Siervo y señor

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La subordinación y la autonomía absolutas tienen lugar al unísono. Así, en su ensayo La libertad del cristiano pudo afirmar Martín Lutero:

El cristiano es un hombre libre, señor de todo y no sometido a nadie,


y al mismo tiempo


El cristiano es un siervo, al servicio de todo y a todos sometido.

Ford Madox Brown (1821-1893) - Jesús lava los pies a Pedro

Ford Madox Brown (1821-1893) – Jesús lava los pies a Pedro


Comenta sobre el particular el filósofo japonés Keiji Nishitani en su obra La religión y la nada:

Porque, sólo quien regresa a la fe en el fundamento de Dios y recibe la libertad como señor sobre todas las cosas, puede convertirse en siervo de todas ellas allí donde niega su yo y su autonomía como sujeto. Y a la inversa: sólo aquel que ha negado su yo y puede ser siervo de todas las cosas, es capaz de ser, en el fundamento de Dios, señor de todas las cosas…

Un punto de vista como éste se revela a través de una negación absoluta que hace del yo una nada cuando regresa al fundamento de Dios, y a través de una afirmación absoluta por la que recibe la vida en el amor de Dios. 

Ford Madox Brown (1821-1893) - Jesús lava los pies a Pedro


La razón y la intuición me dicen de la verdad de las afirmaciones anteriores. De serlo, no serían válidas tan solo para el cristiano: que sometido al suave yugo de la negación de sí mismo y del servicio a los demás, sería capaz de alcanzar la suprema realidad, la que otorga el dominio sobre todas las cosas y la completa libertad.  Que el anonadamiento en el inefable fundamento de la divinidad engendra señorío. Que el completo señorío exige anonadamiento y genera máxima disponibilidad.

Una voz potente me dice que sí:

Que en el vacío de mí mismo, allí puedo encontrarme con el reino de los cielos.

Que en la servidumbre descubriría la entera libertad.

Que solo hallaría auténtica plenitud  en el anonadamiento.


Jesus Washing Peter's Feet 1852-6 by Ford Madox Brown 1821-1893


La paradoja está en la esencia de la fe, y no sólo de la cristiana. La violencia de la paradoja, de la cual tantos ejemplos se podrían traer a colación  -posiblemente, en un artículo futuro, sirve al propósito de entender la extremidad de la exigencia religiosa cimentada en el amor y la compasión.  

Imitar al Señor es vivir la sublime paradoja,, la redentora contradicción.

© Lino Althaner
2014

¿La mayor dificultad?

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Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis en particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial (Mt 5, 43-48).

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British Library (Add Ms 28815)

British Library (Add Ms 28815)


Hay dos aspectos a destacar de este pasaje.

El primero es el mandato de amar a los enemigos tanto como a los amigos, presentado como la manera de llegar a ser perfectos como Dios. En el budismo se conoce como el amor indiferenciador entre enemistad y amistad. 

El segundo aspecto es el ejemplo citado como perfección: que Dios haga salir el sol sobre buenos y malos, y a la lluvia caer sobre justos e injustos. Este fenómeno revela una especie de indiferencia de la naturaleza, pero no se trata de una indiferencia fría e insensible, sino de amor. 

Es un amor indeferenciador que trasciende las distinciones que hace el hombre entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto.


Keiji Nishitani (1900-1990)

La religión y la nada (Siruela, 1999)

© Lino Althaner
2014

El sonido del rocío

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Ahora que soy sordo

puedo oír claramente 
el sonido del rocío.


(Now that I am deaf/ I can hear clearly/ the sound of the dew).

 

Sumido en el vacío, el hombre es capaz de acceder a la esencia misteriosa de sí mismo, para desde allí quedarse contemplando el ser, la esencia de las cosas y la esencia de sí mismo. 

Este haiku, de autor desconocido, lo hallé citado en el libro La religión y la nada, del filósofo de la escuela de Kioto Keiji Nishitani (1900-1990). A juicio de este, el breve ilustra la potencia de la supraconciencia, que trasciende lo consciente y lo inconsciente, que se vive en la cercanía del sí mismo, el vacío de toda figura y de todo concepto. Nishitani, es un filósofo nihilista en el sentido de Eckhart y de Heidegger, que cree por lo tanto que la posibilidad de la existencia del ser descansa en el vacío. Se encuentra influido poderosamente por el pensamiento cristiano occidental pero desarrolla su filosofía en el ámbito del budismo.


© Lino Althaner
2014

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