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A propósito del ensayo poético que publicara en el artículo “En la oscura bodega”, un amigo puertorriqueño –César– me comentó el parentesco de esos versos con losde un poema de Alfred Tennyson (1809-1892):

Lord Alfred Tennyson

Lord Alfred Tennyson

Flower in the crannied wall

Flower in the crannied wall,
I pluck you out of the crannies,
I hold you here, root and all, in my hand,
Little flower—but if I could understand
What you are, root and all, and all in all,
I should know what God and man is.

Que podría traducirse así:

Flor en el muro agrietado,/ Yo te arranco de tu tumba y te sostengo,/ Raíz con raíz, tu todo con el todo./ Pequeña flor, si pudiera captar tu esencia,/ Entendería qué es el hombre, qué es Dios.

Bellísimo por cierto. Confieso que desconocía estos versos, por lo cual agradezco doblemente a César su comentario.

La sensibilidad del poeta que intuye en lo más pequeño y humilde, en su dignidad, en su belleza, una huella de lo sublime, de lo inefable, es el motivo del poema. Si el misterio de la flor pudiera ser desentrañado -el misterio de su dignidad, de su resplandor, de lo indecible que sugiere- quedaría también desvelado el misterio del hombre y el misterio de Dios. Es que en la flor y en el hombre vibra oculta la chispa divina. Como vibra en toda la Creación. Que hay un Uno que todo lo comprende. El uno que iguala en Dios al hombre y a la flor.

William Blake

William Blake

Bastante anterior a Lord Tennyson es William Blake (1757-1827), de quien son el par de versos inaugurales de su extenso poema “Auguries of Innocence” (Augurios de Inocencia) que sirvieran de epígrafe al poema publicado en aquella entrada. Ahora extenderé un tanto la cita a los cuatro primeros versos:

To see a World in a Grain of Sand
And a Heaven in a Wild Flower:
Hold Infinity in the palm of your hand
And Eternity in an hour.

En español:

Ver un Mundo en un Grano de Arena/ y un Cielo en una Flor Silvestre:/ Tener el Infinito en la palma de tu mano/ y la Eternidad en una hora.

Discípulo de Emmanuel Swedenborg -el científico sueco vuelto visionario, que decía conversar con los ángeles y pasearse por los caminos del cielo-, William Blake era un poeta cuya obra -tanto literaria como pictórica, ambas eminentes- dice no solo de visiones de la esfera celestial, sino que también de un espíritu profético independiente del mundo bíblico, de una espiritualidad y de una ética con frecuencia no convencional. En estos versos, con todo, ya se revela portador de una tradición poética y mística similar a la que luego se expresaría en la poesía de Tennyson. Aunque en Blake ella se manifiesta en forma todavía más poderosa. La visión del mundo en un grano de arena y de la eternidad en una hora parece ser más que una mera aspiración y sugiere más que una posibilidad, la afirmación de una experiencia vivida por el poeta.

San Juan de la Cruz

San Juan de la Cruz

Por cierto, que el poema de “La oscura bodega” dice solo de soñada aspiración, de aspiración a una certeza solo alcanzable en un ámbito distinto.

El otro referente importante de esos versos míos es, desde luego, el gran poeta español del siglo XVI -calificado por alguno, con quien yo podría estar de acuerdo, como el más grande poeta en lengua española- San Juan de la Cruz (1542-1591). En el Cántico Espiritual, como también en la Noche oscura y en la Llama de amor viva, el fraile carmelita da un paso todavía más avanzado en la aventura mística, que no queda plasmado tan solo en versos sino que también en varios tratados en los cuales, junto con edificar una teoría de la experiencia mística, explica el significado de los dichos poemas. Juan de la Cruz reclama la autoría de algo así como un método para llegar el alma humana a la unión con Dios en que culmina el éxtasis místico. En su expresión poética, dicho método se expresa en un canto de amor muy al estilo del amor humano.

De él proviene la imagen de la oscura bodega. En la cercanía de la divinidad que está por encontrar, el alma exclama que su Amado lo es todo: …las montañas,/ los valles solitarios nemorosos,/ los ríos sonorosos,/ el silbo de los aires amorosos,/ la noche sosegada,/ en par de los levantes de la aurora,

la música callada.
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

Luego dice de las excelencias del lecho florido, edificado de paz, en que goza del más sublime amor.

Y algo más adelante:

En la interior bodega de mi Amado
bebí, y cuando salía,
por toda aquesta vega
ya cosa no sabía
y el ganado perdí que antes seguía.

Pero continúa, para no dejar nada escondido, que allí, en la oscura bodega,

Allí me dio su pecho,
allí me enseño ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho,
a mí, sin dejar cosa,
allí le prometí de ser su esposa.

Marc Chagall - Amoureux de Vence

Marc Chagall – Amoureux de Vence

Y todavía más, insiste:

Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura,
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Y luego a la subidas
cavernas de piedra nos iremos,
que están bien escondidas;
y allí nos entraremos
y el mosto de granadas gustaremos.

Y recuerda:

Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía;
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día:

el aspirar de el aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire,
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena.

Es esta la llama de amor viva a que Juan de la Cruz se refiere en otro grandísimo poema, el más bello poema amoroso que conozco, no solamente en lengua española.

Antigua edición del tratado sobre los poemas del Cántico Espiritual

Antigua edición del tratado sobre los poemas del Cántico Espiritual

En ese poema, como también en la Noche oscura, se renuevan con fuerza inusitada estas imágenes explícitas de amor humano como símbolo de amor a lo divino: de la unión amorosa que tiene lugar entre el alma y Dios. Surge entonces la pregunta: ¿cómo pudo el fraile poeta, en pleno siglo XVI español, superar la poderosa censura entonces vigente, tan propicia a ver el mal en toda alusión al Eros, y tan recelosa del antidogmatismo tan frecuente en los místicos. Afirma la tradición que los versos del mismo Cántico Espiritual fueron escritos en la cárcel a que lo llevara su intervención en el proceso de reforma carmelitano. Superaron, sin embargo los escollos, tal vez merced a su precedente bíblico -el Cantar de los Cantares-, a las numerosísimas citas del Antiguo y del Nuevo Testamento que aduce el poeta para fundamentar sus imágenes, o adicionalmente, a alguna buena influencia política o eclesiástica con capacidad para ayudarlo.

La verdad es que, al asimilar metafóricamente la unión mística con la unión erótica, San Juan asegura al sexo la dignidad que le corresponde como culminación del amor y como vehículo de la procreación, enseñándonos a alejarlo, tanto de los prejuicios estigmatizadores como del emporcamiento a manos, por ejemplo, de los medios masivos o de la pornografía, actualmente tan frecuentes.

Todo esto a propósito del comentario de mi amigo César, de Puerto Rico. ¡Cómo puede ser de fructífero el diálogo en la blogósfera!

Ahora sólo faltaría que leyeramos nuevamente el poema de La oscura bodega, homenaje a San Juan de la Cruz, con más referencias a su poesía que las que menciono en este artículo. Además de las que hago a los versos de los “Augurios de Inocencia”, de William Blake.

© 2014
Lino Althaner