Ecuador (2)

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Las impresiones de Henri Michaux no son de las convencionales que suelen expresar los viajeros frente a los grandes paisajes. Así, por ejemplo, una tarde del mes de julio de 1928, en las inmediaciones de Otavalo, rodeado de las montañas andinas, reflexionando sobre las nubes:

‘Como la nube ecuatoriana no hay otra. ¡Qué hermosa es! Sorbe casi por entero el horizonte y no retrocede ante ninguna forma. Y por lo que al color se refiere, por pequeña que sea (a veces se ve alguna más pequeña que una goma de borrar en un pedazo de cielo, que permanece aferrada, espejeante y camaleónica hasta el infinito, indiferente a todos los vientos como ancla, cuando todas las demás han sido hostigadas y volteadas a lo lejos) y, por lo que hace al color, decía, posee todos los tintes y jugos, desafía a todas las nubes de esta tierra, sin que sea una excepción la nube marítima, excepcional como ninguna otra’.
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Nubes de la tarde ecuatoriana (flickr.hivemind.net).

‘De pronto, no se sabe cómo alrededor de las seis de la tarde, se acaba lo de las nubes. No se ve ni una. Aparece casi seguido un cielo estrellado, muy puro, muy tupido, tachonado de estrellas, y yo diría más inmenso que la tierra misma.

‘La estrella no ilumina pero, al ojo que a ella dirige su mirada, ella le envía su rayo de luz’.

Sobre los ríos de Ecuador:

‘Atraviesan el Ecuador ríos de color achocolatado. Orillé uno durante todo el día. Estos ríos, durante su paso, consumen muchas tierras. Más de una vez, las aguas se precipitan desde lo alto.
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Cascada del río Pastaza (123rf.com)

Cascada del río Pastaza (123rf.com)

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‘Al precipitarse, el agua parece polvo, abajo humo, humareda asfixiante, en lo alto cacao hiriviente. Este río es el Pastaza. Su cascada, la Chorrera del Aguayán, es considerada como una de las más altas (70 metros).

‘Descendemos en dirección al oriente, las hojas empiezan a adquirir dimensión’ (en la medida que el viajero se acerca a la selva tropical).

Algunas de estas descripciones no corresponden a la travesía misma por el Napo y el Amazonas, sino a recorridos por las inmediaciones no tan alejados de Quito. La salida de esta ciudad con rumbo al Océano Atlántico recién se produce en octubre de 1928.

Es entonces cuando Henri Michaux conoce el desierto:

‘Este desierto es una selva.
Cuatro días de raíces y de lodos.
Ni pájaros, ni sierpes, ni mosquitos. (Por ahora).
Y la tierra es fría y la ciénaga soberana.
Y sin embargo es la selva tropical.
Basta ver su fausto, su jolgorio, su aspecto de mucosa.
Pero ésta se parece ante todo a una secreción.
No hay camino y vamos a pie.
¡Burlado el pie! ¡Burlado! ¡Escarnecido!
El suelo blando se burla, no dice ni sí ni no.
Gorgotea espesamente,
Os recibe hasta la cintura …
Las raíces os despellejan,
Os muelen a golpes y os cascan el dedo del pie,
Pegajosas, os hacen resbalar, os hacen dar un traspié.
Os hacen dar la voltereta, os eliminan.
Y os pierden en uno de estos infinitos hoyos infectos,
Que forman el suelo de la selva.’
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(image:newsroom.cisco.com

(image:newsroom.cisco.com

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Luego viene la experiencia del sufrimiento, en un ambiente en que el paludismo y la lepra hacen su hogar. Lo ataca la fiebre, se siente amenazado.

‘La desesperación es dulzona
dulzona hasta el vómito.
Y tengo miedo, miedo.
Cuando los mismos tuétanos se ponen a temblar,
¡Oh! tengo miedo, tengo miedo.
No vivo ya, casi no vivo ya’.

Aún lejos está Iquitos, en la confluencia del Napo con el Amazonas, que promete el comienzo de una navegación más fluida y rápida.
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Iquitos (wikitravel)

Iquitos (wikitravel)

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Para la ruta Iquitos – Manaos – costa atlántica, el diario incluye bien pocas anotaciones, a pesar de ser, con mucho, la parte más extensa del recorrido: más de seis mil kilómetros. Michaux se los pasa como volando (aunque no en avión). Parte de la explicación puede hallarse en una nota al pie, correspondiente al 15 de diciembre:

‘Permanecí tres semanas en Pará (la región más cercana al mar), pero éstas debieron perderse en alguna rincón de mi existencia.’

¿Agotamiento extremo? ¿Efecto del láudano o de otra hierbas amazónicas? A estas alturas, el viajero se encuentra un tanto confuso:

‘Angostos y numerosos pasajes de uno a dos kilómetros de anchura, he aquí todo lo que se ve.

‘El Amazonas tiene a menudo 30 kms. de anchura, pero las islas estorban la vista.

‘¿Pero dónde está entonces el Amazonas?, cabe preguntarse, y nunca se ve más de él.
Hay que subir. Hay que verlo desde un avión. Así, pues, jamás he visto el Amazonas. De modo que no hablaré de él.’

Es que, además, el audaz expedicionario no ha perdido el sentido del humor.
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(image: liveinternet.ru

(image: liveinternet.ru

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Todavía tengo reservada una tercera entrega concerniente a este librito encantador, Ecuador (Diario de Viaje), de Henri Michaux.

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© 2012 Lino Althaner

Ecuador

Comentarios desactivados en Ecuador

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La lectura me regala una preciosa y virtual ubicuidad. Envidiable. Si me empiezo a cansar recorriendo las frías aguas del Pacífico norteamericano, guiado por Jonathan Raban en su camino hacia Alaska (J. Raban, El mar y sus significados-Viaje a Juneau, Península 2003), puedo dejarlo por un tiempo y sin mayor esfuerzo volverme al más templado Pacífico ecuatorial para acompañar al capitán Ahab en las últimas etapas de su desquiciada persecución del Leviatán (Hermann Melville, Moby Dick, Debate 2001).  Si empiezo a cansarme del mar, me acerco a la tierra. Y me encuentro, con Henri Michaux , en Ecuador, gracias a su Diario de Viaje ya mencionado hace unos días en esta bitácora (H, Michaux, Ecuador-Diario de Viaje, Tusquets 1983).

Si quisiera cambios más profundos de escenografía, podría inclinarme por seguir los pasos de Salambó y Mátho en el norte de África, unos siglos antes de Cristo (Gustave Flaubert, Obras, Cátedra 2005), o tal vez preferir los más elevados e intemporales de Ramón Panikkar en sus aleccionadores recorridos espirituales (Ramón Pannikar, La plenitud del hombre, Siruela 1999). Lecturas en curso. Menos Ecuador, que recién termino. De Moby Dick me faltan cuarenta páginas de relectura.

Con todo, por ahora  los invito a seguir en el Ecuador de Henri Michaux (1899-1984).
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wikipedia.org

La ruta: por el Napo hasta Iquitos en Perú. Luego, por el Amazonas hasta el  Atlántico (imagen – wikipedia.org

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El libro es un cuaderno de la ruta seguida por el escritor francés -nacido en Bélgica- cuando, entre fines de 1927 y comienzos de 1929, se decide a atravesar el Atlántico, internarse en el Pacífico vía canal de Panamá, e instalarse en Ecuador para enseguida emprender la riesgosa aventura de cruzar la cordillera de Los Andes, descender a la selva tropical y,  pasando por Perú y Brasil, adentrarse en ésta miles de kilómetros vía terrestre y luego fluvial para encontrar en la boca del Amazonas el camino atlántico de regreso a Europa. Poco más de un año en ciento y tantas páginas. No es un diario de viaje convencional. Es bastante sucinto, más bien poco interesado en el detalle geográfico, en la flora y la fauna regional, pero sí bastante ocupado en reproducir el ambiente espiritual vivido en su sufrida travesía, para lo cual deja constancia de algunas impresiones que marcan el viaje especialmente. Pensamientos un tanto alocados para un viaje de locos.

En esa época, Michaux tenía veintinueve años.

Del viaje no está ausente la experiencia psicotrópica. Con éter y láudano, a lo menos. Más adelante, Michaux probaría también la mescalina, escribiendo y pintando bajo su influjo. La imagen de un oceáno sólido, ¿tiene alguna relación con experiencias de ese tipo? ¿O es pura imaginación poética, no necesitada de excitación artificial?

‘Océano, qué hermoso juguete harían de ti, si sólo tu superficie fuera capaz de sostener a un hombre, como a menudo indica tu apariencia asombrosa, tu lámina firme.

‘Andarían sobre ti. Los días tempestuosos, se bajaría con aire alucinado por tus rampas vertiginosas.

‘Se iría en trineo o incluso a pie’.

El cruce del Atlántico comienza en Amsterdam. Luego vienen Curazao, el cruce del canal de Panamá. No ha pasado un mes y ya está en las alturas de Quito, admirando la cordillera, temiéndole por anticipado a la puna que le pronostican los médicos y los amigos. Sin embargo, Michaux parece ser como una roca. A 4.536 metros del nivel del mar, en el cráter del volcán Atacazo, dice sentirse estupendamente:

‘Decididamente insólito, este corazón. No he sufrido el mal de alturas, y sin embargo una docena de médicos hasta el presente me diagnosticaron insuficiencia cardíaca. De ello volveré a hablar en Europa. al regresar allá.

‘Pasado mañana subida al Corazón, 4.806 metros, 270 metros más. Veremos lo que da de sí, podríamos subir a continuación al Cotopaxi (5.960 m.)’.
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Volcán El Altar en Riobamba, Ecuador

Volcán El Altar en Riobamba, Ecuador

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Lo mismo, con ocasión de las prolongadas caminatas por la selva, soportando las extremas condiciones del ambiente, la pestilente humedad, los mosquitos, las lluvias o el sol inclemente, la ausencia de toda comodidad, la fiebre y las tercianas, el cuerpo y el espíritu sometidos a extremos desafíos:

‘Alfredo Mortensen -me- tenía dicho: ‘¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! Ya verá, no aguantará ni un día a pie, retrocederá; no está hecho eso para usted, fango hasta el vientre.

‘El venía un poco atrás, a caballo. Había querido acompañarnos hasta el primer vado. Pero cayó en el fango. Nosotros proseguimos. Esto es todo cuanto jamás se supo de él’.

¡Qué fortaleza, de nuevo! ¡Qué entereza! ¡Qué capacidad de resistir! ¿A costa de láudano y tal vez de otras hierbas?
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Delta del Amazonas (wikipedia.org)

Delta del Amazonas (wikipedia.org)

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Pero no le falta la ocasión para introducir un comentario profundo, nacido claro de la actitud irreverente de su mente rebelde, no muy condicionada por la cultura social europea de principios del siglo XX. Los temas: la juventud, la sabiduría y la tontería, la civilización europea, el modo de ser del indígena y del mestizo, el encanto y el horror de una naturaleza no domesticada. 

Algo más sobre este libro diré en la próxima entrada.
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© 2012 Lino Althaner

Tierra Santa

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James Tissot - La toma de Jericó (imagen de wikipaintings.org)

James Tissot – La toma de Jericó (imagen de wikipaintings.org)

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En las torres pendones
de luto perpetuo.
En aquella soledad
aquel santo silencio

los hombres del desierto alzaron una torre
para honrar a sus dioses amantes de la guerra.
Fronteras de humo
escudos canciones y banderas

pequeñas apariencias
y santas historias que empezaban.
Un héroe primero comenzó un incendio
que no se extinguía hasta ayer.

El hombre aún no se ponía
pantalones largos.
Aún mamaba de las tetas
de bestiales nodrizas.

¿Pero hoy
estamos por fin todos juntos
por la misma rosa iluminados
en torno a la misma mesa?

¿O vivimos todavía de filo y de fuego?
Del frío que calcina.
Del calor que congela.
Dando a luz todavía mañanas sangrientas.

En esta obligada soledad
en la sequedad de este silencio
siempre ocultos detrás de las murallas
celosos de estos ojos y de aquéllos.

En las torres pendones
de luto perpetuo.
En las casas de fango
de cartón o de yeso.
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the-apotheosis-of-war-1871.jpg!HD Vasily Vershagin (1024x719)Vassily Vereshagin – La apoteosis de la guerra (imagen de wikipaintings.org)
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© 2012 Lino Althaner

Los bellos siglos venideros

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‘¡Qué bellos son los siglos venideros! Si supiérais cuánto habría deseado estar entre vosotros.
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‘A menudo nos preguntamos por qué los jóvenes … están desesperados. Se dan cuenta de que están siendo sacrificados. Capaces (algunos) de entrever la belle époque, saben que no vivirán en ella. ¿Cuál de ellos aceptaría detener su vida actual para vivir en el año 2500?
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‘Este estado de conciencia es nuevo en el mundo; en otro tiempo no se esperaba del porvenir todo lo que nosotros esperamos.’

Los textos y las pinturas son de Henri Michaux (1899-1844).
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Los textos, de unos de sus primeros libros, Ecuador (Diario de viaje), escrito cuanto tenía veintinueve años, y que, como lectura, es una exquisitez.  Se trata de un diario de viaje bastante poético. Lleno de ingenio, de buena ironía, producto de una visión rebelde del mundo y de la sociedad. Brillantemente escrito. En español está en Tusquets, Colección Marginalia.

Con respecto a sus pinturas, parece que muchas de ellas fueron pintadas después de experimentar con mescalina.
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© 2012 Lino Althaner

Sugerencias prenavideñas

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Está a punto de comenzar diciembre, ¿el mejor mes del año?

Lo que en diciembre se celebra, que nosotros bien poco recordamos, los comerciantes parecen celebrarlo desde fines de octubre. Y lo hacen abriendo ampliamente las puertas al consumo, al endeudamiento (¡miel sobre hojuelas!), al pago diferido (mientras más diferido, más suculento para el comerciante y más oneroso y usurario para su cliente).
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Bueno, la verdad es que los comerciantes no celebran la gran fiesta del mes de diciembre. Lo de ellos es más bien una gran contracelebración, que repetida año tras año, ha terminado por hacer que nos olvidemos de la verdadera fiesta. Ésta no es la llegada del Viejo Pascuero ni el pino iluminado por ampolletitas intermitentes, rodeado de regalos con que engañamos a los niños y nos hacemos lesos a nosotros mismos. No es ésta la fiesta de la competencia y de la ostentación, éste no es un evento farandulero. Es esta la fiesta del Nacimiento, del Renacimiento, de la Redención. Es la fiesta del tiempo que se renueva, que algún día se renovará completamente. Es por ello propicio que coincida con el Año Nuevo. La Navidad y el Año Nuevo no son dos fiestas independientes. Son una sola y gran celebración.

Hay que celebrar como es debido. Sabiendo lo que se está celebrando. Tratando de recuperar esta fiesta para nosotros, arrebatándola de las manos de quienes la han disminuido y desnaturalizado, sometiéndola a la usura  de su intereses. No es ésta la fiesta del mercado, no es la fiesta del comercio, de los bancos, de los supermercados. Es esta la fiesta del hombre, del niño, es esta la gran fiesta de la familia, que es el lugar en que se encuentran el hombre, la mujer, el niño y el anciano,  y se juntan especialmente el mes de diciembre, para recordar y festejar lo que debe celebrarse.

No es este el mes de las urgencias. Aunque a veces parece que lo fuera. En el ciego afán de cumplir con los roles que el mercado liberal nos ha asignado, corremos como nunca este mes. Como consecuencia de lo cual aumentan los tropezones, los pisotones, los codazos y los choques. Aumentan los clientes de las postas de urgencia y de la morgue. Crece el descontrol, la agresividad, está la ira a flor de piel. El entorno presiona a las personas hasta lo insoportable, obligándolas a comportarse contrariando su naturaleza. Urgiéndose sin sentido plausible. Ocurre mucho en diciembre. Aumentan los síntomas de enfermedades que aparecen porque es demasiada la presión: delirios, alucinaciones, manías (las típicas “enfermedades de la cabeza” de Kant) y nuestras conocidas depresiones. En este mes de diciembre, en que celebramos al Hombre que renace, tengámonos respeto, acordémonos de lo que somos, hermanos suyos. Este no es el mes del ajetreo y de la prisa, sino el del retiro, la meditación y la calma, la paz. Así me lo enseñaron quienes sabían que en ese ambiente había que festejar.
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Con respecto a la urgencia que nos agobia, particularmente en tiempo de Navidad, TODO EL ORO DEL MUNDO ha adoptado un emblema que luce en su portada -el ágil delfín que se enrosca en torno a la pesada áncora- y el lema correspondiente: FESTINA LENTE. Este lema latino –apúrate sin prisa es lo que significa- es para el blog como un leit motiv. Una vez más se los recuerdo, pues resulta especialmente válido para el mes de Navidad. El oro del mundo, que nos llega a raudales este mes, se pierde en la prisa.

Para decir la verdad de este oxímoron* –festina lente, apúrate despacio- he conseguido que Rainer Maria Rilke, el poeta bohemio, contribuya con uno de sus Sonetos de Orfeo (XXII). Lo pongo primero en el original alemán, luego traducido al español de Castilla: 

Wir sind die Treibenden.
Aber den Schritt der Zeit,
nehmt ihn als Kleinigkeit
im immer Bleibenden.

Alles das Eilende
wird schon vorüber sein;
denn das Verweilende
erst weiht uns ein.

Knaben, o werft den Mut
nicht in die Schnelligkeit,
nicht in den Flugversuch.

Alles ist ausgeruht:
Dunkel und Helligkeit,
Blume und Buch.
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Lo que en español suena lejanamente como:

Somos hombres inquietos.
Pero el paso del tiempo
no es  más que pequeñez
en lo eternamente perdurable.

Todo lo que apremia
pronto habrá pasado;
pues sólo es capaz de consagrarnos
lo que permanece.

Oh, no pongáis, muchachos,
el valor en la urgencia
ni en el querer volar.

Está todo en reposo:
la sombra y también la claridad,
la escritura y la flor.

Para finalizar esta entrega, resumo estas pequeñas sugerencias para el mes de diciembre:

no agitarse comprando,
no endeudarse,
no participar en la competencia que  impone el mercado
no hacer ostentación,
no dejarse llevar por la urgencia; y
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ACORDARSE DE LO QUE HAY QUE CELEBRAR.
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* oxímoron(Del gr. ὀξύμωρον).

1. m. Ret. Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador (DAE).
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Esta entrada es reedición de la publicada para la temporada prenavideña de 2011.
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Lino Althaner © 2012

Genios de la ecología

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La cultura de las gentes de China ha estado presente en Todo el Oro del Mundo con cierta frecuencia. El plural de ´gentes’  se justifica aquí con creces si se considera que en el territorio de la China actual conviven más de medio centenar de etnias.  Sin duda, habrá significativas diferencias entre unas y otras: las de la estepa o el desierto, las de la tierras fértiles con sus grandes arrozales, las vecinas a las montañas del Himalaya, entre otras. Parece claro, sin embargo, que algo en común las atraviesa. La unidad política, vivida en distinta medida durante sus grandes dinastías, y presente en la China actual, ha contribuido sin duda a gestar la comunidad cultural, promoviendo la relación entre las distintas tradiciones y formas de ver el mundo. La prolongada permanencia del confucianismo, del taoísmo y del budismo, con su tendencia práctica al sincretismo, ha ayudado también, me parece, a generar esta poderosa comunidad cultural.
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El taoísmo, por ejemplo, parece haber dejado su huella en todas las comarcas de este enorme país. La veneración por la naturaleza, en la cual se vislumbra una armonía, una majestuosa e imperturbable serenidad, que se impone sobre los afanes de los hombres, ¿no ha de ser interpretada acaso, en parte a lo menos, como producto de la creencia en una fuerza misteriosa, casi divina, que opera en el cosmos -en el Cielo, en la Tierra y en la Humanidad- para toda contradicción u oposición, todo accidente, volverlos armonía? A los ritmos y pulsiones de esa fuerza -el Tao- debe, pues, el hombre ajustarse, al espíritu que se revela en el orden natural.
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Tanto en el arte tradicional de China como en el contemporáneo, ese sentimiento casi religioso del hombre hacia el entorno de que se sabe parte integrante, está muy presente. Lo advertimos, así, en la pintura de paisajes: en aquéllos, por ejemplo, en que las formas -bosques, montañas, ermitas, caseríos- se desprenden suavemente del entorno nuboso para formar con éste un todo pleno de equilibrio. O aquellos otros en que se muestra la belleza de los matorrales, de las flores, de los insectos, a veces con una economía de recursos fascinante, dejando que las formas alternen en la tela con los espacios vacíos. O la belleza de los hombres, de sus juegos y de sus labores, también de sus retiros. Así como el hombre campesino, el artista posee la sensibilidad natural que le permite contemplar con respeto casi ritual las maravillas de la naturaleza. Así lo expresa el pintor en su obra, unida con frecuencia a la caligrafía y a la poesía, artes mayores de la cultura china. 
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La fotografía tiene con frecuencia en China una innegable cualidad artística. Ello nos parece patente en la obra de Jialiang Gao, fotógrafo chino cuya forma de captar los arrozales plantados en las estribaciones de las montañas de Yunnan nos parece tan espléndida. La naturaleza le ayuda, claro, y en forma significativa. La belleza presente en la naturaleza se traslada al medio empleado por el artista, que se esfuerza por que su representación haga énfasis en las formas, el punto de vista o el grado de luminosidad que le parecen más propicios para el efecto que desea lograr.  

Yunnan es una provincia del extremo meridional de China, que limita con Myanmar (Birmania), Laos y Vietnam. El medio  es predominantemente tropical, aunque hacia el noroeste se avecinan las crecientes alturas de los montes Himalaya.
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Enfrentado a estos arrozales, estructurados en forma de terrazas que se extienden por las configuraciones montañosas, el hombre -nos dice Jialiang Gao- se siente como si estuviera en una sala de conciertos. En ella, el paisaje sería el equivalente al escenario, mientras que la partitura la formarían las líneas que señalan los contornos;  los hombres de la etnia Hani, que construyeron las terrazas, serían los virtuosos instrumentistas mientras que las fluctuaciones interminables de la luz y la sombra harían las veces de quien dirije con su batuta la interpretación del magnífico poema tonal.
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La grandiosidad de los arrozales es difícilmente expresable en palabras. En algunos sitios, parece como si ni una sola pulgada de tierra hubiera sido dejada sin cultivar. Las sinuosidades de las terrazas, respetuosas del contorno natural, se despliegan como en un enorme anfiteatro que suele tener el colorido y el ritmo de una pintura abstracta. El verde de las plantaciones jóvenes alterna con el azul del cielo y el amarillo del agua barrosa con el plateado reflejo de la luz del sol.
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Pero además, estos campos parecen haber sido trazados con la delicadeza de un escultor o la finura y minuciosidad de un orfebre. Aquí se manifiesta espontáneamente el genio de un pueblo, logrando que su eficiencia laboral se manifieste en magnífica belleza, perfectamente consonante con su medio natural. Esfuerzo humano delicadamente balanceado para no entorpecer el ambiente. Contradictorio sería que hubiera sido alcanzado a costa de un indebido sacrificio de los hombres comprometidos en la tarea. Me cuesta entender estas labores como producto de la pura disciplina del látigo y del férreo control.

Música, pintura, escultura, podemos vincularlas sin esfuerzo a este paisaje. Los Hani, autores de esta maravilla, son originarios de territorios más norteños, desde los cuales habrían emigrado hace más de un milenio. Se dice de ellos que fueron los primeros en convertir el arroz silvestre en objeto de cultivo y que en estas tierras, ubicadas entre mil quinientos y dos mil metros de altitud, saturadas de humedad, habrían encontrado el lugar ideal para elevar significativamente la productividad de sus campos. Nos dice Jialiang Gao que, dotados de una perseverancia y disciplina proverbiales, lo natural para ellos es dedicar su vida al cultivo de estos arrozales, como modo de asegurar su mantenimiento y el de sus descendientes. Y que gustan que sus restos reposen en estas terrazas al fin de sus días.
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Y agrega que son genios de la ecología. Se aseguran la provisión de agua fresca viviendo bajo las alturas boscosas de las montañas, que además los proveen de leña y materiales de construcción. Bajo sus aldeas se despliegan miles de hectáreas de terrazas arroceras que les aseguran su alimentación. Esta disposición permite además que los desechos de los lugares en que habitan se deslicen naturalmente hacia los campos para fertilizar la tierra.

En torno a estos arrozales se despliega la vida de alrededor de un millón de personas, no solamente de la etnia Hani. En ellos se integran el paisaje y la obra humana como un símbolo de la capacidad humana para construir una armoniosa relación con la naturaleza.
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Con gran placer comparto con ustedes el patrimonio de este pueblo admirable, del que mucho tendríamos que aprender. ¡Los grandes constructores de torres de latón y plástico vidrioso, cómo encontrarán de pequeño todo esto!

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Este artículo ha sido posible gracias a la generosidad de Jialiang Gao y de su sitio www.peace-on-earth.org
.Zhōnghuá


© Lino Althaner
2012 

The mysterious female (Tao Te King, chapter 6)

11 comentarios

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This is a commentary on chapter VI of the Tao Te King, the milenary book of chinese philosophy in which my mind and spirit use to relax from unrest from anxiety, during meditation.

Xue Yanqun – Rights reserved

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This chapter is a very short one:
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谷神不死,是謂玄牝。
玄牝之門,是謂天地根。
綿綿若存,用之不勤。

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The valley spirit, undying
Is called the Mystic Female

The gate of the Mystic Female
Is called the root of Heaven and Earth

It flows continuously, barely perceptible
Utilize it; it is never exhausted
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xue-yanqun-117 b

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‘Valle, espíritu, inmortal;

llámase ‘hembra misteriosa’.

El umbral de la ‘hembra misteriosa’
es la raíz del Cielo y de la Tierra.

Infinitamente sutil, parece perpetua.
Se usa sin que se consuma.

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The Tao, origin and order of nature, is here compared with a woman. And the woman, with a misterious valley, possesing an inmortal spirit. 

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 Xue Yanqun – Rights reserved

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The valley is the hollow. The emptiness that contains. That contains and gives. The vacuum, whose efficency never stops, the vacuum that emanates. The valley is like the female, that in her essence and in her physical and sexual conformation is a hollow and generous receiver of unending capacity and also a hollow that generates life. Very appropriate appears, then, the comparison of the woman with the valley, the vacuum, the Tao as spring of life and spirit in which beeings have their origin.  

The female is also unquenchable, as the virtuos efficiency of the Tao, the order that untangles everything and makes everything circulate in never ending development.  In its receptive capacity and also in its procreative function. That´s why the Book of the Way and the Virtue makes us think in a woman  to imagine the Tao, the origin, the order, the way. 

Misterious. Unfathomable. Abyssal. So is the woman. It is clear, then: when this chapter refers to the ‘mysterious’ or ‘mystic’ female, it tries to makes us think in the spontaneous efficiency of the Tao, for man unpredictable, imposible to understand in all its ineffable, inscrutable and obscure wisdom.

                                        Xue Yanqun – Rights reserved

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The image of the woman is then associated with the threshold of a door. According to Hélène-Maria Suárez Girard, who cites the french sinologist F. Jullien, the verses refer to a twofolded door, which remits to the idea, so familiar to chinese phylosophy, of the essencial polarity of every situation, and with the spontaneous and mysterious alternance of life, whose circumstances cease not to open and to close like the folds of a door.  A door by which reality constantly passes and renews itself in accordance to a process that only the wise man can discern. 

It is, indeed, a very beautiful idea, this that compares the Tao, the root and the course of Heaven and of Earth, origin and end of Nature and of all beeings, with a woman.

Xue Yanqun – Rights reserved

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It flows continuously, barely perceptible
Utilize it; it is never exhausted.

In its stillness, in its serenity, its virtue its continually revealed, without interruption. Its efficiency never stops.
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xue-yanqun8.

English version: by Derek Lin, www.Taoism.net, Tao Te Ching: Annotated & Explained, published by SkyLight Paths in 2006. Spanish version: Lao zi, “El libro del curso y de la virtud”, traducción de Anne-Hélène Suárez Girard, 2011, Siruela. Images of the paintings by Xue Yankun were loaded from the blog Cuaderno de Retazos.

© 2014
Lino Althaner 

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