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Como a una partícula cualquiera
que atraviesa la mínima espesura.
A la cual el vacío interpela
y de pronto la inunda
la arrastra y la captura.

Que a su ámbito la arrastra
más allá de ilusiones que ensombrecen
o iluminan.
La arrebata y la pierde de sí misma.
La rescata.

Así suele arrastrar el vacío
al hombre que corre la necia maratón
por un premio homicida.
El vacío lo salva y lo remite
más allá de sí mismo.

Lo llena de una suerte de inconciencia
de una rara sinrazón
de una falta de urgencia
y de más que evangélica humildad.
Humildad en la locura.

Y en la profundidad.
El hombre que atraviesa la espesura
prisionero de pronto del vacío
recuerda que no es pura superficie.
Lo seduce la tierra prometida.
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Física. Mística. Pintura. Poesía.


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© Lino Althaner
2012