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La rosa que es la Idea de la rosa. Sin espacio ni tiempo. La rosa de Silesius. La rosa que comprende a todas las demás. Que es símbolo de Amor, de Verdad y de Belleza. La rosa que es astro matutino, arca de la alianza y torre de David. La estrella del mar. La rosa que es la sangre de la cruz, el peso de la muerte que se vuelve en Vida. Sin espacio ni tiempo. La vida que es la Idea de la vida.

La rosa del poeta.
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Juan Ramón Jiménez suma su voz a la de tantos otros que han cantado a la Rosa de verdad, que le han cantado con verdad y con belleza. Rosa última la nombra: La rosa de llama, / la rosa del oro, / la rosa ideal. Desnudez hecha alma, hecha agua, hecha gracia, la rosa que espera. La rosa de gloria, la rosa de sueño, la rosa final. La del eterno resplandor.  Rosa secreta le dice. Rosa perdida en apariencia. Y también rosa íntima. Mitad de consuelo único, / mitad de placer eterno / contra la luz de lo otro. // De lo otro que es un dios.

Van saliendo estas palabras de un recorrido por las páginas de La estación total (con Las canciones de la nueva luz), poesía pura, transparente, de Juan Ramón Jiménez, editada por Tusquets (Barcelona, 1994) en su colección de Nuevos textos sagrados.

Poesía toda para paladearla con el gusto interior. Tanto como esta otra:

Rosa íntima

(Todas las rosas son la misma rosa
¡amor! la única rosa.
Y todo queda contenido en ella
breve imagen del mundo
¡amor! la única rosa.)


Rosa, la rosa … (Pero aquella rosa …)

La primavera vuelve
con la rosa
grana, rosa, amarilla, blanca, grana;
y todos se embriagan con la rosa,
la rosa igual a la otra rosa.
¿Igual es una rosa que otra rosa?
Sí (pero aquella rosa …)

La rosa que se aísla en una mano,
que se huele hasta el fondo de ella y uno,
la rosa para el seno del amor,
para la boca del amor y el alma.
(… Y para el alma era aquella rosa
que se escondía dulce entre las rosas,
y que una tarde ya no se vio más.
¿De qué amarillo aquella fresca rosa?)

Todo, de rosa en rosa, loco vive,
la luz, el ala, el aire,
la onda y la mujer,
y el hombre, y la mujer y el hombre.
La rosa pende, bella
y delicada, para todos,
su cuerpo sin penumbra y sin secreto,
a un tiempo lleno y suave,
íntimo y evidente, ardiente y dulce.
Esta rosa, esa rosa, la otra rosa …
Sí (pero aquella rosa …)
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Todas rosas las comprende aquella Rosa. En aquella todas se originan y en ella se mantienen. Para nuestro deleite. Para nuestra enseñanza.

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Las imágenes corresponden a pinturas de Giorgia O’Keefe.

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©  Lino Althaner
2012