit zu suchen,/ so lerne vor allem / Zucht der Sinne / und Deiner Seele, / daß die Begierden / und Deine Glieder / Dich nicht bald hierhin,/ bald dorthin führen./ Keusch sei Dein Geist / und Dein Leib, / gänzlich Dir selbst / unterworfen / und gehorsam, / das Ziel zu suchen, / das ihm gesetzt ist. / Niemand erfährt / das Geheimnis der Freiheit, / es sei denn durch Zucht).

Segunda estación: Acción

No hay que hacer y osar lo arbitrario, sino lo justo
no hay que flotar en lo posible, sino emprender con valor lo real
pues la libertad no está en los pensamientos, sino en la acción.
Sal de la vacilación angustiosa y enfréntate con la tempestad de los acontecimientos,
llevado tan sólo por la ley de Dios y por tu fe,
y la libertad acogerá con júbilo tu espíritu.

(Tat // Nicht das Beliebige, / sondern das Rechte / tun und wagen, / nicht im Möglichen schweben, / das Wirkliche tapfer ergreifen, / nicht in der Flucht der Gedanken, / allein in der Tat / ist die Freiheit. / Tritt aus ängstlichem Zögern heraus / in den Sturm des Geschehens, / nur von Gottes Gebot / und Deinem Glauben getragen / und die Freiheit / wird Deinen Geist / jauchzend umfangen).

Tercera estación: Sufrimiento

¡Maravillosa transformación! Tus manos fuertes, activas,
Atadas están. Impotente, abandonado, ves el fin
de tus actos. Mas tomas aliento y, tranquilo y confiado,
entregas lo justo a manos más fuertes y quedas aliviado.
Sólo un instante rozaste feliz la libertad,
Luego la entregaste a Dios, para que Él la perfeccione
maravillosamente.

(Leiden // Wunderbare Verwandlung. / Die starken tätigen Hände / sind Dir gebunden. Ohnmächtig einsam / siehst Du das Ende / Deiner Tat. / Doch atmest Du auf / und legst das Rechte / still und getrost / in stärkere Hände / und gibst Dich zufrieden. / Nur einen Augenblick / berührtest Du selig / die Freiheit, / dann übergabst Du sie / GOTT, damit ER sie / herrlich vollende).

Cuarta estación: Muerte

Ven ya, fiesta suprema en el camino hacia la eterna libertad
muerte, abate las molestas cadenas y murallas
de nuestro cuerpo mortal y de nuestra cegada alma,
para que por fin podamos contemplar lo que aquí nos está vedado.
Libertad: te hemos buscado largo tiempo en la disciplina, la acción y
el sufrimiento.
Ya moribundos, te reconocemos en la faz de Dios.

(Tod // Komm nun, / höchstes Fest / auf dem Weg / zur ewigen Freiheit. / Tod, leg nieder / beschwerliche Ketten und Mauern / unseres vergänglichen Leibes / und unserer verblendeten Seele, / daß wir endlich erblicken, / was hier uns zu sehen / mißgönnt ist. / Freiheit, / Dich suchten wir lange / in Zucht und in Tat / und in Leiden. / Sterbend erkennen wir nun / im Angesicht Gottes / dich selbst).

También vivió las estaciones nuestra querida Helene Marie (1922-1912). Las de la disciplina, de la acción, del sufrimiento, fueron una sola para ella y la exigieron juntamente durante toda su vida, con rigor pero sin hacerla perder jamás la alegría en el agradecimiento y en la generosidad, de que dio muestras ejemplares hasta el último, sereno y seguro suspiro.

Ya se ha sacudido las cadenas. Ha cruzado las murallas.
Ha pronunciado las palabras:

Komm nun,
höchstes Fest
auf dem Weg
zur ewigen Freiheit. 

Y comparte en el centro absoluto, en la luz absoluta, la fiesta sublime de la alegría, del amor irrestricto, de la más intensa libertad.
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Freiheit,
Dich suchten wir lange
in Zucht und in Tat
und in Leiden.
… nun erkennen wir
im Angesicht Gottes
dich selbst.
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Amen.
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© 2012 Lino Althaner