¿Quieres que te muestre mi último carro?

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Inmersos como hemos estado en las profundidades del Maestro Eckhart y en los versos sublimes de Hölderlin, nos habíamos olvidado de Chuang Tse, el maestro taoísta. Anoche he leído esta anécdota en su libro, que hoy la vuelvo artículo del blog.

De pasada les advierto que casi todos los personajes que aparecen mencionados en mi espacio editorial -además de los mencionados, Lao Tse y Juan de la Cruz, Rumi y tantos otros- pertenecen al mismo linaje, por distintos que sean, pues son distintos tan solo en apariencia. ¿Conocen ustedes la Gran Fraternidad Intemporal de la Divina Sabiduría? Todos ellos son socios de este club, cuyo presidente es todo un Personaje.

Pero he aquí la anécdota taoísta de Chuang Tse:

Yuan Xian, un sabio venerable, vivía en el estado de Lu, en una casucha. El tejado era de yerbajos verdes. La puerta, hecha con ramas de plantas salvajes, no llegaba a cerrar del todo, y una rama de morera servía de gozne. Era la ventana una vasija rota y una tela de harpillera lo que separaba las dos habitaciones. El tejado tenía goteras y el piso humedad.

Pero él, sentado bien derecho, cantaba acompañándose del chin.

Vino a verle Zigong, discípulo de Confucio, en un carro muy grande y muy lujoso. (Los vecinos lo observaban impresionados: ¿Qué hombre tan grande viajará en ese coche?).
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Rolls Royce Phantom - Petr Roncal Copyright 2007

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Vestía Zigong un no menos fino traje, de negro y rojo, cubierto con una capa muy blanca. Impecable. El coche no cabía en la calleja.

Subió a recibirle Yuan Xian, tocado de un gorro viejo y roto, calzado de zapatos llenos de agujeros y apoyado en la rama de un árbol que le servía de bastón. (Al verlo, la gente miraba para otro lado. Pobre, viviendo en esa casucha miserable, con el techo agujereado y sin siquiera un cochecito. ¡Qué miserable!).

Al ver a su amigo en tal miseria, Zigong clamó, escandalizado: -‘¿Qué desgracia te ha sobrevenido?’

A lo cual Yuan Xian respondió:

‘Tengo entendido que al que carece de bienes le llaman pobre, y desgraciado al que habiendo estudiado el Tao, no es capaz de poner en obra lo aprendido. Ahora Xian es pobre, mas no desgraciado’.

Zigong, avergonzado, dio unos pasos hacia atrás. Y le dijo Yuan Xian riendo:

-‘Eso de andar siempre complaciendo a la gente, festejando y haciéndose de amigos, estudiar para ser alguien y enseñar para propio beneficio, obrar el mal bajo el manto de la benevolencia y la justicia, la sola apariencia, la pompa y el lujo de los grandes coches, todo ello es algo que Xian no soportaría hacer’.


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¡Qué importantes nos sentimos teniendo casonas bellamente amobladas,
con grandes jardines  y estanques, y yendo bien vestidos, qué seguros y envidiados!
Y un auto así de grande, qué opulencia, qué poder sobre los hombres!

¿Y si estamos desnudos por dentro?

¡Qué importa si gozamos como niños!

Aunque gozan los niños con autos de juguete.
Aún de adultos gozarían con ellos, si luego no se volvieran idiotas, 
enloquecidos amantes del vulgar oropel.

El auto es un ejemplo. Aprendamos de Yuan Xian.

Bueno, deben hacer el esfuerzo de imaginarse, en vez del cochecito ese, uno bien lujoso del siglo IV a.C.
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© 2012 Lino Althaner

La Gran Certidumbre

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Pocos son los lugares que pisan los pies del hombre;
y siendo pocos, para poder llegar lejos han de apoyarse
en donde aún no han pisado.

Poco es lo que el hombre sabe;
y siendo poco, para poder conocer lo que es el Cielo ha de apoyarse
en lo que no sabe.

Conocer la Gran Unidad,
conocer el Gran Yin,
conocer la Gran Igualdad,
conocer la Gran Norma,
conocer la Gran Confianza,
conocer la Gran Estabilidad,
es la suma perfección.
La Gran Unidad todo lo penetra,
el Gran Yin todo lo disuelve,
la Gran Norma todo lo rige,
la Gran Confianza todo lo afirma,
la Gran Estabilidad todo lo sostiene..
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Jin Hongjun - detalle de pintura - imagen de artkoo.net

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En el extremo de todas las cosas está el Cielo;
en toda mudanza hay claridad;
en la oscuridad, una bisagra;
en el primer principio, el otro extremo.
En estas circunstancias, cuando se le descubre,
parece que no se le ha descubierto;

cuando se le conoce, parece que aún no se le ha conocido.
Sólo podrá conocerle quien no se esfuerce por conocerle.
Cuando se pregunta por él, no puede haber límites,
ni tampoco no haberlos.

En medio del inmenso caos de los infinitos seres,
hay algo que no cambia.

Desde la antigüedad hasta el presente ha pemanecido siempre,
sin sufrir menoscabo alguno.

¿No es acaso esto una grandiosa y admirable razón?
¿Por qué no se la examina por menudo?
¿Por qué tantas dudas?
Con la certidumbre se disipan las dudas, y se retorna a la certidumbre.
Esto es honrar altamente la Gran Certidumbre.

(Chuang Tse 3.24.15)
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© 2012 Lino Althaner

Los trabajos y los días (según Chuang Tse)

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Los pensadores no se sienten felices si no están cavilando.
Los políticos, si no están debatiendo.
Los jueces, si no tienen causas que inquirir.
Todos están atados por lo exterior.
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Los que hacen ostentación, gozan del favor de la corte.
Los de mediana condición, se precian de sus posesiones y de sus rentas.
Los hombres fuertes hacen alarde de su fuerza.
Los valientes, de su audacia.
Los hombres de guerra gustan del combate.
Los eremitas se apegan a su reputación.
Los legisladores multiplican los reglamentos.
Los ritualistas cuidan de su compostura.
Los amantes de la benevolencia y de la justicia alardean de humanitarismo.
Todos están atados a lo exterior.

El labrador sólo está tranquilo si tiene trabajo que hacer en su campo.
No está contento el mercader si no tiene negocio que tratar.
Ni el hombre del pueblo si no está ocupado en sus quehaceres cotidianos.
Los artesanos sólo están animosos cuando manejan sus herramientas.
 Están todos  atados a lo exterior.

El avaro que no tiene riquezas que acumular se siente infeliz.
Afligido el arrogante si no tiene poder.
El que se aferra al poder y a las riquezas gusta de las urgencias y de las disputas.
Es incapaz de tenerse quieto.
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Atados como están a lo exterior, se mueven todos al ritmo de los tiempos, incapaces de cambiar.

Fatigan su cuerpo y su mente.
Se hunden en medio del millón de ocupaciones.
Llegan al final de sus días sin despertar de su ilusión.

Y esto, qué lastima me da.
Atados todos a los exterior.

Las dos imágenes corresponden a la obra de Cheng Baohong, pintor chino nacido en 1943. Provienen del blog Cuaderno de Retazos, en el cual la pintura china se encuentra perfectamente a sus anchas.

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© 2012 Lino Althaner

La crítica del maquinismo en el siglo IV a.C.

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Richard Lindner (1901-1978) – Niño y máquina – wikipaintings.org

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‘Tengo aprendido de mi maestro que quien usa de artilugios mecánicos, fuerza es que se ocupe de tareas mecánicas, y ocupándose de tareas mecánicas, su mente no podrá menos de tornarse en máquina. Con una mente vuelta máquina, no se puede conservar la pura y luminosa vacuidad interior; al no conservar la pura y luminosa vacuidad interior, su espíritu no puede alcanzar el sosiego, y con un espíritu sin sosiego, es imposible sostener el Tao.’

Chuang Tse (s. IV a.C.)

De nosotros, qué se puede pedir, ordenados por ordenadores, comunicados por fonos celulares,  rodeados de artefactos que nos encadenan a una engañosa ‘facilidad’, inundados en el fango de las tuercas, los tornillos y los mil mecanismos. Que nos vuelven autómatas casi sin discernimiento.
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© 2012 Lino Althaner

Chuang Tse, Diógenes de Sínope y Alejandro Magno

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Es sabido que los grandes libros taoístas no se caracterizan por expresar admiración hacia quienes se dedican al gobierno del pueblo o la administración del estado. ¿Los mismos que hoy tienen a la tierra y a sus habitantes al punto del colapso? Tan a punto, qué muchos ven el colapso como irreversible y en el la única salida hacia una toma de conciencia que nos guíe a mejor destino. A un destino sin políticos corruptos y finanzas usureras, sin fronteras y sin guerras, sin leyes inútiles o injustas.

El amigo del Tao se entiende mal con los políticos. Yo diría que no puede evitar menospreciarlos. Justo a ellos, los soberbios, los poderosos, los recaudadores y distribuidores, los que a sí mismos se dicen servidores del pueblo, el amigo del Tao no los estima.

El hambre del pueblo
viene de los muchos impuestos …;
por eso está hambriento.
La rebeldía del pueblo
viene de la acción que ejercen los grandes …

De las múltiples acciones de gobierno que impiden que opere la virtud del Tao.

El Tao del Cielo
quita al que tiene de más
y da al que no tiene bastante;
no así el curso de los hombres,
pues quita al que no tiene bastante
y da más al que ya tiene de sobra.

¿Quién es el responsable?

En el libro de Chuang Tse abundan las anécdotas reveladoras de la displicencia con que el taoísmo se enfrenta a los emperadores, ministros y altos dignatarios. Tal disciplicencia se vuelve más notoria si se considera que en algunos caso es un simple campesino o un artesano quien desempeña el papel del sabio ejemplar en su obediencia a las leyes del orden natural.

Así, un simple hortelano, enfrentado a un alto dignatario, discípulo de Confucio, es capaz de pedirle al poderoso, incapaz de comprender la inconveniencia del maquinismo, que no está dispuesto a seguir discutiendo sobre el particular, que se vaya de una vez y que no siga retrasando su labor (12.10).  Un funcionario que se ha retirado de los negocios mundanos para dedicarse al cultivo de un campo, se enfrenta al propio emperador, que le pide razón de su forma de proceder, en parecidos términos: ‘¿Por qué no os partís, mi señor? Que no hacéis sino retrasar mi trabajo’ (12.6).  En otro caso, un modesto guardián de frontera le dice rudamente al más alto dignatario, interesado en que le explique el camino del Tao, que se aparte y lo deje en paz. (12.5).
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John William Waterhouse – Diógenes – wikipaintings.org

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Estas historias me traen a la memoria la famosa anécdota concerniente a la visita que Alejandro Magno, el político y guerrero vencedor, idolatrado, hace en Atenas al filósofo cínico Diógenes de Sínope. Es sabido que éste despreciaba y hacía mofa de los convencionalismos ciudadanos, burlándose de los usos de los hombres y de sus apariencias, de sus galas y de sus ambiciones. Era un amante de la libertad y de la más irrestricta libre expresión; renegaba de todo poder que pretendiera restringirlas. Era un nihilista a carta cabal y un grosero provocador. Se vestía como un  mendigo y vivía, se dice, en un tonel, despreciado por muchos atenienses, que lo trataban de ‘perro’. 

A juzgar por lo que se cuenta en la obra ‘Vidas de los más ilustres filósofos griegos’ (de Diógenes Laercio, a quien no hay que confundir con nuestro Diógenes de Sínope), la entrevista entre Alejandro y el filósofo cínico debió ser más bien breve.  Se habría encontrado éste último tomando el sol junto a un bosquecillo ateniense cuando Alejandro se le habría acercado. Luego de intercambiar tal vez algunas palabras, Alejandro, intuyendo tal vez la verdad oculta tras la grosera sinceridad del filósofo cínico,  le diría a Diógenes que pidiera lo que quisiera, pues él se lo daría sin demora. La respuesta de Diógenes, inmediata: ‘Pues bien, te pido que te apartes, que me tapas el sol y me estás haciendo sombra’.

La analogía entre la actitud taoísta y la respuesta cínica es significativa.

Bueno, al margen de la anécdota, histórica quizás, cierto es que en un paralelo entre el taoísmo y la filosofía cínica de Diógenes y sus discípulos, surgen algunos  aspectos comunes. Entre ellos, el individualismo; el rechazo de los convencionalismos sociales, del pensamiento académico y del saber erudito, de la política y la retórica; la valoración de la naturaleza y de la vida natural, sin complicaciones ni exquisiteces; la crítica de los afanes y ambiciones de los hombres; el uso del humor y de la ironía. Tanto el taoísmo como el cinismo se encuadran difícilmente, por lo demás, en el concepto tradicional de filosofía al modo occidental y optan más bien por el lenguaje simple directo y la ejemplificación a través de pequeñas narraciones, tan frecuentes en este libro maravilloso que es el de Chuang Tse. 

Una gran diferencia, por supuesto. El sabio taoísta opta por el retiro, por el silencio. El filósofo cínico por la presencia desvergonzada y la explicitez en el lenguaje. Claramente presentes se encuentran estos rasgos en las anécdotas y los dichos de Diógenes de Sínope. Sería interesante decir algo de ellos en una futura entrada.


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© 2012 Lino Althaner

La jaula invisible (sobre un texto de Chuang-Tse)

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Xue Juizhou - Faisán dorado - image from CNArtGallery.com - Rights reserved

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El faisán de los pantanos picotea cada diez pasos, y cada cien pasos bebe. Lo prefiere a vivir alimentado en una jaula; que no fuera en ella feliz aún tratado como rey.’

Chuang-Tse, 3.3 (Zhuang Zi, Kairós, Barcelona 2001, trad. Ignacio Preciado I.)

Las jaulas más temibles no son las que tienen barrotes de fierro. Dentro de ellas puede uno sentirse a sus anchas, como Juan de la Cruz en la celda en que concibió el Cántico Espiritual. La prisión del espíritu en el hombre dormido, en el hombre sometido por cadenas invisibles u obligado por estúpidas rutinas, esas sí que son jaulas espantosas. Aunque, si está de veras dormido, es posible que no sienta su espantoso peso, por algún tiempo.

Para qué decir de aquel a quien se exige incondicional adulación, acatamiento de normas que pugnan con su consciencia, o disposición a hacer lo que se le mande, por indigno que sea, a cambio de una monedita.

Volviendo al faisán. Además de ser libre, es su vestidura la de un rey. El faisán se viste como un lirio de los campos, entregado del todo al milagro que lo viste. Salomón en toda su gloria, no lució vestiduras tan esplendorosas (V. Mt. 6, 24-34). El milagro del Tao. El misterio de Dios.
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© 2012 Lino Althaner

Chuang-Tze, Li Bai, China y el Tao

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La entrada del 24 de enero pasado estuvo dedicada a aquella famosa meditación poética de Chuang-Tze (369-290 a.C.), sobre el sueño en que fue una mariposa:  https://todoelorodelmundo.wordpress.com/2012/01/24/just-a-poem-by-chuang-tzu-i-dreamed-i-was-a-butterfly/ . Allí se sirve el gran maestro taoísta del medio estético y literario para explorar con gran profundidad y economía el motivo de la impermanencia de las cosas en el devenir del universo que fluye en constante mutación ante el hombre cuyo sentidos aún no despiertos son incapaces de apreciar, o siquiera de intuir, el absoluto que todo lo impregna y a todo da sentido.

Alrededor de un milenio después, Li Bai (701-762), tal vez el más importante de todos los poetas chinos, recuerda el motivo del sueño de Chuang-Tze, revelando al hacerlo su modo de ver el mundo, también significativamente influido por el taoísmo. A pesar de que el recurso de hacer referencia a un precedente literario, sin mencionarlo y dejando al lector la tarea de identificarlo, era común en la literatura clásica china, en este caso la alusión a la mariposa de Chuang-Tze, es expresa:

Zhuang Zhou soñó una mariposa,
la mariposa era Zhuang Zhou.
Si un solo cuerpo se transmuta,
todas las cosas son cambiantes.
Se sabe que el mar de Penglai
alguna vez fue claro arroyo.
El melonero de Qingmen
antes fue marqués de Dongling.
Así son riquezas y honores.
¿En pos de qué nos afanamos?

La pregunta final, que Chuang-Tze tal vez habría formulado en tono más irónico y sutil, la contesta muy claramente la China actual. Se afana hacia lo alto. Es el deseo de sus dirigentes, al parecer extraña especie híbrida de confucianos y marxistas con unos toques capitalistas al estilo occidental.
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Torres en Shanghai

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No falta el que sigue pensando a los valores orientales como una suerte de reserva espiritual para el resto del mundo. Tampoco el que prefiere no soñar imposibles. En todo caso, a los chinos comunes y corrientes no los veo demasiado felices transitando entre esas espantosas torres de hojalata o trabajando en su interior, entregando a ciegas o a la fuerza sus energías humanas en aras del puro crecimiento y del aplastamiento espiritual.

El Tao no se haya a la vista. Pero ello es lo normal. Inefable. Imperceptible. Ilimitado. Permanente. Aunque fuera del alcance del durmiente y del profano. Que sueña en las alturas de la Torre de Babel.

© 2012 Lino Altaner

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