Koloman Moser – Ilustración para un poema de R .M. Rilke (1901) – wikipaintings.org

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Si me apagas los ojos, puedo verte,
te oigo si clausuras mis oídos,

y puedo conjurarte sin la boca.
Destrózame los brazos y te agarro
con mi corazón, como con una mano;
mi cerebro latirá, si detienes mi corazón
y si abrasas en el fuego mi cerebro,
seguiré llevándote en mis venas.
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Lösch mir die Augen aus: ich kahn dich sehn,
wirf mir die Ohren zu: ich kann dich hören,
und ohne Füsse kann ich zu dir gehn,
und ohne Mund noch kann ich dich beschwören.
Brich mir die Arme ab, ich fasse dich
mit meinem Herzen wie mit einer Hand,
halt mir das Herz zu, und mein Hirn wird schlagen,
und wirfst du in mein Hirn den Brand,
so werd ich dich auf meinem Blute tragen.
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Estos versos los escribió Rilke a fines del siglo XIX, pensando en su amada Lou Andreas Salomé, en quien halló la fuerza, el estímulo intelectual y el afecto para emprender el vuelo hacia la gran poesía que empezaría a manifestarse en el Libro de las horas, terminado en 1903. Pero el rompimiento entre ambos hizo que el poema cambiara de sentido y de destinatario. Es incluido, en efecto, en la segunda parte del mencionado libro, en armonía con su temática religiosa y mística, como un canto de amor a Dios. Para no dejar dudas del cambio de dirección, el poeta ubica enseguida de él, una estrofa que comienza diciendo

Y mi alma es ante ti como una mujer.

Und meine Seele ist ein Weib vor dir.

Verso que evoca por cierto el motivo inaugurado por el Cantar de los Cantares y luego adoptado por tantos poetas místicos, en que el esposo y la esposa bíblicos se transmutan en el alma enamorada -la de Rilke en este caso- y su divino amado.

Koloman Moser – Proyecto de vitral para la Iglesia de Steinhof (wikipaintings.org)

Un poema a la amada se vuelve poema de amor al Dios del cual Rilke pudo decir en el mismo Libro de las horas:

Sólo un delgado muro nos separa
y sólo por azar; pues bien podría ser
que a un llamado de tu boca o de la mía
sin ruido alguno se derrumbara.

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Nur eine schmale Wand ist zwischen uns,
durch Zufall: denn es könnte sein:
ein Rufen deines oder meines Munds –
und sie bricht ein
ganz ohne Lärm und Laut.
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Créditos del vídeo:
Recita Gudrun Landgrebe. La música corresponde al preludio número 2 de Georg Gershwin. Al piano, John O’Connor. Pinturas de Wassily Kandinsky.

© 2014
Lino Althaner