Lux et tenebrae (Catedrales versus cruzadas)

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Cuando las cuerdas que lo retenían estuvieron devoradas por el fuego,
llevó las manos ante sí y las elevó para rezar y bendecir a la multitud. “Es un
crimen quemar a tan buen cristiano”, bramaba la gente.
(Ejecución de Raimond de la Coste, Registre Fournier, siglo XIV)


Pero no dejemos que la luz de las catedrales nos enceguezca. O que las voces del coro con sus sones angelicales nos ensordezca. El contacto con la belleza, la más sublime, no produce un cambio en la humanidad. Esta sigue siendo un conjunto de individuos habitados por el ángel y la bestia. El ángel y la bestia que conviven también en las instituciones. Sobre todo en ellas.  

Asistimos a un desconcertante espectáculo. Al mismo ser humano que un día planifica obras de sublime belleza o se conmueve en la contemplación espiritual, lo encontramos al siguiente regocijándose en el sufrimiento ajeno, en el incendio, en la tortura, en el derramamiento de sangre. Y así ocurre también con las instituciones, y señaladamente con los gobernantes y hasta con los representantes de Dios en la tierra.

 

Catedral de Beauvais (siglo XIII)

Catedral de Beauvais (siglo XIII)


He seguido avanzando en la lectura del libro de Georges Duby “La época de las catedrales”, con una lentitud autoimpuesta, matizada ciertamente por lecturas paralelas relacionadas, tan importantes para verificar contradiciones o confirmaciones. En el paso del siglo XII al XIII me encuentro con San Francisco de Asís y su predicación de pobreza y de renuncia, de amor a los hombres y de amor a la creación. Contemplo como continua la febril empresa de arquitectura sagrada, que en Francia evoluciona hacia el estilo gótico radiante que se impone en Francia y que tiene en la Sainte Chapelle una de sus más brillantes manifestaciones.  Pero también hallo al poder espiritual confabulado con el poder temporal para desplegarse en feroces carnicerías en contra de los infieles y de los herejes. La época de las catedrales es también la de las cruzadas.

Parece haber tiempos históricos en que el contraste entre la luz y las tinieblas se hace más marcado. Esta sería una de ellas. Al monumento ligero y luminoso de las catedrales se opone la siniestra empresa guerrera que se organiza desde la cátedra de Pedro, pensada para colaborar con Jesús de Nazaret, el Mesías cristiano, en la redención de la humanidad. Unos pontífices ofuscados por la soberbia, enceguecidos por el poder, inconscientes tal vez de la grandísima traición que están perpetrando, son el supuesto instrumento de la ira de Dios.

No solamente los musulmanes supieron de los extremos a que puede llegar la crueldad en manos de hombres belicosos y de instituciones desviadas de su misión espiritual. Del inconcebible despliegue de violencia supieron los mismos cristianos, que lo eran los cátaros, los también llamados albigenses. Contra ellos precisamente, por constituir un obstáculo para imponer el poder temporal del rey de Francia en la región meridional de Languedoc y por atreverse a pensar en contra del dogma religioso, la furia se desplegó multiplicada, con pretensiones de aniquilamiento total.

 

Conques, en el Languedoc, escenario de la cruzada contra los cátaros - Iglesia de la abadía de Saint Foy (Languedoc), escenarios de la cruzada contra los cátaros.

Conques, en el Languedoc, el país de los cátaros – Iglesia de la abadía de Saint Foy


Una de las características de la doctrina cátara, típica de las tendencias religiosas gnósticas, es el dualismo, que afirma la radical oposición entre el bien y el mal, entre el espíritu y la materia. Esta idea es llevada al extremo de afirmar que el mundo material no es creación de Dios, el Padre de Jesucristo, sino del demiurgo, tenido como una especie de ángel caído, confinado a la tierra.

¿Se le ocurriría a alguno de los promotores y ejecutores de la siniestra cruzada, pensar que con su acción la más impía, la más cruel, la más contraria al pensamiento de Jesús de Nazaret, estaban de algún modo dando razón a la doctrina de quienes eran objeto de tan implacable persecución? ¿No confirmaban acaso con su acción que la luz y las tinieblas no sólo se oponen en el cosmos y en la tierra, sino que también en el bipolar comportamiento de los hombres?

¿Eran los cátaros unos seres perversos, apóstoles acaso de Satanás?

 

Carcasonne, otro escenario de la cruzada

Carcasonne


Acerca de los miembros de un movimiento germano similar al de los cátaros albigenses, análogamente también disciplinado, informaba el abad Evervin de Steinfeld en 1143 a Bernardo de Claraval, de la Orden del Cister:

Entraron a las llamas y soportaron su suplicio no sólo con paciencia, sino incluso con regocijo. ¿Cómo explicar que estos hijos del Diablo encuentren en su herejía coraje similar a la fuerza que la fe en Cristo inspira a los verdaderos religiosos?… Defendían su herejía con las palabras de Cristo y los apóstoles.

Dicen de sí mismos: Nosotros, pobres de Cristo, errantes, huyendo de ciudad en ciudad (Mt 10:23), como las ovejas en medio de lobos (Mt 10:16), sufrimos la persecución con los apóstoles y los mártires; sin embargo, llevamos una vida muy santa y muy estricta en ayunos y abstinencias, dedicando noche y día a rezar y a trabajar, sin pretender obtener de este trabajo más de lo necesario para vivir.

Soportamos todo esto porque no somos del mundo; pero vos, que amáis el mundo, estáis en paz con el mundo porque sois del mundo (Jn 15:19). Para distinguirnos los unos de los otros, Cristo ha dicho: Por sus frutos los conoceréis (Mt 7, 16). Nuestros frutos son las huellas de Cristo.

Un capítulo oscuro de la historia humana y de la historia eclesiástica, que no es posible silenciar, Tampoco escribiré mucho más sobre el particular, porque la verdad es que me produce una desazón muy profunda, que amenaza con convertirse en depresión.

Una ilustración más de la grandeza y de la miseria de la condición humana. 



Debe haber sonado así la música sagrada de los cátaros de Occitania.

© 2014
Lino Althaner

La profetisa del Rin

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Una mujer iluminada. Una mujer fascinante. ¡Que enorme desafío el de expresar algo significativo acerca de ella en unas cuantas líneas! Pues para la síntesis, no para las extensas disertaciones, están los blogs, al menos para mi gusto. Para despertar inquietudes y amistades espirituales.

Hildegarda de Bingen no es solamente una de las personalidades más fascinantes de la Baja Edad Media europea. Su genio multifacético deslumbra por su originalidad en el conjunto de la cultura occidental. Fue sin duda una escritora sobresaliente, que brilla particularmente por su obra mística, visionaria y profética, pero también por sus ensayos sobre ciencia natural y medicina. Fue también una prolífica compositora musical. Mujer de eminente y reconocida sabiduría, su influencia se proyectó sobre muchas personalidades de su época, con las cuales dialogó y discutió, y a las cuales reprendió en el momento oportuno.

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El hombre

Modelo de mujer, es una gracia caída del cielo para toda la humanidad.

Hildegarda de Bingen (1098-1179) se enclaustró en el monasterio de Disibodenberg a los catorce años, incorporándose solemnemente a la Orden de San Benito dos años después. En ella se conjugó, como no solía ser extraño, la voluntad de la familia y el destino religioso que le estaba destinado, con una temprana vocación religiosa, que habría de tener gustosos frutos.

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La tierra

Visiones resplandescientes la inquietaron desde niña. Imágenes luminosas, formas provenientes de otra esfera, colores encendidos; y una voz le explicaba lo que veía; y una música la acompañaba. Ya adulta, a los cuarenta y dos años le sobreviene un periodo visionario extraordinariamente activo, en el cual recibe la orden sobrenatural de describir y comentar las imágenes con palabras reveladas. La ciencia moderna, enemiga de lo espiritual, de lo que trasciende a los sentidos humanos, la ha diagnosticado con diversas dolencias. Yo le atribuyo solamente la dolencia agradecida de su pequeñez ante la divinidad, la vocación de la santidad, la entrega entera a su amado Dios, que creyó necesario recompensarla con dones difíciles de alcanzar.

Escribe el “Liber Scivias”. Uno de los monjes de Disibodenberg, Volmar, le sirve de secretario y escribiente. Es también su colaboradora una monja llamada Ricardis de Stade. ¿Quiénes iluminan e ilustran el libro? ¿Volmar o alguno de sus demás colaboradores? ¿Ricardis de Stade? ¿Unas monjas anónimas?

Pero Hildegarda duda en hacer públicas sus visiones y los textos resultantes. Recurre entonces a uno de los más eminentes espíritus de la época, Bernardo de Claraval, a quien dice visualizar “como un hombre que veía directo al sol y sin miedo”. Bernardo la alienta, invitándola a “reconocer este don como una gracia y a responder a él ansiosamente con humildad y devoción”.

La caída del paraíso

La caída del paraíso

Hacia 1148, una visión la hace concebir la idea de partir de Disibodenberg para fundar un monasterio. Después de alguna oposición por parte del abad, logra convencer a la autoridad eclesiástica de la conveniencia de realizar su propósito fundacional, que se concreta en la colina de San Ruperto, en las inmediaciones de Bingen y al oeste del Rin. Siendo ya abadesa del convento de San Rupertsberg, publica sus dos libros sobre ciencias naturales (“Physica”) y medicina (“Cause et cure”), en los cuales expuso sus conocimientos de fisiología humana, herbolaria y terapéutica natural. Comienza además la colección de cantos que tituló “Symphonia armonie celestium revelationum”, compuesta para atender a las necesidades litúrgicas de la comunidad.

Tiene alrededor de sesenta y cinco años cuando, como producto de una renovada serie de visiones, comienza la escritura de otra de sus obras fundamentales, el “Liber divinorum operum”, que completa diez años más tarde. Alterna sin embargo, su vida de escritora, con la actitividad meditativa y contemplativa, y también con la de predicación. En 1965 funda un segundo monasterio en la localidad renana de Eibingen.

El juicio final

El juicio final

Realizó una intensa labor de predicación, que gira principalmente en torno a la redención, la conversión y la reforma del clero. En este último punto, criticó duramente la corrupción eclesiástica. Se opuso al movimiento de los cátaros, pero propuso ganarlos por medios pacíficos, a través del convencimiento doctrinal y del buen ejemplo moral.

A la muerte de Volmar en 1173, debió recurrir a la ayuda de los monjes de la abadía de San Eucharius de Tréveris. También le sirvió por algún tiempo de amanuense el monje Godofredo de Disibodenberg. Su último secretario fue Guiberto de Gembloux, un monje flamenco.

 

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El amor de Dios, la vida y la salvación

En cuanto a la ilustración de sus libros, que indudablemente despierta una gran admiración, si bien Hildegarda no los pintó ella misma, es claro que daba precisas instrucciones a sus colaboradores en este ámbito para que se ajustaran al minucioso carácter de las imágenes visionarias que le eran reveladas. Son un necesario complemento de los textos visionarios, un complemento difícil de superar, un monumento en la historia del arte de la ilustración de libros.

Pero Santa Hildegarda, no solo se proyecta hasta nosotros, después de mil años, en textos místicos, en textos de ciencia naturales, en la imagen de sus visiones.

También lo hace en su música.

Y tanto más podríamos decir de ella. Sobre las luchas que debió librar y los obstáculos que hubo de vencer. Pero sobre todo, sobr el contenido de sus libros. Que estas pequeñas líneas sirvan al menos para despertar el interés por su vida ejemplar y por su extraordinaria obra.

El 7 de octubre de 2012, el papa Benedicto XVI le otorgó el título de doctora de la Iglesia.

© 2014
Lino Althaner

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