En esta visión, el hombre aparece rodeado por los cuatro elementos y por los vientos, que ejercen su influencia, unos y otros, sobre las funciones, los humores y los miembros del organismo humano, de similar modo a como el alma actúa a través del cuerpo. La forma en que todos estos elementos interactúan se describe minuciosamente a lo largo de los diecinueve parágrafos que ocupa esta visión en el Liber Divinorum Operum. Se reitera aquí, por lo tanto, el concepto de unidad interrelacionada, de profunda compenetración entre el macrocosmos y el microcosmos, y de correspondencia entre ambos. También aparece destacada desde el principio la idea de que las creaturas han sido hechas para servicio del hombre.

 

Liber Divinorum Operum - Visión tercera de la primera parte

Liber Divinorum Operum – Visión tercera de la primera parte


Y nuevamente escuché una voz del cielo diciéndome así:

“Toda creatura que Dios ha hecho, tanto superior como inferior, está unida al hombre para que le sea de utilidad; y si el hombre la destruye por sus malos actos, el juicio de Dios se convierte en venganza. Aunque ayuden al hombre en la necesidad corporal, debe comprenderse que las creaturas conciernen también a la salvación de su alma”.

No solo las creaturas vivas, todos los elementos, los vientos, los astros, los planetas, tienen una acción que cumplir en función de la redención humana. Así, pues, el hombre ha de considerarlos con respeto y atender rigurosamente a las señales que le dan en orden a perseverar en el bien y evitar el mal. 

“Lo exhortan así para que no sucumba vencido por una debilidad indolente en el límite de las obras justas, sino que vuelva cuidadosamente al inicio de la santidad; porque la recompensa de la bienaventuranza no será dada al que comienza y es negligente, sino al que comienza y lo realiza todo”.

 

Liber Divinorum Operum - Visión segunda de la primera parte, detalle


Y termina el texto dedicado a la tercera visión de la primera parte del Liber Divinorum Operum:

“Tú, que te deleitas en tu corazón al anhelar a Dios con las buenas obras, por las que tienes esperanza de la vida eterna, que resplandece para ti en el goce, como cuando sale el sol, muestras los más hermosos pasos en el camino del Hijo de Dios, … cuando amas con buena voluntad a Dios más que a ti mismo. Y entonces tu alma es llamada hija del príncipe, es decir, de Aquel que es llamado Príncipe de la Paz, quien venciendo a la antigua serpiente, liberó a su pueblo, y lavó en su sangre toda la enemistad que había entre Dios y el hombre. Los ángeles anunciaban esta paz para los hombres en la humanidad del Hijo de Dios y se regocijaban mucho por ella, pues Dios se había unido a la tierra, de manera que los hombres lo vieran en forma humana y los ángeles lo vieran completamente como hombre y Dios.

“Por lo tanto, todo hombre que teme y ama a Dios abra la devoción de su corazón con estas palabras, y sepa que estas cosas han sido proferidas para la salvación de los cuerpos y las almas de los hombres, no ciertamente por un humano, sino por Mí.

 

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En el video que sigue, la soprano Alexandra Polarczyk interpreta tres oraciones de Hildegarda de Bingen: 1. O pastor animarum; 2. O virtus sapientie, y 3. Ave Maria. 

Los instrumentos con que se acompaña son el indio ‘shruti’, de sonido similar al armonio, y el iranio  ‘saz’, instrumento de cuerdas.


 

© 2014
Lino Althaner