Este breve artículo es un anticipo del próximo, que seguirá abordando el profundo significado del esoterismo de la Armonía universal, advertible por doquier, en la más remota galaxia, en un grano de arena, en las jerarquías angelicales, en el reino de los cielos. El lema hermético de las correspondencias universales -como es arriba es abajo, y como es abajo es arriba– guía toda esta intuición, tan significativa para los antiguos como para las gentes del Medioevo y del Renacimiento. Que todavía está presente en el romanticismo decimonónico, como lo prueba lo que escribía George Sand (Aurora Dupin) 1839, poco antes de viajar a Mallorca con Federico Chopin: 

Todo es armonía, sonido y color. Los siete tonos y los siete colores se entremezclan y se mueven a tu alrededor en eternas nupcias. No hay color silencioso. El universo es una lira. No hay sonido invisible. El universo es un prisma. El arco de iris es el reflejo de una gota de agua. El arco iris es el reflejo del infinito; ascienden a los cielos las siete voces que incesantemente cantan la gloria y belleza de lo eterno. ¡Repite el himno! ¡Oh, hija de la lira! Une tu voz a la del Sol. Cada mota de polvo dorado suspendido en los rayos solares canta la Gloria y la belleza de lo Eterno. Cada gota de rocío esparcido por la hierba canta la gloria y la belleza de lo eterno. Cada ola en la orilla, cada roca, cada hebra de musgo, cada insecto canta la belleza de lo Eterno.

Y el sol de la tierra, y la pálida Luna, el inmenso universo, y todos los soles del Infinito con los innumerables mundos que iluminan, con los esplendores del éter rutilantes, y las inconmensurables profundidades del Empíreo, escuchan la voz de un grano de arena… (George Sand, ‘Les sept cordes de la lyre’).

 

Chopin_Prelude_15

Partitura autógrafa del preludio N° 15 del opus 28, “Gotas de lluvia”, de Federico Chopin


Todo un canto de alabanza y de alegría a un cosmos vibrante de música por doquier.


Durante su estancia en Mallorca escribió Chopin su famoso preludio en re bemol mayor (op. 28, n° 15), conocido como “Gotas de agua”. La obra muestra al compositor ensimismado en una aflictiva contemplación, durante su permanencia en el monasterio de Valldemosa. Según la misma George Sand, Chopin, que se halla indispuesto, se imagina que ha muerto y que las gotas que regularmente caen sobre el tejado son lágrimas que caen del cielo sobre su pecho inerte. Y merced a ese pensamiento, su pesadumbre se transforma en sublime pensamiento musical.

Porque la Armonía impera también en medio de la tristeza. Gracias a su influencia, el sufrimiento se vuelve increíble hermosura.

La intepretación incluida es del pianista chileno Claudio Arrau.

© 2014
Lino Althaner