El silencio y el reposo dan fuerza a la palabra que lentamente se prepara para ser expresada. Así nuestra voz, que se forma en el silencio y la quietud. Es que quisiera ser muy humilde portadora de un poco de luz, para un mundo que poco sabe de reposo verdadero pero sí que es experta en acción precipitada y en luz artificial. Para una humanidad que parece precipitarse en el abismo, como un ciego desprovisto de vara o de bastón.
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Después de un lapso suficiente de silencio, nuestra voz debería tender a madurar, en el sentido de responder en forma más auténtica tanto a las demandas de la razón como a las intuiciones que vienen de lo hondo, y de estar dotada de un renovado aliento espiritual. Por lo mismo, siente nuevamente la necesidad de ser dicha y compartida, y es que de pronto se convence que su destino no es el de permanecer encerrada en la oscuridad de una caja fuerte, como en una prisión. La palabra no expresada corre el riesgo de perder sentido, hasta para el mismo que la piensa nada más que como medio de reflexión y de vehículo para el crecimiento individual. El destino de la palabra no es el quedarse sino el de llegar a otras mentes, capaces de pensarlas a su vez, de manera autónoma, y de decir su propio parecer.

Toca la coincidencia de que justo cuando culminaba la Pascua, hace una semana, apareciera para su editor la necesidad de que este sitio -que seguirá siendo conocido como Todo el oro del mundo– volviera a la vida. Feliz coincidencia, que podría haber servido como inspiración o valer como augurio de buena ventura. Quisiéramos, así, que la primavera pascual, que no siempre coincide con la estación del año, pero que se siente en todas partes porque es signo de profundo renacimiento y de auténtica vuelta a la vida, se manifestara también en este pequeño espacio.

Siguen siendo válidas, más de dos años después que Todo el oro del mundo se declarara tácitamente en receso, los propósitos declarados desde un principio en la Portada de este blog.
Rescatar de alguna medida la maravilla del mundo, cuyo encanto misterioso se halla presente en todas partes, sugiriendo una verdad oculta e inefable, que nos anima para vivir con intensidad la seguridad providencial que sana toda amenaza, todo dolor o fatiga. De pronto olvidamos las manifestaciones portentosas de ese mundo encantado. Se trata aquí de no darlas por perdidas. De no dejarnos engañar por las confusas apariencias, que dicen de una humanidad más cercana a la bestia que al ángel nuestro hermano, y que parecen contradecir nuestra semejanza divina.
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Y tal como se dice en nuestra Portada:
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El hambre nos aqueja de un alimento desconocido. Aquí los llamo -una vez más- a la aventura de tratar de encontrarlo. Muy en serio, con ayuda de mucha poesía y también con un poco de humor, aquí nos acordamos de nosotros mismos. Descendientes empobrecidos, cada vez más lejanos del Hombre primordial. Pues aquí hay sitio para todo
 
lo que ha sido abandonado
lo que dimos por perdido
la montaña sagrada
nuestro doble divino
lo que asombra
lo que canta y lo que vuela
lo invisible
lo que baila
lo que junta cuerpo y alma
la inocencia
la fuente de agua viva
la piedra y el oro y la sola medicina
lo que simplemente santifica
el tesoro olvidado
por la ciencia y por la usura
todo el oro del mundo
la montaña sagrada
nuestro doble divino
lo que está por revelarse
pero aún está escondido.
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© 2014 Lino Althaner