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La Guía de Perplejos, escrita por Maimónides -Rabbí Moshé ben Maimón- es uno de los más importantes tratados de hermenéutica bíblica jamás escritos. Su autor, nacido en Córdoba en la primera mitad del siglo XII y muerto a principios de la siguiente centuria, es a la vez gloria de España, la añorada Sefarad en que nació y tuvo su primera y decisiva formación religiosa, humanista, filosófica y científica, y de la cultura hebrea, ámbito en el cual se le sigue reconociendo como maestro del pensamiento, de la interpretación escrituraria y de la ley religiosa judía. La Guía fue escrita por él en El Cairo, donde tenía la condición de líder o príncipe (נָגִיד, nagid) de la importante comunidad judía de Egipto.



Le preocupa a Maimónides la posibilidad de que el lector de la Biblia se deje llevar por la exterioridad de la escritura, sin preocuparse por su posible significado esotérico. Que entienda los relatos al pie de la letra, sin considerar la intervención del símbolo y de la alegoría como formas de hacer comprensibles al hombre común lo que ni siquiera es del todo accesible al sabio, esto es, la inefable entidad de las cosas en que interviene lo divino y sobrenatural. O que asigne una estricta verdad histórica a un relato impregnado de sentido mítico. Que se pueda confundir por un lenguaje en que la metáfora campea por doquier y en que a las mismas palabras hay que atribuirles un significado distinto según el contexto en que son empleadas.

¿Debe el lector atenerse disciplinadamente a lo que le fue enseñado o que captó sin dar entrada a la razón, o adherirse lisa y llanamente a lo que le ordena su saber y entender? En este último caso, podría verse en riesgo de vulnerar los fundamentos preceptivos de su religión, mientras que en el primero estaría renunciando a la razón, alejándose de ella, convencido de un menoscabo y pérdida en su religión, y obstinado en semejantes fantasías, será presa de la inquietud y congoja, con el corazón atenazado y violenta turbación. Según entiendo, Maimónides quiere que el lector de las Escrituras se sienta en paz con su conciencia religiosa y también con su razón. Para ello escribió la Guía de Perplejos.

Maimonides-C
Con todo, advierte el autor su convencimiento de que tanto en el campo de la metafísica como en el de la física hay cosas que no pueden exponerse tal y como son en la realidad y que incluso al auténtico sabio solamente le es permitido acceder a los principios fundamentales de la que se se esconde entre las líneas de los textos sagrados. El propósito de Maimónides es el de permitir que las verdades sean entrevistas y seguidamente se encubran, pues mucho le preocupa no contravenir el designio divino, plasmado en diversos pasajes de la Biblia, que veda, y no solo a la masa del pueblo, el conocimiento de las verdades tendientes a la aprehensión de la Divinidad. El cristiano recuerda a propósito que, según afirma el apóstol Pablo, no le es permitido ver ahora sino como en un espejo imperfecto y entender a través de enigmas y alegorías.

Ni pienses que tales misterios sean conocidos en toda su amplitud por uno solo de nosotros, sino que, a veces, la verdad brilla hasta imaginárnosla tan clara como el día, pero otras la oscurecen la materia y la rutina hasta sumirnos en una noche lóbrega, …, semejantes a quien, sumergido en tétrica noche, ve fulgurar relámpago tras relámpago. Hay personas que ven centellear ese fulgor una y otra vez, como si la luz los envolviera sin intermisión ni tregua, y para ellos la noche es como el día, supremo grado de profecía … Los hay asimismo a quienes en toda su nocturnidad relumbra una sola vez; … y finalmente los que entre una y otra fulguración, ven transcurrir intervalos mayores o menores. Pero hay también quien no alcanza un grado tal que su noche sea iluminada por un solo relámpago, sino como un cuerpo pulimentado u objeto semejante, cual piedras preciosas, que brillan en la oscuridad nocturna, e incluso esa tenue luz que sobre nosotros resplandece, no es permanente, dado que alternativamente brilla y desaparece … A este tenor varían los grados en los hombres perfectos.

En cuanto a aquellos que no perciben la luz ni un solo día, sino que andan errantes en la noche, son ellos tal vez la mayoría de quienes se dijo: “No saben ni entienden, andan en tinieblas” (Sal 82,5), para los cuales la verdad se halla totalmente encubierta, por manifiesta que esté, según lo dicho: “Y ahora no ven la luz que resplandece en los cielos” (Job 37, 21).



La Guía de perplejos pretende incrementar el entendimiento de quienes desean ser conducidos hacia la verdad y disipar la niebla que se cierne sobre los hombres que acceden a las Escrituras con intención sana de búsqueda espiritual.

Si bien dedicada al análisis de los textos bíblicos veterotestamentarios -que cita abundantemente-, me parece que los principios de la Guía de Perplejos referidos a la exégesis escrituraria, son aplicables a los libros sagrados de toda religión. Ellos son válidos universalmente, sin distinción tampoco de tiempo histórico. La luz del conocimiento metafísico siempre ha sido insuficiente para el ser humano. Tal vez sea su destino ese de no poder superar del todo la neblina de la incertidumbre que lo envuelve. Mientras no se haga para él, en otro plano, la luz de la verdad, el libro de Maimónides mantendrá, pues, su actualidad.

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© 2014
Lino Althaner