‘Es tan lúcido este misticismo, que es capaz de ver
más allá de numerosas oscuridades, cosa que
los modernos no podemos ni nos atrevemos a hacer.’

‘Jamás debería afirmarse que las tesis expuestas mediante

formulaciones racionales son los únicos presupuestos posibles
de la razón humana.’

Wolfgang Pauli,  
Premio  Nobel de  Física 1945

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Siguiendo el desarrollo comenzado en la entrada anterior, comienzo por recordar que, según Wolfgang Pauli, la física cuántica abre caminos a la posibilidad de descubrir relaciones de complementariedad entre concepciones del mundo tales como  las de Platón y los neoplatónicos; de los gnósticos y alquimistas antiguos y medievales; de la ciencia moderna; del misticismo y de la filosofía cristiana, para arribar a una concepción unitaria de la psique -el alma, la mente- y la materia.

Advierte y crítica Pauli la inclinación de la ciencia a considerar que el mundo no es más que su objetiva y múltiple materialidad,  en la cual la investigación encuentra un límite que no está permitido traspasar. Esta concepción excluye del ámbito del trabajo científico los intentos de indagar en las regiones del alma y del espíritu, por lo cual el investigador ha de evitar todo paso en esa dirección, so pena de ser calificado de poco serio o privado de la rigurosidad metódica que exige su labor.
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Afirma Pauli que esta posición, llevada al extremo, excluye la posibilidad de intentar una comprensión unitaria del mundo y de llegar a comprender el fundamento de tal unidad, que se impondría, tal vez a su juicio, sobre la aparente multiplicidad. La idea gnóstica de la unidad original y final de los opuestos, que tan emparentada se encuentra con la visión de los filósofos taoístas, no está al parecer ausente de su pensamiento. El intento de los alquimistas de referirse a los procesos materiales y psíquicos con un mismo lenguaje, también atrae su atención, viendo seguramente en esa posibilidad una intuición de que el espíritu mismo reside en la materia o, más aún, de que el espíritu y la materia no son, en esencia, sino una y la misma cosa.

Existe, pues, un intento de monismo psicofísico, que se hace presente tanto en la alquimia medieval como en la física moderna, la cual, a partir de los descubrimientos de Niels Bohr en el terreno de la física cuántica, intuye la existencia en la intimidad de la materia de realidades invisibles más profundas que las empíricamente determinables según el método científico tradicional. Una concepción semejante serviría para razonar seriamente con respecto a fenómenos de interrelación entre la psique y la realidad material observable, hasta hoy día explicados de manera  insuficiente     aquellos, por ejemplo, que es habitual incluir en el campo de la parapsicología o los que han solido ser entendidos como manifestación del principio de sincronicidad- como también para encontrar una razón de ser sólida a las formas instintivas de ideación a priori -derivadas del inconsciente- a que me referí en la entrada anterior. Además, permitiría profundizar en las investigaciones concernientes a la unidad del cosmos.

Con respecto a este orden cosmológico unitario, aún no plenamente formulable en términos científicos, Pauli se manifiesta especialmente escéptico con respecto a ‘la opinión de Darwin, sumamente extendida en la biología moderna, según la cual la evolución de las especies sobre la tierra habría tenido lugar únicamente a causa de las leyes físico-químicas, a través de mutaciones sobrevenidas al azar, y de sus efectos consiguientes. Pauli considera este esquema excesivamente estrecho, y apunta la posibilidad de otras conexiones más generales, que ni pueden encajar en el esquema conceptual general de las estructuras causales, ni puede tampoco ser adecuadamente descrito como azar. Una y otra vez encontramos en Pauli el intento de romper los senderos usuales del pensamiento, a fin de acercarse por nuevos caminos a la comprensión de la estructura unitaria del mundo.’
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Desde el punto de vista espiritual, estaba nuestro físico lejos de encajar en cualquiera de las religiones conocidas. Sin embargo, todavía más clara era al parecer su propensión a rechazar los ingenuos ateísmos al uso del racionalismo decimonónico. 

El mayor anhelo de Wolfgang Pauli era tal vez el de una realidad científica que, superando la estrecha división del conocimiento en compartimentos separados, proveniente también del positivismo heredado del siglo antepasado, lograra una síntesis capaz de conciliar la comprensión racional con la experiencia mística de la unidad. 

Según Werner Heisenberg, otro Premio Nobel de Física (1932), tal es ‘el mito, confesado o no, de nuestro tiempo’.

Un artículo de Heisenberg –La unión de lo místico y de lo racional– contenido en el libro Cuestiones cuánticas – Escritos místicos de los físicos más famosos (ed. Ken Wilber, Kairós, Barcelona, 1986), me ha resultado especialmente valioso para escribir esta entrada, tan relacionada con otras de este blog dedicadas a la filosofía oriental, a la alquimia y también a la mística de todos los signos espirituales..
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© 2012 Lino Althaner