La imagen que del mundo tenía el hombre del Medioevo era como la de una gran cadena que desde la tierra y los elementos primordiales, ascendía a través de las ocho esferas planetarias, vibrantes de armonía musical, y de las jerarquías angelicales, hasta los cielos en que Dios impera y la Santa Trinidad. Una serie de planos horizontales, superpuestas o sucesivas, en que imperan las correspondencias que dan su sentido unitario al conjunto que tiene como centro a la tierra, rodeada por las esferas planetarias y cósmicas, y por los poderes hipercósmicos de que depende el movimiento ordenado de tan increíble conjunto de equivalencias.  La forma en que los autores figuran gráficamente esta cadena, ya lo hemos dicho, es variable.

 

Robert Fludd - Utriusque Cosmi Historia

Robert Fludd – Utriusque Cosmi Historia – Dios y su mente creadora, luego las jerarquías angelicales, la esfera de las estrellas fijas y las de los siete planetas, el fuego, el aire, el agua y el orbe terrestre.


Una cadena que es también una escala. La oración o la magia pueden hacer que las influencias superiores se sirvan de ella para influenciar y bendecir las circunstancias de la vida terrena, haciendo que esta se ponga de acuerdo con el cielo. Puede auxiliar asimismo al místico e iluminado, para ascender espiritualmente hasta la cercanía de Dios.  También la música, con su escala de ocho peldaños, susceptible de dar origen a infinitas variables y a las más ricas combinaciones, tiene un poder semejante. Mientras no perdamos la capacidad de apreciar sus abstractas armonías, que parecen ser reflejo de un orden superior indecible, hay esperanza para el ser humano. 

La doctrina de las armonías musicales y de las correspondencias macro y microcósmicas tiene uno de sus más recientes exponentes en el multifacético Robert Fludd, intelectual inglés cuyos intereses por las matemáticas, la óptica y la arquitectura, no fueron inconciliables con la pasión que experimentaba por la alquimia, la cábala, la astrología y la música de las esferas.

La escala cósmica que describe en su obra Utriusque Cosmi Historia, escrita entre 1617 y 1619, consta en verdad de varias escalas u octavas que sirven para ilustrar las correspondencias existentes entre el órden terrenal y sus elementos con los órdenes planetario y angélico, todos ellos reflejados en el Hombre (V. imagen superior).

Un instrumento simbólico, el monocordio celestial, cuyas cuerdas unen a la Tierra con la mano de Dios, sirve también a Fludd para ilustrar la armonía musical de las esferas.

 

Robert Fludd - Utriusque Cosmi Historia

Robert Fludd – Utriusque Cosmi Historia – El instrumento está dividido en una octava superior, ideal, activa, y una octava inferior, material, pasiva. Ambas octavas se dividen a su vez en cuartas y quintas. El principio inmaterial superior se mueve a lo largo de los intervalos hasta la materia sombría, y el sol, en el punto de intersección, recibe una fuerza transformadora (Alexander Roob, Alquimia y Mística, Taschen 1997).


Escribe Robert Fludd:

Aquí podemos contemplar con los ojos abiertos la admirable armonía obrada por los dos extremos, lo más precioso y lo más vil, y cómo uno concuerda con el otro. Vemos cómo el espíritu intermedio del mundo, el vehículo del alma, es el nexo que los mantiene en un pacífico acuerdo y armonía; y que es Dios quien da aliento a la música humana, toca la cuerda del monocordio, y es el principio interno que produce, como desde el centro, los movimientos consonantes de todas las cosas y las actividades vitales del Hombre, el microcosmos.

El monocordio sirve de cósmico diapasón. Mediante su pulsación, tensando o destensando la única cuerda, la mano de Dios consigue el gran acorde, la concordia indisoluble de todas las cosas, la música inexplicable que acaricia los oídos del alma y del intelecto.

La música es de Wim Mertens.

© 2014
Lino Althaner