Quien guste en estos días de la música del barroco en general y especialmente de la ópera de ese periodo, no puede prescindir de la obra desarrollada desde hace más de treinta años en este terreno por el musicólogo y clavicembalista William Christie, director del conjunto Les Arts Florissants.

 

Teatro Municipal de Santiago

Teatro Municipal de Santiago


Ayer asistí por segunda vez a una presentación suya en el Teatro Municipal. Hace ya varios años tuve el primer contacto en vivo con este conjunto con motivo de su representación de la ópera David y Jonatán, de Marc-Antoine Charpentier, en una puesta en escena caracterizada por el refinamiento de la dirección general, la excelencia interpretativa, la finura expresiva y la bien pensada economía escenográfica y coreográfica, que es exigencia casi insoslayable en los conjuntos que, como Les Arts Florissants al mando de William Christie, recorren el mundo para mostrar las grandes obras del repertorio dramático musical.

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Cabe mencionar, de paso, que el nombre del conjunto fue tomado por Christie de ópera de Charpentier que tiene precisamente ese nombre: “Les Arts Florissants”.

La sesión de anoche tuvo un carácter distinto. Su lema fue “El aria francesa. Un arte íntimo”, que correspondió perfectamente al contenido del programa, a cargo de cinco instrumentistas: los dos violines en las sabias manos de Florence Malgoire y Catherine Girard, la viola de gamba en las de Myriam Rignol, el archilaúd a cargo de Thomas Dunford, y el mismo William Christie en el clavecín. A ellos se unieron dos cantantes, la soprano Élodie Fonnard y el bajo Marc Mauillon.

Arias y canciones. Piezas para laúd, para viola da gamba y para clavecín. Música para salón más que para sala de conciertos, a lo menos esa fue la impresión por la forma en que fue mostrada al público. Cáracter que se manifestó preferentemente en las piezas para laúd y para viola da gamba -de Marin Marais, al que la gente tiende a identificar con Gérard Depardieu como intérprete de “Tous les matins du monde”. También en las piezas para clavecín de Gaspard Le Roux. Apropiadamente, las lámparas no se apagaron del todo encendidas durante la función, procurando así, en un teatro más bien pequeño como el Municipal, una atmósfera muy a propósito para multiplicar el efecto de la música.

 

Francois Puget, Retrato de músicos y artistas,  1688

Francois Puget, Retrato de músicos y artistas, 1688


Para la interpretación de estas piezas se requiere de una sala con muy buena acústica, y es admirable cuando las piezas para instrumentos de no muy potente sonoridad se escuchan bien en todos los sectores del teatro. Desde el anfiteatro en que me encontraba las piezas para solo de laúd y de viola se escucharon maravillosamente en medio de un silencio casi religioso. Para mi gusto, entre los puntos altos del programa estuvieron precisamente estas piezas. “La rêveuse”, de Marin Marais, sonó con toda su fina melodía y honda expresividad.

 

William Christie

William Christie


Gracias, William Christie. 

Gracias a Les Arts Florissants. Campra y Couperin, Le Roux y Bernier junto Marais, Clérambault, Pignolet y Elisabeth Jacquet de la Guerre, brillaron en vuestras voces maravillosas y en vuestros bien meneados instrumentos.  

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A quien tenga dudas acerca del vocable marcado con cursiva le recuerdo, por venir un poco al caso, los versos finales del poema más conocido de Fray Luis de León, que sonaron en mi mente, anoche después del concierto, cuando estaba por dormirme:

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,

de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.


Una velada inolvidable, entre otras excelentes que este año nos ha ofrecido el Teatro Municipal.


© 2014
Lino Althaner