Un villancico de Lope de Vega (reedición)

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Algo de lo más importante está por ocurrir. Lo vamos a celebrar. Tal vez conmemoraremos con una cena en familia, unos bellos ornamentos apropiados para la ocasión, un pino emperifollado o, mejor, un pesebre con el Niño, María y José, ángeles, pastores, magos venidos de oriente. Muchos animalitos que observan el acontecimento del nacimiento del Salvador. Quizás una música apropiada para la ocasión. Yo elegiría probablemente el hermoso concierto fatto per la notte di Natale, de Arcangelo Corelli (1653-1713). Si le tomaramos el peso a lo que todo ello representa, sería verdaderamente una enormidad. Si estuviéramos plenamente conscientes de lo que este Nacimiento significa, tendríamos motivos para exultar de gozo de manera indefinida. Sobre ello tendríamos que meditar.

B.E. Murillo – Virgen y Niño – wikipaintings.org


Pero sucede algo todavía más significativo. Para ello, claro, tendremos que preparar un rincón muy humilde en nuestros corazones y allí disponer un pesebre. Entonces sí que ocurrirá un portento. No la sola celebración y conmemoración sino un hecho actual: nacerá el Niño Dios en el sancta sanctorum de nuestra intimidad. Al centro del amor y de la paz que le hemos preparado, allí él se instalará y no más lo podremos olvidar.

Pero habremos de mantener una rigurosa disciplina, si queremos que permanezca a nuestro lado. No molestarlo con el ruido, con las disputas, con las pequeñeces que suelen hacer nuestro diario quebranto. Si estamos seguros de que está con nosotros ¿no seremos capaces de mantener la calma, de sosegar la ira, de avivar la llama del amor?

En el siguiente villancico, Lope de Vega (1562-1635) les pide a los ángeles que sujeten las ramas de las palmas de Belén, conmovidas por el viento, para que el Niño pueda dormir en su paz. Es la paz que tendremos que imponer a nuestras inquietudes y nuestros reclamos, al ruido sin sentido que se enseñorea de pronto de nosotros, hasta hacernos parecer enajenados. Si queremos no olvidarlo. Como los ángeles, aquietemos las palmas.


Pues andáis en las palmas,

ángeles santos,
que se duerme mi Niño,
tened los ramos.

Palmas de Belén
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto;
no le hagáis ruido,
corred más paso.
Que se duerme mi Niño,
tened los ramos.

El Niño divino
que está cansado
de llorar en la tierra
por su descanso,
sosegaros quiere un poco
del tierno llanto.
Que se duerme mi Niño,
tened los ramos.

Rigurosos hielos
le están cercando;
ya veis que no tengo
con qué guardarlo.
Ángeles divinos
que vais volando,
que se duerme mi Niño,
tened los ramos.


Este villancico lo conozco en tres versiones musicalizadas. Una es la española, flamenca, que interpretada por el cantante español Fernando Terremoto, suena muy emotiva y auténtica. Hermosa versión.

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La segunda es de  la madurez de Johannes Brahms (1833-1897), una obra maestra (opus 91, número 2) de este músico, basada en una adaptación de Lope por el poeta alemán Emanuel von Geibel. La versión que adjunto la interpreta la soprano estadounidense Jessye Norman.

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(Die ihr schwebet/ Um diese Palmen/ In Nacht und Wind,/ Ihr heilgen Engel,/ Stillet die Wipfel!/ Es schlummert mein Kind.// Ihr Palmen von Bethlehem/ Im Windesbrausen,/ Wie mögt ihr heute/ So zornig sausen!/ O rauscht nicht also!/ Schweiget, neiget/ Euch leis und lind;/ Stillet die Wipfel!/ Es schlummert mein Kind.//Der Himmelsknabe/ Duldet Beschwerde,/ Ach, wie so müd er ward/ Vom Leid der Erde./ Ach nun im Schlaf ihm/ Leise gesänftigt/ Die Qual zerrinnt,/ Stillet die Wipfel!/ Es schlummert mein Kind.// Grimmige Kälte/ Sauset hernieder,/ Womit nur deck ich/ Des Kindleins Glieder!/ O all ihr Engel,/ Die ihr geflügelt/ Wandelt im Wind,/ Stillet die Wipfel!/ Es schlummert mein Kind).

La tercera es la del músico austríaco de origen esloveno Hugo Wolf (1860-1903), basada también en el texto de Emanuel von Geibel. Aquí la interpreta la gran cantante alemana Elisabeth Schwarzkopf.

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Si no olvidamos a Corelli y a tantos otros músicos, muchos de ellos anónimos, que han creado música bella para la Navidad, tendremos desde ya la posibilidad de crear un ambiente sonoro propicio para celebrar a Jesús que vuelve a nacer en nuestros hogares y en nuestros corazones. Sin petardos ni gritos ni otras estridencias. Para protegerlo de los metafóricos hielos, que lo están cercando, que sirvan las bellas melodías navideñas y el fuego de nuestro amor.

Está entrada la he editado varias veces: la primera vez fue a fines de 2011. He debido hacerlo para poner de manifiesto los avances tecnológicos del blog, que ahora acepta los videos, y también para incluir el nuevo material concerniente a este villancico de Lope, que he ido descubriendo. En esta ocasión incorporé el video de Elisabeth Schwarzkopf interpretando la música de Hugo Wolf.

© Lino Althaner
2014

Y brotará una rosa…

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Ha brotado una rosa,

de una tierna raíz.
Decían los ancianos
que venía de Jesse.
Y surgió este capullo
en medio del invierno
justo a la medianoche.

De esta florecilla
profetizó Isaías.
Por la Virgen María,
por ella nos llegó.
Sin perder su pureza
dio ella a luz un niño
cuando Dios lo ordenó.

Jesús, mientras sigamos
en este triste valle
que tu guía nos lleve
a la eterna morada. 
Que en el reino del Padre
por siempre te alabemos 
permítenos, oh Dios.

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Es ist ein’ Ros’ entsprungen,

aus einer Wurzel zart.
Als uns die Alten sungen,
von Jesse war die Art.
Und hat ein Blüm’lein ‘bracht;
mitten im kalten Winter,
wohl zu der halben Nacht.

Das Röslein, das ich meine,
davon Jesaia sagt,
hat uns gebracht alleine
Marie die reine Magd.
Aus Gottes ew’gem Rat,
hat sie ein Kind geboren,
welches uns selig macht.

O Jesu, bis zum scheiden
aus diesem Jammertal
lass dein Hilf uns geleiten
hin in den Freudensaal.
In deines Vaters Reich
Da wir Dich ewig loben.
O Gott, uns das verleih.

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Cantoral de Speyer

Cantoral de Speyer


Esta canción navideña, una de las más hermosas que conozco, fue compuesta en el siglo XVI. Aparece ya en el Cantoral de Speyer, impreso en Colonia en 1599. Fue luego armonizada por Michael Praetorius (1571-1621) en 1609, alcanzando así la forma en que hoy día se la conoce. La letra, que tiene muchas variantes, es de autor desconocido.  Es cantada tanto en la liturgia católica como en la protestante. 

La versión que arriba presente es de The King’s Singers (Los cantores del Rey), un conjunto inglés merecedor de su nombre. Enseguida adjunto la del Ensemble Amarcord, con sede en Leipzig.

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La melodía fue usada por Johannes Brahms (1833-1897) como base para su preludio coral para órgano, transcrito luego para orquesta por Erich Leinsdorf. También por Hugo Distler (1908-1942) en su oratorio Die Weinachtsgeschichte (La historia de Navidad), y por el músico sueco Jan Sandström (1954) para una composición para dos coros a capella. 

© Lino Althaner
2014

Un villancico de Lope de Vega

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Algo de lo más importante está por ocurrir. Lo vamos a celebrar. ¿Pero que es lo que está por suceder? Tal vez conmemoraremos con una cena en familia, unos bellos ornamentos apropiados para la ocasión, un pino emperifollado o, mejor, un pesebre con el Niño, María y José, ángeles, pastores, magos venidos de oriente. Muchos animalitos que observan el acontecimento del nacimiento del Salvador. Quizás una música apropiada para la ocasión. Yo elegiría probablemente el maravilloso concierto fatto per la notte di Natale, de Arcangelo Corelli. Si le tomaramos el peso a lo que todo ello representa, sería verdaderamente una enormidad. Si estuviéramos conscientes de lo que este Nacimiento significa, tendríamos motivos para exultar de gozo de manera indefinida. Sobre ello tendríamos que meditar.

B.E. Murillo – Virgen y Niño – wikipaintings.org

Pero sucede algo todavía más significativo. Para ello, claro, tendremos que preparar un rincón muy humilde en nuestros corazones y allí disponer un pesebre. Entonces sí que ocurrirá un portento. No la sola celebración y conmemoración sino un hecho actual: nacerá el Niño Dios en el sancta sanctorum de nuestra intimidad. Al centro del amor y de la paz que le hemos preparado, allí él se instalará y no más lo podremos olvidar.

Pero habremos de mantener una rigurosa disciplina, si queremos que permanezca a nuestro lado. No molestarlo con el ruido, con las disputas, con las pequeñeces que suelen hacer nuestro diario quebranto. Si estamos seguros de que está con nosotros ¿no seremos capaces de mantener la calma, de sosegar la ira, de avivar la llama del amor?

En el siguiente villancico, Lope de Vega les pide a los ángeles que sujeten las ramas de las palmas de Belén, conmovidas por el viento, para que el Niño pueda dormir en su paz. Es la paz que tendremos que imponer a nuestras inquietudes y nuestros reclamos, al ruido sin sentido que se enseñorea de pronto de nosotros, hasta hacernos parecer enajenados. Si queremos no olvidarlo. Como los ángeles, aquietemos nuestras palmas.

Pues andáis en las palmas,
ángeles santos,
que se duerme mi Niño,
tened los ramos.

Palmas de Belén
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto;
no le hagáis ruido,
corred más paso.
Que se duerme mi Niño,
tened los ramos.

El Niño divino
que está cansado
de llorar en la tierra
por su descanso,
sosegaros quiere un poco
del tierno llanto.
Que se duerme mi Niño,
tened los ramos.

Rigurosos hielos
le están cercando;

ya veis que no tengo
con qué guardarlo.

Ángeles divinos
que vais volando,

que se duerme mi Niño,
tened los ramos.

¿Está claro?

A este villancico lo conozco en tres versiones musicalizadas. Una es la española, flamenca, que interpretada por el cantante español Fernando Terremoto, suena digna de su apellido. Muy emotiva, en todo caso, y auténtica. 

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La segunda es de  la madurez de Johannes Brahms (opus 91, número 2), una obra maestra de este músico, basada en una adaptación de Lope por el poeta alemán Emanuel von Geibel.

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Hay todavía otra musicalización de este villancico, por el músico alemán Hugo Wolf.

Si no olvidamos a Corelli y a tantos otros músicos, muchos de ellos anónimos, que han creado música bella para la Navidad, tendremos desde ya la posibilidad de crear un ambiente sonoro propicio para que Jesús que está naciendo pueda reposar. Sin petardos ni gritos ni cumbias. En el pesebre que le hemos preparado, en el muy humilde establo de nuestros corazones. Para protegerlo de los hielos, que lo están cercando, que baste con el fuego que lo está esperando.

Les recuerdo otro detalle, de lo más importante. Las fiestas del Año Nuevo complementan las de la Navidad. Tomemos las medidas para que así sea.

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TODO EL ORO DEL MUNDO

LES DESEA

UNA

FELIZ NAVIDAD

© Lino Althaner
2014

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