Arya (2)

3 comentarios

Era entonces preciso que despertáramos y que refináramos la vigilia, tratando de acercarla cada vez un poco más a sus auténticas posibilidades. Sólo lo alcanzaban unos pocos, se decía, que mediante un deseo inquebrantable de gozo y de sufrimiento, los más intensos, y la fe inquebrantable, habían llegado a familiarizarse con lo indecible hasta el punto de ser dignos de beber el licor divino.

Elefante al estilo de Kalamkari en Andra Pradesh

Pintura en tela al estilo Kalamkari de Andra Pradesh, India

No nos inquietaba perpetuar nuestros hechos en crónicas o anales. Nos marcaba un enorme escepticismo acerca de todo simulacro de inmortalidad. Si medimos el tiempo de alguna manera, no lo hicimos por años sino por eones. Una arcana disciplina nos iluminaba, despertando la conciencia, procurando un conocimiento refinado. Los videntes aumentaban nuestra fortaleza, ardiendo en la experiencia de la lucidez, de la cercanía del dominio trasparente. Y quedábamos signados con un aura soberana, que nos ahorraba instrumentos de persuasión. Después de beber nuestros sacerdotes el divino licor -el soma, la ambrosía, el supremo objeto del deseo- la tierra y sus criaturas se volvían nuestros subordinados. Podían aquéllos matar con la mirada, hacer que se abriera la tierra, incendiar el universo. Accedían a la profecía. Y quienes eran poetas a la revelación.

Era toda nuestra vida una especie de liturgia. Llegamos a pensar que los dioses se acomodaban en torno a los altares de nuestros sacrificios. Que las ninfas celestiales nos visitaban y que a los dioses se unían nuestras mujeres, que daban a luz semidioses y santos. Nuestro océano más grande era el cielo. El camino del cielo se prolongaba en esta tierra como un inmenso torrente, que luego fluía desde la cumbre nevada eternamente y desde el otro río, el torrente que se desparrama por la cabellera divina. De la unión de la tierra con los cielos quería hacerse nuestro mundo, nuestra  vida, continua ceremonia sagrada. Una fiesta, un banquete en que los dioses y los antepasados bebieran con nosotros, con todo el pueblo, bajo la mirada atenta del que ve sin ser visto. Como había ocurrido alguna vez, según contaban los viejos.

Recordaban con pena el día en que los dioses dejaron de ser visibles a todo el pueblo. Yo en cambio soy testigo de cómo la presencia invisible de los dioses se vuelve cada vez más tenue. Y se transforma en ausencia. Y la ausencia se hace muerte. En poder de los monstruosos enanos que se han apoderado de la tierra, que de dioses casi se han quedado huérfanos.

 

♣♣♣

 

Es esta la segunda parte de un artículo en que he pretendido registrar muy libremente la impresión derivada de la lectura de dos libros de Roberto Calasso –Ka (Anagrama, 1999) y El ardor (Anagrama, 2016)- que incursionan de manera fascinante en los mitos y creencias de los Arya (nobles), esto es, el pueblo de los indoarios, en el seno de cuya cultura se producen los Vedas, los Brahmanas y los Upanishads, libros sagrados de las religiones de la India, hinduísmo y budismo.

 

9788433908902

 

♣♣♣

 

© Lino Althaner
2017

 

 

 

 

 

 

Arya (1)

2 comentarios

Después de cruzar los más áridos desiertos, llegamos desde más allá de las montañas, las más altas. Encontramos el gran río y más allá la espesura, que parecía no tener fin. Nuestra primera tarea: hacer claros en la selva, espacio para los altares, pasto para los rebaños. El fuego nos abrió camino. Eramos devotos del fuego.

kisha mahabarata dan ramayana lengkap terbaru

No eran duraderas nuestras moradas. No hicimos palacios ni templos. Nuestro templo estaba en todas partes, dondequiera fuera posible erigir un altar y celebrar una liturgia que como pájaros nos impulsara, como ángeles hacia el cielo, en un viaje certero. No construimos murallas defensivas. Solía hacernos escolta una tropa de guerreros escogidos, amedrentadores en sus armaduras y en sus espadas, en sus aladas cabalgaduras, en sus carros de fuego. Pero eramos en esencia pacíficos pastores; además, vagabundos incansables, cazadores de horizontes, de océanos, de soles, buscadores inquietos, no tanto de cetros ni de coronas, sino más bien de regiones interiores, aquellas que alentaban en la mente de los hombres según nuestros videntes. Soñábamos en construir un imperio sobre ellas.

Es verdad que no dejamos vestigios materiales. Aunque sí la memoria de unos ritos, unos himnos, unas sabias aproximaciones, unas bellas historias: un todo hecho de sueños, de visiones, de reflejos. Y también la memoria de una lengua, con la cual nos hacíamos naves capaces de alcanzar el cielo por el torrente del canto y de la melodía.

Prescindimos de iconos, de piedra, de metal o de madera. Veíamos en nuestro pensamiento la imagen de todos los dioses. Pero solo percibíamos como un reflejo, luminoso pero incierto, la presencia del desconocido, el ser inmanifiesto a que todo está sujeto, cuyos ojos nos miran, que es la trama sobre la cual están tejidos el espacio y el tiempo. Adivinábamos su aliento en las piedras, en los bosques de mangos, pipales y tamarindos, en los animales, antílopes, caballos, elefantes, hormigas. ¿Pero ver a los dioses cara a cara, percibir a lo menos su aliento, escuchar el eco de sus voces o posar nuestros pies sobre sus huellas? ¿Contemplar las espaldas del desconocido? Tampoco era entonces cosa fácil. Para ello debíamos dejar de ser lo que somos los hombres de ordinario: espectros soñolientos, sumidos en la pequeña rutina como aturdidos, rodeados de las cosas y los casos ilusorios e inciertos de la existencia, miedosos y confundidos.

♣♣♣

Este texto es la primera parte de un artículo en el que he pretendido registrar libremente la impresión derivada de la lectura de dos libros de Roberto Calasso –Ka (Anagrama, 1999) y El ardor (Anagrama, 2016)- que incursionan de manera fascinante en los mitos y creencias de los Arya (nobles), esto es, el pueblo de los indoarios, en el seno de cuya cultura se producen los Vedas, los Brahmanas y los Upanishads, libros sagrados de las religiones de la India, hinduísmo y budismo.

53125488274897a76c6081248df7c4fdcfebaf0e

De Buda se dice que pronunció las siguientes palabras:

“Oh Rey, hay un país en las pendientes nevadas del Himalaya cuyo pueblo está dotado de riqueza y valor, y se ha asentado en la frontera de Kosala. Por clan son arios de la raza solar, shakyas por nacimiento. De esa familia procedo, y no deseo cosas mundanas …”

 

♣♣♣

 

© Lino Althaner

 

 

El poder de la mente

4 comentarios


El hombre puro, sentado en su casa y pensando los rectos pensamientos, será oído a mil millas de distancia.

Proverbio chino

Christopher Beikmann

Christopher Beikmann


No importa cuan alejado estés y cuan solitario te sientas; si realizas tu trabajo a conciencia y verdaderamente, amigos desconocidos te buscarán y llegarán a tí.

Proverbio alquímico

*

Solamente aquellos que han aprendido el arte de retirar sus ojos de la luz cegadora de las opiniones corrientes y que cierran sus oídos a los slogan efímeros, pueden recobrar lo esencial.

Carl Gustav Jung

*

Los textos seleccionados corresponden a una carta de Carl Gustav Jung al escritor, poeta y diplomático chileno Miguel Serrano, entonces embajador en la India. Está fechada el 14 de septiembre de 1960, ocho meses antes del fallecimiento del psiquiatra y psicólogo suizo, y se incluye, junto con otros interesantísimos documentos, en el libro de Serrano El círculo hermético (Editorial Kier, Buenos Aires 2004), en que relata su experiencia de amistad con Jung y Hermann Hesse, unidos los tres por su su empeño en preguntarse acerca de los misterios insondables del alma humana y del eventual poder de la filosofía oriental como instrumento para enriquecer la civilización cristiana de occidente.
.

tumblr_myufn8pUr01s1fgejo1_500


Los traigo a colación por su relación con la lectura del Libro Rojo, de Jung, que he comenzado recientemente.

Los dos primeros proverbios dicen, a mi entender, del supuesto poder de la mente profunda del hombre iluminado para proyectarse hacia otras mentes sin límites espaciales ni temporales, merced a su capacidad de engendrar imágenes que se atesoran en el inconsciente colectivo de la humanidad para surgir, inspirar y dar su fruto en el momento justo. Es un poder que sería capaz de generar secretas cadenas de amistad dispuestas a hacerse de pronto evidentes.   

El tercer texto es un comentario de Jung a un proverbio engañoso: Vox populi, vox dei, mayúscula trampa para quien aspire a aproximarse siquiera levemente a la verdad en cualquier orden de cosas.



© Lino Althaner

2014

Siervo y señor

6 comentarios


La subordinación y la autonomía absolutas tienen lugar al unísono. Así, en su ensayo La libertad del cristiano pudo afirmar Martín Lutero:

El cristiano es un hombre libre, señor de todo y no sometido a nadie,


y al mismo tiempo


El cristiano es un siervo, al servicio de todo y a todos sometido.

Ford Madox Brown (1821-1893) - Jesús lava los pies a Pedro

Ford Madox Brown (1821-1893) – Jesús lava los pies a Pedro


Comenta sobre el particular el filósofo japonés Keiji Nishitani en su obra La religión y la nada:

Porque, sólo quien regresa a la fe en el fundamento de Dios y recibe la libertad como señor sobre todas las cosas, puede convertirse en siervo de todas ellas allí donde niega su yo y su autonomía como sujeto. Y a la inversa: sólo aquel que ha negado su yo y puede ser siervo de todas las cosas, es capaz de ser, en el fundamento de Dios, señor de todas las cosas…

Un punto de vista como éste se revela a través de una negación absoluta que hace del yo una nada cuando regresa al fundamento de Dios, y a través de una afirmación absoluta por la que recibe la vida en el amor de Dios. 

Ford Madox Brown (1821-1893) - Jesús lava los pies a Pedro


La razón y la intuición me dicen de la verdad de las afirmaciones anteriores. De serlo, no serían válidas tan solo para el cristiano: que sometido al suave yugo de la negación de sí mismo y del servicio a los demás, sería capaz de alcanzar la suprema realidad, la que otorga el dominio sobre todas las cosas y la completa libertad.  Que el anonadamiento en el inefable fundamento de la divinidad engendra señorío. Que el completo señorío exige anonadamiento y genera máxima disponibilidad.

Una voz potente me dice que sí:

Que en el vacío de mí mismo, allí puedo encontrarme con el reino de los cielos.

Que en la servidumbre descubriría la entera libertad.

Que solo hallaría auténtica plenitud  en el anonadamiento.


Jesus Washing Peter's Feet 1852-6 by Ford Madox Brown 1821-1893


La paradoja está en la esencia de la fe, y no sólo de la cristiana. La violencia de la paradoja, de la cual tantos ejemplos se podrían traer a colación  -posiblemente, en un artículo futuro, sirve al propósito de entender la extremidad de la exigencia religiosa cimentada en el amor y la compasión.  

Imitar al Señor es vivir la sublime paradoja,, la redentora contradicción.

© Lino Althaner
2014

¿La mayor dificultad?

4 comentarios

Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis en particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial (Mt 5, 43-48).

.

British Library (Add Ms 28815)

British Library (Add Ms 28815)


Hay dos aspectos a destacar de este pasaje.

El primero es el mandato de amar a los enemigos tanto como a los amigos, presentado como la manera de llegar a ser perfectos como Dios. En el budismo se conoce como el amor indiferenciador entre enemistad y amistad. 

El segundo aspecto es el ejemplo citado como perfección: que Dios haga salir el sol sobre buenos y malos, y a la lluvia caer sobre justos e injustos. Este fenómeno revela una especie de indiferencia de la naturaleza, pero no se trata de una indiferencia fría e insensible, sino de amor. 

Es un amor indeferenciador que trasciende las distinciones que hace el hombre entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto.


Keiji Nishitani (1900-1990)

La religión y la nada (Siruela, 1999)

© Lino Althaner
2014

Deus ineffabilis

9 comentarios


El haiku que ilustraba la entrada de ayer se relaciona con un concepto cuya asimilación racional exige ciertamente un esfuerzo importante. El postulado de que la posibilidad de existencia del ser descansa en el vacío es, en efecto, una abstracción intelectual para nada relacionada con la experiencia común y corriente. Igualmente la idea de que ese vacío, esa ausencia de ser, es el solo lugar donde puede ser hallada la divinidad, entendida como la suprema radicalidad, aquella en que toda realidad se sustenta.

Original de Rainer Sturm

Original de Rainer Sturm


Teología negativa o apofática es la que afirma que de Dios, el esencialmente trascendente y del todo distinto a entidad alguna que el hombre pueda imaginarse en el terreno del ser, ningún atributo positivo se puede afirmar. Solo es posible referirse a él por medio de negaciones. Dios es, entonces, lo imposible de expresar en palabras -lo inefable-, lo que no tiene principio ni fin -lo increado, lo eterno- y que carece de todo límite -lo ilimitado, lo todopoderoso-, lo que no es susceptible de ser aprehendido por los sentidos -lo inaprehensible, lo invisible. Dios, conforme a esta visión, la suprema radicalidad que permite que cada ente sea, no obstante que él mismo, por pertenecer a un ámbito de orden completamente distinto, no sería propiamente una entidad ni tendría propiamente un ser. en el sentido en que de un ser humano se puede predicar que, en su condición de ente, es.

A este Dios, que es lo absolutamente otro en el vacío, el hombre solamente puede hallarlo en el vacío, en aquel “fondo -como dice Ramón Panikkar en su libro El silencio de Buddha– que es lo que fundamentalmente somos y que es idéntico, al mismo tiempo, a lo que ‘otro’ hombre pueda experimentar: aquel fondo que constituye lo más profundo de cualquier hombre, como lo puede comprobar quien haga tal experiencia; aquella hondura se vive, percibe, siente intuye, como el fundamento único de todas la cosas… y que no se agota en ninguna de ellas,… pues es un ‘trasfondo’ sin fondo”. Solo en la inmediatez de ese trasfondo es posible experimentar la radicalidad divina, una experiencia de lo absolutamente otro, de lo inefable. Una experiencia , como afirman los místicos, de la noche oscura, de lo inefablemente otro, oscuro por incomprensible.

San Gregorio de Nisa

San Gregorio de Nisa (siglo IV)


Yo estaba pensando en un párrafo para presentar unos poemas apofáticos de Angelus Silesius, un personaje que ha aparecido en algunas entradas anteriores del blog. Pues bien llevo tres párrafos y no he avanzado demasiado. Espero que a alguno de mis lectores les sirvan, si les resultan interesantes, para aclarar sus ideas. Dejaré por lo tanto los poemas del Peregrino Querubínico para el próximo artículo, contentándome por ahora con citar unos párrafos de San Gregorio de Nisa:


El verdadero conocimiento… y la verdadera visión consisten en ver que él es invisible.


Lo que hay que conocer acerca de Dios consiste en saber que conocerlo
no es otra cosa 
que descubrir que nada de lo que la mente humana puede
conocer acerca de Dios es 
conocer a Dios.


Este modo de acercarse a la trascendencia está muy emparentado con el budismo. Es lo que explica Panikkar en su libro. Es lo que da a entender Angelus Silesius en sus poemas.

.

.

También la música, si es música en serio, nos dice de lo inefable, de lo que permanece oculto en el misterio. Este motete -Veni Sancte Spiritus- es del compositor inglés John Dunstable (1390-1453).


© Lino Althaner
2014

El sonido del rocío

2 comentarios


DSC01541


Ahora que soy sordo

puedo oír claramente 
el sonido del rocío.


(Now that I am deaf/ I can hear clearly/ the sound of the dew).

 

Sumido en el vacío, el hombre es capaz de acceder a la esencia misteriosa de sí mismo, para desde allí quedarse contemplando el ser, la esencia de las cosas y la esencia de sí mismo. 

Este haiku, de autor desconocido, lo hallé citado en el libro La religión y la nada, del filósofo de la escuela de Kioto Keiji Nishitani (1900-1990). A juicio de este, el breve ilustra la potencia de la supraconciencia, que trasciende lo consciente y lo inconsciente, que se vive en la cercanía del sí mismo, el vacío de toda figura y de todo concepto. Nishitani, es un filósofo nihilista en el sentido de Eckhart y de Heidegger, que cree por lo tanto que la posibilidad de la existencia del ser descansa en el vacío. Se encuentra influido poderosamente por el pensamiento cristiano occidental pero desarrolla su filosofía en el ámbito del budismo.


© Lino Althaner
2014

Older Entries

A %d blogueros les gusta esto: