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Para recordar en éstos días prenavideños.

De lo que se trata es de que Jesús de Nazaret llega al mundo para restaurar en él y en el hombre el reinado de la luz. Para restablecer el imperio que nos hace hijos de la luz. Esto es, hijos de Dios. Eso es lo que estamos por celebrar, conmemorándolo. En su evangelio y en su primera epistola Juan lo dice con palabras convincentes. Y tan hermosas.
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Giotto - Natividad (imagen de wikipaintings.org)

Giotto – Natividad (imagen de wikipaintings.org)

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‘Era la luz verdadera,
la que ilumina a todo hombre
que viene a este mundo.

En el mundo estaba …
y el mundo no le conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no le recibieron.

Más a cuantos le recibieron,

a los que creen en su nombre,
les dio potestad de ser hijos de Dios …
y habitó entre nosotros,
y contemplamos su gloria.’ 
(Jn 1, 9-14).

‘Todavía breve tiempo está la luz con vosotros.

Caminad mientras tenéis la luz,

para que las tinieblas no os sorprendan.
Y quien camina en las tinieblas no sabe a dónde va.

Mientras tenéis la luz,

creed en la luz,
para que seáis hijos de la luz.’
(Jn 12, 35-36)

Este es el comienzo del testimonio de Juan en su primera carta. ¡Magnífica elocuencia!

‘Lo que era desde el principio,
lo que hemos visto con nuestros ojos,
lo que contemplamos
y nuestras manos tocaron acerca del verbo de la vida
-y la vida se manifestó,
y la hemos visto,
y damos testimonio,
y os anunciamos la vida eterna,
la que estaba cabe el Padre,
y se manifestó a nosotros-,
lo que hemos visto y oído
os lo anunciamos también a vosotros,
para que también vosotros tengáis comunión con nosotros.
Y nuestra comunión es con el Padre
y con su Hijo Jesucristo.

Y este es el mensaje que hemos oído de él
y os anunciamos a vosotros:
que Dios es luz,
y no hay en el ninguna tiniebla.’
(1Jn, 1, 1-5)

Que luego continúa:

‘Mirad qué tal amor nos ha dado el Padre,
que seamos llamados hijos de Dios,
y lo somos.

Cuando se mostrare,
seremos semejantes a él,
porque le veremos tal como es.
Y todo el que tiene esta esperanza en él,
se purifica a sí mismo,
como él es puro.’
(1Jn, 3, 1-3)
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Giotto - Natividad (imagen de wikipaintings.org)

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Palabras de Juan, el discípulo amado de Jesús de Nazaret. ¡Con qué apasionamiento, con qué insistencia da testimonio de lo que ha visto y escuchado y tocado con sus propias manos! Palabras que resuenan en lo más íntimo de nuestro interior con el eco de las voces verdaderas.

Dios se acerca al hombre, para restaurar el poder de la luz, por medio de su hijo Jesús. El poder de la luz nos hace hijos de la luz, esto es, hijos de Dios, nada menos.

Se nos pide tener fe en su mensaje y practicar su mandamiento, el único, el del amor. Es lo que se nos pide. Nada menos.

Pues también son de de la primera carta de Juan las siguientes palabras:

Si dijéramos que tenemos comunión con él y camináremos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad.
(1 Jn  1,6)

Pues: 

Quien dice que permanece en él, debe, como él caminó, también caminar así. (1Jn, 2, 6)

Quien dice estar en la luz y aborrece a su hermano, está en las tinieblas. (1Jn, 2, 10)

Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y sabéis que todo homicida no tiene vida eterna permanente en sí mismo. (1 Jn, 3, 15).

Dos exigencias para cambiar el mundo. Para ayudar a que la luz nos deslumbre. Para apurar la venida del Señor.
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© 2012 Lino Althaner