Festina lente (Apúrate lentamente)

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La sabiduría de apresurarse lentamente. Hasten slowly. Festina lente. Así suena Festina lente en la música de Arvo Pärt (Estonia, 1935):

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Pues, se ha de haber preguntado Arvo Pärt: ¿Qué sería de un músico en manos de la urgencia? ¿Qué es de los hombres en manos de la prisa?

Andamos como nunca de urgidos. Corremos de ida y de vuelta, en la mayoría de los casos sin mucho sentido. ¿Es normal que nos afanemos así de apurados? Mañana, tarde y noche, a toda hora, a pie o en bicicleta, en auto o en moto o en silla de ruedas, está el mundo apresurado por llegar a alguna parte. Niños en el colegio. Un negrero en la oficina. Un reloj que marca imperturbable la llegada y la salida. La importancia que asigno a mi función, profesión o trabajo. La ilusión de que todo depende de mi prisa: mi fortuna y la suerte de mi casa, el destino de la empresa o del oficio a que estoy encadenado. Hasta el futuro del país, en alguna medida. Si no somos capaces de correr lo suficiente, está a mano la taza de café o el cigarrillo o el energitizante, y a su lado el ansiolítico y el antidepresivo. El reloj se multiplica: en la mano, en el bolsillo, en el teléfono, en la radio o en la televisión. En la calle, en la casa, en la oficina. El reloj es nuestro guía. El reloj nos manda. El reloj nos esclaviza. Le rendimos pleitesía. Corremos de idea y de vuelta. La mayoría de las veces sin sentido.

Otro síntoma claro de locura. De cómo pelamos la papa. Y peinamos la muñeca. Nos agarra la moto, cual siervos de Cronos, con relojes en el alma.

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“Tengo la impresión de que andamos tan acelerados  que ni siquiera tenemos tiempo de mirarnos unos a otros y sonreírnos.”

Teresa de Calcuta

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“Si consideras el vigor y la riqueza expresiva encapsulada en tan pocas palabras – festina lente -tan fecundas, tan serias, tan útiles, tan ampliamente aplicables a todas las situaciones de la vida, fácilmente consentirás en que entre tantos proverbios no hay ningún otro más merecedor de ser inscrito en toda columna, de ser copiado sobre la entrada de todos los templos (¡y en letras de oro!), pintado en las grandes puertas de las cortes de los príncipes, grabado en los anillos de los prelados y representado en los cetros de los reyes.”

Erasmo de Rotterdam

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Este es el emblema original de Aldo Manucio (1449/50 – 6 de febrero de 1515), el humanista, editor y tipógrafo veneciano, famoso por su empeño en difundir los textos clásicos de la Antigüedad mediante la imprenta de tipos movibles inventada por Gutenberg unos decenios antes. Como la labor que realizaba era verdaderamente importante, pues de la pulcritud y fidelidad de ella dependía nada menos que el conocimiento de muchos autores antiguos por las generaciones futuras, entendió que le venía de perillas el lema que ilustran el ancla y el delfín. Que para trabajar con eficiencia, debía hacerlo con fina y amorosa y exquisita lentitud.

Los hombres han desarrollado el ingenio, a lo largo del tiempo, para imaginarse otras formas de expresar la misma idea:

la tortuga con las velas desplegadas,

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la mariposa refrenada por el cangrejo,

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la liebre y la caracola.

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“La prisa se opone a la ternura. No hay ternura apresurada -…- La prisa está unida a la violencia. El apresurado lo quiere todo ahora, y la violencia es el camino más corto. ¿Para que guardar las formas que siempre son lentas?”

José Antonio Marina

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Cada vez son más las personas que se parecen al Conejo Blanco con el que se encontró Alicia en su viaje al País de las Maravillas. ‘Tengo mucha prisa, tengo mucha prisa’, anuncian mirando el reloj a cuantos se topan con ellos en cualquier momento y lugar. Pero, ¿a dónde van? ¿Son más eficientes? ¿Son más dichosos? ¿Son de fiar los que padecen el síndrome constante de la urgencia?

“Los jefes, en un porcentaje alarmante, no son los que saben mandar, prever, organizar, distribuir el trabajo, sino los que meten prisa. No resuelven, agobian.”

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Este libro se ha hecho bastante famoso:  

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“La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes… Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones, de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos qué es lo realmente importante.”

Carl Honoré

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Acordémonos los hombres de nosotros mismos. No somos máquinas. Las máquinas se apresuran, pero son un instrumento al servicio del hombre. No compitamos con ellas. Con las tuercas, los circuitos, los pernos y los tornillos. Al revés de la máquina, tenemos unos campos que sembrar y cultivar y cosechar, dentro de nosotros mismos. La prisa hace al hombre olvidadizo de su condición. La prisa mata los cultivos.

Pound escribió un poema famoso denigrando a la usura. Podría ser parafraseado fácilmente, poniendo la prisa o la urgencia en vez de usura. Creo que no se resentiría. Pido permiso al bueno y grande de Ezra, como también al poeta chileno Armando Uribe, que lo tradujo:

La urgencia oxida el buril
Oxida al arte y al artesano
Roe la fibra en el telar
Nadie aprende a urdir oro en su molde;
Azur tiene una úlcera por la prisa;
carmesí no es encarnado

Esmeralda no encuentra ningún Memling
La prisa asesina al niño en el vientre
Impide el cortejo del joven
Trae apatía al lecho, yace
entre la novia y su joven novio
CONTRA NATURA
Han traído rameras para Eleusis
Cadáveres destínanse al banquete
al mando de la urgencia

y, por supuesto, de la usura
(que suelen asociarse con frecuencia)

 

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Esta entrada es la edición ampliada de una anterior.

© 2014
Lino Althaner

El ascenso del alma

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En el artículo anterior hice una referencia al Poimandres, atribuido a Hermes Trismegisto, un texto al que debería dedicarme más a fondo en este espacio. Tal vez, luego de terminar el ciclo sobre Hildegarda de Bingen y las visiones del Libro de las Obras Divinas.

La temática del Poimandres trata del mito gnóstico que gira en torno a la figura divina del Hombre Primordial y su caída en la naturaleza terrenal, y que culmina en la posibilidad de redención que es brindada al alma capaz de superar, después de la muerte, las pruebas que se interponen en su camino ascensional. Para ello, debe atravesar las siete esferas planetarias del universo geocéntrico de Ptolomeo (Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno), cada una de ellas custodiada por celosos guardianes que tratarán de impedírselo, y llegar a la octava esfera -la Ogdóada- de las estrellas fijas, la cual lo ubica ya en el umbral mismo de la morada del Padre Dios. Es una historia bellísima.

 

Ramón Llull - De nova logica, 1512

Ramón Llull – De nova logica, 1512 – Las siete esferas están aquí figuradas por los siete peldaños del reino mineral, el fuego, las plantas, las bestias, el hombre, el cielo y los ángeles. En el octavo y divino peldaño, la Sabiduría ha construido su morada (Alexander Roob, Alquimia y Mística, Taschen 1997)

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Según Sinesio de Cirene (370-c.314), filósofo neoplatónico y a su vez sacerdote cristiano, obispo de Ptolemaida, el ascenso que debe superar toda alma humana para recuperar su esencia primordial y morar en la Casa de Dios, ni el mismo Jesús el Mesías puede evitarlo. Así se manifiesta en este hermoso himno de su autoría:


Durante la Ascensión, ¡oh, Señor!,

temblaron los demonios del aire.
El coro de las estrellas inmortales
enmudeció de asombro.
El sonriente éter, sabio
generador de armonía,
tañó la lira de siete cuerdas
e interpretó un aire triunfal.
Mas Tú, con alas extendidas,
irrumpiste a través de la azulada bóveda
y reposaste en las esferas
de pura Inteligencia:
fuente de todo lo que es bueno,
el cielo se llenó de Silencio.


Suenan los sones de la lira de siete cuerdas. Siete notas, siete cuerdas, siete planetas, siete esferas. Sin embargo, en el momento culminante, el gozo que inunda a todo el cosmos y al reino de los cielos es tan inmenso, que solo el Silencio es capaz de expresarlo.
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Arvo Pärt nos brinda una recreación musical del silencio. Parecido tal vez a aquel Silencio.


© 2014
Lino Althaner

My heart’s in the Highlands

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My heart’s in the Highlands, my heart is not here,
My heart’s in the Highlands, a-chasing the deer;
A-chasing the wild-deer, and following the roe,
My heart’s in the Highlands, wherever I go.

Farewell to the Highlands, farewell to the North,
The birth-place of Valour, the country of Worth;
Wherever I wander, wherever I rove,
The hills of the Highlands for ever I love.

Farewell to the mountains, high-cover’d with snow,
Farewell to the straths and green vallies below;
Farewell to the forests and wild-hanging woods,
Farewell to the torrents and loud-pouring floods.

My heart’s in the Highlands, my heart is not here,
My heart’s in the Highlands, a-chasing the deer;
A-chasing the wild-deer, and following the roe,
My heart’s in the Highlands, wherever I go.
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Los versos son de Robert Burns (1759-1796), el gran poeta escocés, que expresa en ellos el poderoso sentimiento de nostalgia que lo aflige en la lejanía de su patria. Dulcemente le pesa ese sentimiento y se figura que, dondequiera que se encuentre, su corazón permanece allá, en las Tierras Altas de su Escocia. Y desde la lejanía les dice adiós, a las tierras del Norte, donde moran el coraje y el mérito. A las montañas cubiertas de nieve, a los valles, a los bosques agrestes, a los ríos y sonoras corrientes. Pero allá se ha quedado su corazón.

Prefiero este resumen imperfecto, porque estos versos me parece difícilmente traducibles, a pesar de su simplicidad formal y el carácter directo de su contenido.  He visto unas versiones por allí que dan escalofríos -que, por ejemplo, traducen “Highlands” por Altiplano. Mejor dejarlos así, sobre todo que, en la musicalización que de ellos hace el compositor estonio Arvo Pärt (1935), nos dirán ciertamente mucho más que una forzada traducción.
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Unos versos de mi querido músico y poeta Robert Allen Zimmerman (1941), más conocido como Bob Dylan, se inspiran precisamente en el poema de Robert Burns. Transformados y realzados por la música del propio Bob, suenan my bien, para mi gusto.  Son su propia versión de la nostalgia por las Tierras Altas. De esas tierras por donde “fluyen las corrientes de Aberdeen”, a las que el músico poeta quisiera regresar, pero solo cuando “cuando sienta que es lo suficiente bueno para merecerlo”. Para mi gusto es un excelente poema, que insiste en comparar las dificultades e imperfecciones de la vida actual, acechada por la rutina y la locura, con la vida en las Tierras Altas.

En la canción de Bob Dylan, parece indiscutible que con la referencia a las Tierras Altas se alude a unas regiones metafísicas ubicadas muchísimo más arriba o más allá que las escocesas.

Esta vez, a las dificultades de una traducción poética se une la extensión del poema. Pero la música, como en el caso de la composición de Arvo Pärt, es la gran intérprete de los sentimientos humanos, más abstracta que la palabra pero también más profunda. Cuando ambas se alían buenamente, se alcanza un pequeño ideal. Les recomiendo esta canción, que es del album “Time out of Mind” (1997), de Bob Dylan. Es esta su canción de mayor duración. Y no se olviden que no sin razón fue alguna vez postulado al Premio Nobel de Literatura.
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“Highlands”

Well, my heart’s in the highlands, gentle and fair
Honey suckle bloomin’ in the wildwood air
Bluebells blazin’ where the Aberdeen waters flow
Well, my heart’s in the highlands, I’m gonna go there when
I feel good enough to go.

Windows were shakin’ all night in my dreams
Everything was exactly the way that it seems
Woke up this mornin’ and I looked at the same old page
Same old rat race, life in the same old cage.

I don’t want nothin’ from anyone, ain’t that much to take
Wouldn’t know the difference between a real blonde and a fake
Feel like a prisoner in a world of mystery
I wish someone would come and push back the clock for me.

Well, my heart’s in the highlands, wherever I roam
That’s where I’ll be when I get called home
The wind it whispers to the buck-eyed trees of rhyme
Well, my heart’s in the highlands, I can only get there one step at a time.

I’m listening to Neil Young, I gotta turn up the sound
Someone’s always yellin’, “Turn him down”
Feel like I’m driftin’, driftin’ from scene to scene
I’m wondering what in the devil could it all possibly mean.

Insanity is smashin’ up against my soul
You could say I was on anything but a roll
If I had a conscience, well I just might blow my top
What would I do with it anyway, maybe take it to the pawn shop.

My heart’s in the highlands at the break of dawn
By the beautiful lake of the black swan
Big white clouds like chariots that swing down low
Well, my heart’s in the highlands, only place left to go.

I’m in Boston town, in some restaurant
I got no idea what I want
Or maybe I do but, I’m just really not sure
Waitress comes over, nobody in the place but me and her.

Well, it must be a holiday, there’s nobody around
She studies me closely as I sit down
She got a pretty face, with long white shiny legs
I said, “Tell me what I want,” she say, “You probably want hard boiled eggs.”

I say, “That’s right, bring me some.”
She says, “We ain’t got any, you picked the wrong time to come.”
Then she says, “I know you’re an artist, draw a picture of me.”
I said, “I would if I could but I don’t do sketches from memory.”

Well, she then, she says, “I’m right here in front of you, or
haven’t you looked?”
I say, “All right, I know but I don’t have my drawing book.”
She gives me a napkin, she say, “You can do it on that.”
I say, “Yes I could but I don’t know where my pencil is at.”

She pulls one out from behind her ear
She says, “All right now go ahead, draw me, I’m stayin’ right here.”
I make a few lines and I show it for her to see
Well, she takes her napkin and throws it back and says, “That
don’t look a thing like me.”

I said, “Oh, kind Miss, it most certainly does.”
She say, “You must be jokin’,” I say, “I wish I was.”
Then she says, “You don’t read women authors do ya?” at least
that’s what I think I hear her say
Well, I said, “How would you know and what would it matter anyway?”

Well she says, “You just don’t seem like you do.” I said,
“You’re way wrong.”
She says “Which ones have you read then?” I say, “I’ve read
Erica Jong.”
She goes away for a minute and I slide out, out of my chair
I step outside back to the busy street but nobody is goin’ anywhere.

Well, my heart’s in the highlands with the horses and hounds
Way up in the border country far from the towns
With the twang of the arrow and the snap of the bow
My heart’s in the highlands, I can’t see any other way to go.

Every day is the same thing, out the door
Feel further away than ever before
Some things in life it just gets too late to learn
Well, I’m lost somewhere, I must have made a few bad turns.

I see people in the park forgettin’ their troubles and woes
They’re drinkin’ and dancin’, wearin’ bright colored clothes
All the young men, with the young women lookin’ so good
Well, I’d trade places with any of ‘em in a minute, if I could.

I’m crossing the street to get away from a mangy dog
Talkin’ to myself in a monologue
I think what I need might be a full length leather coat
Somebody just asked me if I’ve registered to vote.

The sun is beginnin’ to shine on me
But it’s not like the sun that used to be
The party’s over and there’s less and less to say
I got new eyes, everything looks far away.

Well, my heart’s in the highlands at the break of day
Over the hills and far away
There’s a way to get there and I’ll figure it out somehow
Well, I’m already there in my mind, and that’s good enough for now.

© 2014
Lino Althaner

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