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Como una partícula perdida

que atraviesa la espesura.
Que el vacío interpela
y la arrastra de pronto
la captura y la llena.

Que a su àmbito la lleva
más allà de las tinieblas
o las luces de mentira.
La arrebata y la pierde de sí misma.
La aniquila y le da vida.

Así suele arrastrar el vacío
a quien muere la siniestra maratón
a cambio de un premio homicida.
El vacío lo salva y lo remite
más allá o más adentro de sí mismo.

Y lo llena de una suerte de inconciencia.
Redentora idiotez.
De una falta de urgencia.
Algo menos que evangélica humildad.
Lo aterriza en hermosa sinrazón. 

En la altura.


© 2014
Lino Althaner