La peregrinación (A la huella, la huella)

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Albrecht Dürer

Albrecht Dürer


A la huella, a la huella

José y María,
por las pampas heladas
cardos y ortigas.

A la huella, a la huella
cortando campo,
no hay cobijo ni fondo
sigan andando.

Florecita del campo,
clavel del aire,
si ninguno te aloja
¿adónde naces?

¿Dónde naces, florecita,
que estás creciendo,
palomita asustada,
grillo sin sueño?

A la huella, a la huella
los peregrinos,
préstenme una tapera
para mi Niño.

A la huella, a la huella
soles y lunas,
los ojitos de almendra,
piel de aceituna.

¡Ay burrito del campo!
¡Ay buey barcino!
¡Que mi Niño ya viene,
háganle sitio!

Un ranchito de quincha,
sólo me ampara,
dos alientos amigos
la luna clara.

A la huella, a la huella
José y María
con un Dios escondido,
nadie sabía.

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De la Misa Criolla. Música: Ariel Ramírez. Letra: Félix Luna

Intérpretes: The King’s Singers

© Lino Althaner
2014

Sugerencias para Navidad

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Comenzamos diciembre, el mejor mes del año.

Lo que en diciembre se celebra, su sentido, cada vez se nos vuelve menos claro. Prontos estamos, en cambio, para morder el anzuelo que nos tienden los comerciantes, que ya desde fines de octubre comienzan a preparar su propia celebración a costa nuestra. Cosa que hacen con gran generosidad, abriendo ampliamente las puertas al consumo y al endeudamiento (¡miel sobre hojuelas!), al pago diferido (mientras más diferido, más suculento para el comerciante y más oneroso y usurario para su cliente).

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Albrecht Durer – Cervus lucanus (wikipaintings.org)


Bueno, la verdad es que los comerciantes no celebran la gran fiesta del mes de diciembre. Lo de ellos es más bien una gran contracelebración, que repetida año tras año, ha terminado por hacer que nos olvidemos de la verdadera fiesta. Ella no es la llegada del Viejo Pascuero ni el pino iluminado por ampolletitas intermitentes, rodeado de regalos con que engañamos a los niños y nos hacemos lesos a nosotros mismos. No es esta la fiesta de la competencia y de la ostentación, éste no es un evento farandulero. Es esta la fiesta del Nacimiento, del Renacimiento, de la Redención. Es la fiesta del tiempo que se renueva, que algún día se renovará completamente. Es por ello propicio que se halle tan cercana al Año Nuevo. 

Si celebramoas, hagámoslo como es debido. Celebremos con sentido. Sabiendo lo que estamos celebrando. Tratando de recuperar esta fiesta para nosotros, arrebatándola de las manos de quienes la han disminuido y desnaturalizado,  y multiplicado para su intereses. No es esta la fiesta del mercado, no es la fiesta del comercio, de los bancos, de los supermercados. Es esta la fiesta del hombre, del niño, es esta la gran fiesta de la familia, que es el lugar en que se encuentran el hombre, la mujer, el niño y el anciano, que debieran juntarse especialmente en esta ocasión, para recordar y festejar lo que se celebra de verdad.

No es este el mes de las urgencias. Aunque a veces parece que lo fuera. En el ciego afán de cumplir con los roles que el mercado liberal nos ha asignado, corremos como nunca este mes. Como consecuencia de lo cual aumentan los tropezones, los pisotones, los codazos y los choques. Aumentan los clientes de las postas de urgencia y de la morgue. Crece el descontrol, la agresividad, está la ira a flor de piel. El entorno presiona a las personas hasta lo insoportable, obligándolas a comportarse contrariando su naturaleza. Urgiéndose sin sentido plausible. Ocurre mucho en diciembre. Aumentan los síntomas de enfermedades que aparecen porque es demasiada la presión: delirios, alucinaciones, manías (las típicas “enfermedades de la cabeza” de Kant) y nuestras conocidas depresiones. En este mes de diciembre, en que celebramos al Hombre que nace, tengámonos respeto, acordémonos que somos nada menos que hijos de Dios. Este no es el mes del ajetreo y de la prisa, sino el del retiro, la meditación y la calma, la paz. Así me lo enseñaron quienes sabían lo que en ese ambiente había que festejar.

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Albrecht Durer – Joven liebre (wikipaintings.org)


El espíritu profundo de este mes nos dice, en cambio, que no nos apuremos. O que nos apuremos sin prisa. Festina lente reza el lema.  Caminad lentamente si queréis llegar más pronto a un trabajo bien hecho. Una vez más se los recuerdo, pues resulta especialmente válido para el mes de Navidad. El oro del mundo, que nos llega a raudales este mes, se pierde en la prisa.

Rainer Maria Rilke, el poeta bohemio, comenta sobre el particular en sus Sonetos de Orfeo (XXII):

Wir sind die Treibenden.
Aber den Schritt der Zeit,
nehmt ihn als Kleinigkeit
im immer Bleibenden.

Alles das Eilende
wird schon vorüber sein;
denn das Verweilende
erst weiht uns ein.

Knaben, o werft den Mut
nicht in die Schnelligkeit,
nicht in den Flugversuch.

Alles ist ausgeruht:
Dunkel und Helligkeit,
Blume und Buch.

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Albrecht Durer – Retrato de un joven (wikipaintings.org)


Lo que en español debería sonar más o menos así:


Somos hombres inquietos.

Pero el paso del tiempo
no es  más que pequeñez
en lo eternamente perdurable.

Todo lo que apremia
pronto habrá pasado;
pues sólo es capaz de consagrarnos
lo que permanece.

Oh, no pongáis, muchachos,
el valor en la urgencia
ni en el querer volar.

Está todo en reposo:
la sombra y también la claridad,
la escritura y la flor.


Para finalizar esta entrega, resumo estas pequeñas sugerencias para el mes de diciembre:

no agitarse comprando,
no endeudarse,
no participar en la competencia que el mercado nos impone,
no hacer ostentación,
no dejarse llevar por la urgencia .

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Albrecht Durer – Manos en oración (wikipaintings.org)


y todo posponerlo para acordarse de lo que hay que celebrar.

Para ponerse en sintonía con la fiesta, que sirva este concierto de Arcangello Corelli, fatto per la notte di Natale. La pastoral maravillosa con que termina, ¡qué manera de impregnarnos del espíritu de la Navidad!
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Esta entrada es reedición de una anterior.

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© Lino Althaner
2014

Eterno lamento

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Está todo hecho trizas, perdida toda coherencia; 

todo cargo y justa relación; príncipe, súbdito,
padre, hijo, son cosas del pasado.

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Tis all in pieces, all coherence gone;
All just supply, and all Relation;
Prince, Subject, Father, Sonne, are things forgot.

John Donne
(1572-1631)


La incansable queja, a cada paso. Ya los profetas se lamentaban. Homero también se lamentaría de lo mismo. Del pasado perdido. De las tradiciones que se disuelven. De los usos que cambian. De las instituciones que vacilan. De las columnas que se desmoronan. De cómo lo que ayer se veneraba hoy día es pisoteado.

Pero sigue la vida como antes. ¿Ha sido algún día mejor o peor, la estancia del hombre sobre la tierra?

Albrecht Dürer - Melancolía

Albrecht Dürer – Melancolía

Las cosas se disgregan, cede el centro,
se abate la anarquía  sobre el mundo.
La marea sangrienta se desboca
y se ahogan por doquier los ritos de inocencia;
Carecen los mejores de toda convicción;
mientras lucen los peores feroz energía.

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Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

W. B. Yeats
(1865-1939)


Es que, como de costumbre, Los mejores, mal guiados, suelen perder sus convicciones. Habría que decirles:  No son tanto los guías quienes importan; el que importa de verdad es el maestro. El verdadero Maestro, el que vive en nosotros, el que todos conocemos.  Los guías, por desviados que en algún momento pudieran estar, no pueden escamotearnos al Maestro.

Los peores, aunque no lo crean, tienen al mismo Maestro, también al alcance de la mano. En cualquier momento también se vuelven buenos.

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Thomas Tallis (1505-1585), el gran compositor inglés, es el autor de la música, basada en las Lamentaciones del profeta Jeremías.  Interpreta, el conjunto estonio Ensemble Heinevanker, famoso por la exquisitez de su calidad vocal, su entonación y su concertación, especialmente en el canto a cappella.

© Lino Althaner
2014

Los tres males de la humanidad (Guía de Perplejos 3c)

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Vimos en el artículo anterior de esta serie que, según Maimónides, existen en el mundo tres clases de males: El mal natural, el mal que se ocasionan los hombres unos a otros y el que se causan a sí mismos.

El mal natural. Ya lo dijimos. La naturaleza del hombre lleva consigo el límite, la imperfección. La materia de que está compuesto determina su debilidad. Su vida pende de un hilo. Lo acechan los accidentes, las enfermedades, los achaques de la edad y la muerte. Y como ser dotado de conciencia, sabe y sufre su vulnerabilidad.  De esta condición humana, materia dotada de conciencia, deriva la primera clase de males que suelen afectarlo. Son ellos, no obstante, los menos frecuentes, explica el sabio cordobés en la “Guía de Perplejos”.

Albrecht Dürer, Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Albrecht Dürer, Los cuatro jinetes del Apocalipsis

El mal que los hombre se hacen unos a otros. El abuso de la fuerza, la injusticia, las mil caras -tantas veces enmascaradas- de la explotación, la tiranía, la guerra: el mal que un hombre inflige a otro hombre, que a su vez quiere vengarse o se desquita en un tercero. Estos males, nos dice Maimónides, son bastante más frecuentes que los de la primera especie. Un examen de la prensa diaria, nacional o internacional, lo confirma. Allí hallamos las crónicas del crimen abierto o encubierto, ejemplos de la violencia injusta, de la rutina inestable de tantos pueblos, de la realidad que todo pueblo ha vivido alguna vez en su historia.

Aunque Maimónides no es del todo pesimista a este respecto. Y afirma: “Sin embargo, en ninguna ciudad del mundo hallarás que los males de esta clase estén generalizados entre los habitantes de la misma, sino que su existencia es también rara, como el individuo que sorprende por la noche a otro para matarle a robarle. Solamente en las grandes conflagraciones de esta especie de males alcanza a cuantioso número de gentes; pero ni aun esto es frecuente en toda la tierra”.

Es este el tipo de conflagraciones en que se especializó exquisitamente la humanidad civilizada en el siglo XX: carnicerías bestiales en unas estúpidas guerras, genocidios, campos de concentración de diverso signo, masivas hambrunas, exilios colectivos, bombas atómicas, decenas de millones de muertos inocentes. Todo en nombre de insensatas utopías, Difícil para nosotros, el optimismo del filósofo judío.

Plaza Tiberiades en el barrio judío, Córdoba

Plaza Tiberiades en el barrio judío, Córdoba

Los males que el hombre se ocasiona a sí mismo. Estos, los del tercer tipo, son los más comunes. Sobrevienen a la persona por su obra u omisión y lo arruinan por su propia voluntad. Derivan de la desmesura en el actuar y en el ambicionar lo innecesario, aquello de lo cual se puede prescindir sin detrimento de la realización personal, esto es las cosas difícilmente alcanzables, por lo tanto escasas y onerosas. Por ellas los hombres se desviven en engañoso espejismo, compitiendo torpemente entre sí,  pagando un precio descomedido.

“De éstos males se lamentan todos los hombres, y pocos se encontrarán que no sean responsables de ellos ante sí mismos”. Cita Maimónides el Libro de los Proverbios (6,32):

“La necedad del hombre tiene sus caminos”.

También el Eclesiastés (Ecl 7,29):

“Lo que hallé fue sólo esto: Que Dios hizo recto al hombre, pero él se complicó con muchísimas maquinaciones”.

Pues “no brota del polvo la iniquidad, ni es el suelo el que produce el infortunio”, sino que “es el hombre quien engendra la desventura”. (Job 5,6.7)

William Blake, Los Ángeles del Bien y del Mal

William Blake, Los Ángeles del Bien y del Mal

Esta clase de males -asevera Maimónides- es consecuencia de todos los vicios, esto es, por ejemplo, del apetito excesivo por la comida y la bebida, especialmente si estas son de mala calidad, o de la práctica desmedida del acto sexual.  Tanto las dolencias perniciosas del cuerpo como las del alma derivan de tales desmesuras. Por una parte, la alteración experimentada por el cuerpo influye necesariamente en el espíritu, en el ánimo o en el sistema nervioso, Desde otro punto de vista, el alma suele inclinarse a las apetencias por lo innecesario, por el lujo y la ostentación, por el exceso, desequilibrándose a sí mismo y ocasionando la ruina del cuerpo y del espíritu.

“Así, todo hombre ignorante, de torcidos pensamientos, siempre anda triste y apesarado porque le es inasequible el lujo conseguido por otro, y a menudo arrostra grandes riesgos… con el fin de lograr estos lujos inútiles; mas cuando adentrado por esos caminos experimenta contrariedades, se queja del decreto de Dios y sus preceptos, empieza a murmurar contra su fortuna y se asombra de su poca justicia, porque no le ayudó a conseguir gran riqueza con que agenciarse vino en abundancia para estar siempre embriagado, y numerosas concubinas ataviadas con oro y pedrería de variadas clases, que le sirvan de incentivo para disfrutar del placer sexual más de la cuenta, como si en ello se cifrara el objetivo de la existencia de ese miserable”.

El hombre suele precipitarse al abismo ciegamente. Y si no logra la consecución hasta el punto de hacer asequible a su alma perversa la satisfacción de sus pasiones rastreras y apetitos suicidas, incurre en la adicional insensatez de culpar a Dios de impedirle alcanzarla. O, en caso de alcanzarla, de los males -enfermedades, accidentes y desolaciones- que son consecuencia directa o indirecta de tan desmesurada satisfacción.

Ephraim Lilien, La Alianza de Abraham

Ephraim Lilien, La Alianza de Abraham

Por el contrario, nos dice, “los virtuosos y sensatos conocen y penetran la sabiduría que resplandece en el universo, como lo proclamó David (¡la paz sea sobre él!): ‘Todas las sendas de יהוה son benevolencia y verdad, para los que guardan su alianza y sus mandamientos’ (Sal 25,10), dando a entender que quienes se acomodan a la naturaleza de las cosas y a los preceptos de la Ley, percatados de la finalidad de entrambas, contemplan claramente la bondad y la verdad universal; por ello cifran su ideal en lo que constituye su destino como hombres… En cuanto a las necesidades corporales, buscan lo preciso, pan para comer y vestido para cubrirse” y desprecian lo innecesario, pues la sed de cosas superfluas deviene, más ordinariamente de lo que se pudiera pensar, en carencia de lo rigurosamente necesario.

Como se puede ver, la sabiduría de estas orientaciones sigue siendo válida en estos días, quizás más válidas que nunca en una sociedades mercantiles que hacen lo imposible por crear necesidades del todo artificiales, por promoverlas y por facilitar al hombre la satisfacción de las mismas a cambio de un precio demasiado elevado: primero la pérdida de rumbo, luego la adicción y el extravío; con frecuencia la ruina o el vacío, o ambos a la vez.

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Opino, en todo caso, que misteriosamente, cualquiera que sea el mal que lo aflige, siempre queda para el ser humano la intuición de una fuerza capaz de redimirlo, de una plenitud que se puede sobreponer a cualquier contrariedad. Que se hace presente en las peores condiciones, haciendo realidad el famoso verso de Hölderlin:

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“Donde impera el peligro, crece también lo que nos salva”
(“Wo aber Gefahr ist, wächst das Rettende auch”).

© 2014
Lino Althaner

 

Las alas del deseo

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De pronto me conmueve un ejemplo de buen cine. Difícil que sea parte de lo que están mostrando las salas santiaguinas, cuyas carteleras las copa casi completamente el cine comercial. Las gemas del séptimo arte me llegan generalmente en formato DVD, por intermedio de un amigo.

El título de este filme -o mejor dicho, su traducción al español y al inglés como Las alas del deseo o Wings of Desire– habrá inducido a más de alguna decepción. El original, menos vendedor por cierto, es El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin). El cielo no es el visible sino el metafísico o teológico, en el cual moran los ángeles en la cercanía de Dios. La película fue dirigida por Wim Wenders y le cupo importante participación en el libreto al escritor austríaco Peter Handke. La historia que cuenta esta obra cinematográfica (1987) es una de ángeles, de ángeles cercanos a los hombres. De dos ángeles que visitan la actual capital de Alemania después de la Segunda Guerra y antes de la caída del muro.
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Lo que ven son las huellas del enfrentamiento bélico, además de lo que, sobre esos restos, han construido los sobrevivientes y sus sucesores. Los ángeles observan a los hombres. Que son, por una parte, los hombres ocupados, preocupados, sufrientes, a quienes contemplan compasivamente, tratando de confortarlos, de proveerlos de fuerza espiritual, pues no tienen poder para solucionar sus problemas. Aunque, por otra parte, también los envidian, por ejemplo, en su capacidad para gozar de las cosas más bien simples, incluso un poco sórdidas a veces, de que se han ido rodeando para pasar la vida. Desearían también ellos, un poco cansados de la vida eterna en el puro ser espiritual, ser capaces de entretenerse como los hombres o de experimentar el placer de beber un café o fumar un cigarrillo. Los fascinan los humanos pasatiempos y los humanos afectos.

Los niños atraen toda su atención. Se sienten con ellos identificados. Los fascina el mundo del circo, en el cual ven tal vez una vida más real que el de las fábricas y las oficinas. Pero, más que nada, se sienten atraídos por el amor de los enamorados. Esa magia, ellos quisieran vivirla.

Es tanta la curiosidad y tanto el encantamiento que uno de los dos ángeles decide renunciar a su puro ser espiritual para hacerse de un cuerpo y de una idoneidad para sentir, percibir, desear y gozar. El amor humano que ya había intuido, termina entonces por concretarse, y el ángel se enamora de una trapecista del circo. Se enamora y se compromete. Pero el compromiso de los enamorados no es uno cualquiera. Ellos quisieran comprometer con su amor a todos los hombres, para que estos pudieran por fin advertir que en el amor reside la única vía de redención.
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El filme pareciera tener connotaciones gnósticas. La caída del espíritu que se siente fascinado por la naturaleza, por el mundo, para luego pasar a tener la condición de prisionero de sus ataduras materiales y corporales, está presente, con variantes, en el mito de los gnósticos antiguos, que suele imaginar la redención como empresa divina cuyo fin es la liberación del espíritu humano de su cárcel terrena, para permitirle retornar a su pureza y plenitud originales. Enfrentado a esta concepción, una duda podría ser la siguiente: ¿el ángel de Wenders y de Handke es un ángel caído, que confirma al hombre en su oscuridad, en su limitación, o es un ángel redentor?

La respuesta es evidente, aún antes de releer y entender enteramente el poema de Peter Handke, que acompaña al desarrollo argumental de principio a fin, leído por un anciano Homero redivivo, rapsoda eterno.

Canción de la infancia

Cuando el niño era niño
caminaba balanceando los brazos,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuese un torrente
y que ese charco fuera el mar.

Cuando el niño era niño
no sabía que era niño,
para él todo estaba animado
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño
no tenía una opinión de nada,
no tenía costumbres,
se sentaba a menudo con las piernas cruzadas
o salía corriendo,
tenía un remolino en el pelo
y no hacía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntar:
¿Por qué soy yo y no tú?
¿Por qué estoy aquí y no allá?
¿Cuándo comenzó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿La vida bajo el sol no es sólo un sueño?
Lo que veo, oigo y huelo ¿no es acaso
una ilusión del mundo ante el mundo?
¿Existen realmente el mal
y la gente mala de verdad?

¿Cómo es posible que yo, el que soy,
no existiera antes de nacer
y que un día yo, el que soy,
no seré más este que soy?
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Cuando el niño era niño,
no pasaba las espinacas, las arvejas,
el arroz con leche, la coliflor,
ahora come todo eso, y no sólo porque debe.
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 Cuando el niño era niño
una vez despertó en una cama desconocida,
y ahora lo hace una y otra vez.
Entonces mucha gente le parecía hermosa,
ahora sólo unos pocos, y con suerte.
Tenía una imagen clara del Paraíso,
ahora, a lo sumo puede adivinar,
no concebía la nada,
y hoy tiembla ante la sola idea.
 
Cuando el niño era niño
jugaba con entusiasmo,
y ahora se emociona como entonces
pero sólo con el trabajo.
 
Cuando el niño era niño
era suficiente comer una manzana, …pan.
Y aún ahora lo es.
 
Cuando el niño era niño
las moras le caían en las manos
como sólo las moras pueden hacerlo,
y así es hasta hoy.
Las nueces le ponían áspera la lengua
y aún lo hacen,
tenía, en cada montaña,
el anhelo de una montaña más alta
y en cada ciudad,
el anhelo de una ciudad mayor,
y todavía es así,
arrancaba las cerezas de las ramas más altas
con una euforia que siente todavía,
tenía cierta aversión a los extraños
que todavía conserva
y esperaba la primera nevada
como la espera hoy.
 
Cuando el niño era niño
arrojó un palo contra un árbol como una lanza
y allí está temblando todavía.
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Sigue el original alemán:

Lied Vom Kindsein
Als das Kind Kind war, /  ging es mit hängenden Armen, / wollte der Bach sei ein Fluß, /  der Fluß sei ein Strom, / und diese Pfütze das Meer. // Als das Kind Kind war, / wußte es nicht, daß es Kind war, / alles war ihm beseelt, /  und alle Seelen waren eins. // Als das Kind Kind war, / hatte es von nichts eine Meinung, / hatte keine Gewohnheit, / saß oft im Schneidersitz, / lief aus dem Stand, / hatte einen Wirbel im Haar / und machte kein Gesicht beim fotografieren. // Als das Kind Kind war, / war es die Zeit der folgenden Fragen: / Warum bin ich ich und warum nicht du? / Warum bin ich hier und warum nicht dort? / Wann begann die Zeit und wo endet der Raum?  // Ist das Leben unter der Sonne nicht bloß ein Traum? / Ist was ich sehe und höre und rieche / nicht bloß der Schein einer Welt vor der Welt? / Gibt es tatsächlich das Böse und Leute, / die wirklich die Bösen sind? / Wie kann es sein, daß ich, der ich bin, / bevor ich wurde, nicht war, / und daß einmal ich, der ich bin, / nicht mehr der ich bin, sein werde? // Als das Kind Kind war, / würgte es am Spinat, / an den Erbsen, / am Milchreis, / und am gedünsteten Blumenkohl / und ißt jetzt das alles und nicht nur zur Not. // Als das Kind Kind war, / erwachte es einmal in einem fremden Bett / und jetzt immer wieder, / erschienen ihm viele Menschen schön / und jetzt nur noch im Glücksfall, / stellte es sich klar ein Paradies vor / und kann es jetzt höchstens ahnen, / konnte es sich Nichts nicht denken / und schaudert heute davor. // Als das Kind Kind war, / spielte es mit Begeisterung und jetzt, so ganz bei der Sache wie damals, nur noch, / wenn diese Sache seine Arbeit ist. // Als das Kind Kind war, / genügten ihm als Nahrung Apfel, Brot, / und so ist es immer noch. // Als das Kind Kind war, / fielen ihm die Beeren wie nur Beeren in die Hand / und jetzt immer noch, / machten ihm die frischen Walnüsse eine rauhe Zunge / und jetzt immer noch, / hatte es auf jedem Berg / die Sehnsucht nach dem immer höheren Berg, / und in jeden Stadt / die Sehnsucht nach der noch größeren Stadt, / und das ist immer noch so, / griff im Wipfel eines Baums nach dem Kirschen in einem Hochgefühl / wie auch heute noch, / eine Scheu vor jedem Fremden / und hat sie immer noch, / wartete es auf den ersten Schnee, / und wartet so immer noch. // Als das Kind Kind war, / warf es einen Stock als Lanze gegen den Baum, / und sie zittert da heute noch.
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Porque la película de Wim Wenders contiene una palabra de amor. Pero también una de inocencia.  Lo que nos quiere decir el poema de Handke, incluido completo en el guión, es que cuidemos a los niños, que cautelemos su inocencia, que seamos como ellos, que miremos el mundo como ellos, extasiados por su hermosura y su misterio. Que no solo trabajemos. Que juguemos, con el entusiasmo de los niños. Que seamos capaces de imaginarnos un Paraíso. Si así lo hacemos, nos asegura, el mundo será, para todos los hombres, como el de un niño. Las frutas caerán en nuestras manos sin hacer mayor esfuerzo. Seremos capaces de arrancar las cerezas de las ramas más altas. Y esperaremos con ansias la primera nevazón. Y en todo hallaremos encantamiento.Pues el encanto del mundo y de la vida deriva del saber mirarlo como un niño. El hechizo sigue estando presente, pues

Cuando el niño era niño
arrojó un palo contra un árbol como si fuera una lanza
y allí sigue temblando todavía.
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Un bello poema para una película magistral. Ojalá pudieran verla o verla nuevamente, este filme brillante con un guión que es buena literatura y poesía. 
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La traducción del poema es de Sandra Toro .
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© Lino Althaner
2012 

Consejo

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Apresura tus pasos lentamente
sé audaz con prudencia

y no sirvas al señor equivocado
mantente encadenado a la belleza

huye de los signos de los tiempos
que no te cautiven las baratijas

y recuerda que eres barro iluminado
no te dejes domar como una bestia

a los perros no intentes entenderlos
no te inquietes por el barro de los puercos

abre las ventanas y las puertas
y déjalas abiertas

y no dejes de volar

si alguien te ofreciera una corona
quién está sobre ella verifica

y quien está detrás

y comprueba también si la corona
es de aquellas que no se marchitan.

(Del libro Estado del tiempo, RIL, Santiago 2010)
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©  Lino Althaner
2012

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