De luces y tinieblas: La ‘noche oscura’ en Juan de la Cruz y T.S. Eliot

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Por los caminos de Juan Evangelista, San Juan el Teólogo, me he encontrado con Juan de Yepes, el doctor de la Iglesia, San Juan de la Cruz.

Recorriendo los escritos de Juan Evangelista hemos advertido cómo la existencia humana es, en la doctrina que contienen, una constante oscilación entre la luz y las tinieblas, donde la luz es equivalente a la verdad, a la vida, y a la libertad, y las tinieblas son la mentira, la muerte y la esclavitud. Temática que hemos relacionado con la influencia gnóstica en el evangelio y las cartas de Juan. En el centro de ella está la circunstancia de que el mundo, sujeto como está al poder del mal, ha llegado ser el ámbito de la ilusión y la mentira, de la irrealidad que conduce a los hombres al despeñadero. Así, entonces, las luces que el mundo ofrece no son más que apariencias, puestas allí no para iluminar y redimir sino para perder en las tinieblas.  Del mismo modo, engañoso es el conocimiento que el mundo procura como medio de conocer la realidad. La libertad que el mundo ofrece es en su esencia esclavitud. Y el camino de vida que pone a nuestra disposición es vía hacia la muerte. Sólo rechazando las alternativas mundanas y optando por acoger el mensaje de Cristo, la luz del mundo, tiene el hombre la posibilidad concreta de acceder a la verdad, a la libertad y a la vida que es propia de los “hijos de la luz”.

¿Tienen estas concepciones algún vínculo con la mística de San Juan de la Cruz, que tanto énfasis hace en la noche oscura como vía hacia la iluminación? Por cierto que sí.


Del símbolo místico de la noche oscura hay antecedentes previos a Juan de la Cruz, por ejemplo en ciertos autores musulmanes. Pero es el místico español del siglo XVI quien lleva este tema a su máximo desarrollo, tratándolo extensamente en sus grandes tratados -la Subida del Monte Carmelo- como  también en sus poesías.

Se trata, en el fondo, de lo siguiente. Las apariencias del mundo son, para el místico,  definitivamente incapaces de acercarlo al objeto inefable, casi inalcanzable, de sus anhelos. Más aún, son lo del todo contrario a lo que él busca, que es la unión con Dios. Ellas, expresadas en todo lo que el mundo llama luz, conocimiento y libertad, sólo lo alejan de la luz que el desea para sí. Así, todo lo que el mundo dice que el hombre es, debe él rechazarlo, si quiere acercarse a la experiencia de Dios. Todo lo que el mundo le ofrece es perdición. También las luces que el mundo le ofrece, luces de conocimiento y de reconocimiento, no son sino impedimentos en la búsqueda de la luz de verdad. Por el contrario, en lo que el mundo denomina ‘tinieblas’ sólo allí reside, según Juan de la Cruz, la posibilidad de iluminación. En lo que el mundo llama ‘ignorancia’, está allí la posibilidad de conocer.

Entrarse en la noche oscura es negación del mundo.  Es un proceso arduo, laborioso, que no pasa tanto por los deleites espirituales o los estremecimientos placenteros del éxtasis, sino más bien por el rigor, manifestado en extremos de disciplina en el ejercicio humano de la negación. Pero no sólo es negación de las cosas del mundo, es también, como necesaria consecuencia, negarse a sí mismo y abolir los apegos al mundo. Si la tarea es coronada por el éxito,  el hombre tendrá justo título para exhibir el título de héroe del espíritu, cuyo camino termina en las puertas que se abren al Uno que lo es Todo. Así de claro lo dice Juan de la Cruz en la Subida al Monte Carmelo, I, 11-13. En la nada del mundo, nos dice, no quieras ser algo, poseer,  saber o gustar algo. Has de negarlo todo si deseas gustar lo que buscas de verdad. Si quieres saber de verdad, acógete a lo el mundo llama ignorancia, a la santa intuición espiritual. En las luces del mundo, no hallarás la verdad ni la vida ni la libertad. Recuerda que son tinieblas. Más bien las encontrarás en en el rechazo de esas luces y en lo oscuro de tu intimidad, allí donde mora el espíritu de Dios. Alli donde aparece la Luz del Mundo.


Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada; para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada; para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada; para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada; para venir a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas; para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes; para venir a lo que no posees, has de ir por donde no posees; para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo; porque, para venir del todo al todo has de negarte del todo en todo; y cuando lo vengas del todo a tener, has de tenerlo sin nada querer; porque si quieres tener algo en todo, no tienes puro en Dios tu tesoro.

En esta desnudez halla el alma espiritual su quietud y descanso,  porque no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo,  porque está en el centro de su humildad -…-

Este razonamiento paradojal, propio de los exploradores de la trascendencia, que no andan a la busca del mero conocimiento mundano pues persiguen la sola verdad, no puede sino fascinar a T.S. Eliot (1888-1956) el gran poeta inglés, que en sus Cuatro Cuartetos se embarca en el desafío poético de definir el punto de encuentro del tiempo con lo intemporal, de lo finito con el infinito, del hombre con Dios. Son páginas brillantes -también más accesibles que las enigmáticas de La tierra baldía– en que la búsqueda del poeta se encuentra con la respuesta del místico. En la segunda parte de este gran poema, toma Eliot prestadas las palabras de Juan de la Cruz para decirnos que allí está una de las claves del encuentro.


Estamos en la segunda parte de los Cuatro Cuartetos, East Coker, sección III:

Para llegar allí, para llegar adonde eres, desde donde no eres, Debes seguir un camino que no conoce el éxtasis. Para llegar a lo que no conoces Debes seguir un camino, el de la ignorancia. Para poseer  aquello que no posees Debes seguir el camino de la privación. Para llegar a ser lo que no eres Debes seguir el camino por el cual no eres. Y lo que tú no conoces es lo solo que conoces Y lo que posees es lo que no tienes Y es donde no eres donde estás.
(T. S. Eliot, Four Quartets, East Coker III)

Este es el original en inglés: You say I am repeating Something I have said before. I shall say it again. Shall I say it again? In order to arrive there, To arrive where you are, to get from where you are not, You must go by a way wherein there is no ecstasy. In order to arrive at what you do not know You must go by a way which is the way of ignorance. In order to possess what you do not possess You must go by the way of dispossession. In order to arrive at what you are not You must go through the way in which you are not. And what you do not know is the only thing you know And what you own is what you do not own And where you are is where you are not.

He subrayado la última línea para hacer énfasis en la idea de que, conforme al poeta, aquí donde estamos, querido lector de este artículo, inmersos en las luminosas oscuridades del mundo y sus apariencias de saber, no es donde somos de verdad. Aquí es donde somos no más que apariencias. Es otra la luz que nos hace ser de verdad, aquella de que dicen el Evangelio y las cartas de Juan el Teólogo.


Recordemos, en todo caso, que tanto para el místico como para el poeta, la muerte física no es equivalente a oscuridad. En la sección final de los Cuatro Cuartetos resplandece la frase:

The end is where we start from.

Es decir,

El fin es donde comenzamos (a ser). Tres testigos de que es así: Juan Evangelista, Juan de la Cruz, T.S. Eliot.

Las pinturas son de Francisco de Zurbarán (1598-1664).

© Lino Althaner
2011

Los libros de Lino (La hora violeta)

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Este blog ya ha completado un mes de vida. Para celebrarlo de manera que se ponga de manifiesto mi agradecimiento a Lino por su estupenda colaboración, he decidido dar noticia de los dos últimos libros que ha publicado, que a mí me parecen excelentes.

El primero lo preparó Lino en un décimo piso, todavía atrapado en la red de que luego se libró, con la ayuda de unos enanos. El libro, que se titula La hora violeta, deriva buena parte de su contenido de poemas escritos con bastante antelación a su lanzamiento el año 2009, a los cuales el autor fue agregando otros cuantos concernientes a su entorno más reciente. Salió humo de aquel piso para dar a luz este libro, editado bajo el alero de una muy metafísica editorial, Festina lente, y con la ayuda valiosa de la imprenta Alvimpres y de mi amigo Carlos Hanssen. Una fina edición con un sobrio y cuidado diseño.

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Su nombre se lo debe el libro a la hora cantada por T. S. Eliot en su Tierra baldía, la hora vespertina en que el poeta le dice hasta mañana al trabajo a que lo tiene amarrado la necesidad.  Es la hora en que  estira los brazos un tanto amodorrado, se pone el sombrero de poeta y sale al aire libre a vivir, a pensar en serio, a soñar y a volar como saben estos extraños individuos. Recordemos que Eliot era empleado del LLoyd’s Bank en Londres.

At the violet hour, when the eyes and back
Turn upward from the desk, when the human engine waits
Like a taxi throbbing waiting,
-…-
At the violet hour, the evening hour that strives
Homeward, and brings the sailor home from sea.

Tales los versos de Eliot, que no traduzco por no inferirles una ofensa.

En el libro de Lino Althaner la hora violeta comienza a las cinco y media,  justo en el momento en que

suena una campana en el cementerio
y se mudan el cuerpo y la mente
y dicen hasta luego
y vuelven a ser santas
benditas las manos en su oficio
y los ojos y oídos y la lengua
otra vez olvidan sus cadenas

y aunque sigue el afán de las termitas
a esa hora rescata el cerebro
las palabras de un día
y las une a otras formas y figuras
las trenza en un diseño con cariño
y les presta una alas lo más aptas
para que puedan volar

no es la hora blanca y hueca
es la hora sonrojada
la hora de los ojos y las manos
los oídos y la lengua
la hora en que respiran aire fresco
es la hora que aborrecen las termitas
incapaces de roerlas

Tal es la hora violeta. El libro nunca estuvo en librerías. Fue distribuido artesanalmente, si así se pudiera decir, y corrió de mano en mano sin un solo peso de por medio. 

Mi amigo Carlos expresó su entusiasmo aprobatorio en la contraportada, diciendo que el contenido del libro “es una invitación a sentarse en la tarde de los días, un timbre para llamar al espíritu, que siempre contesta cuando impera el silencio -…-, allí donde el enfrentamiento con el ser es inevitable y necesario. Allí donde la intuición profunda es, definitivamente, la verdadera razón -…-, para luego agregar que “el poemario nos hace vibrar como partículas electromagnéticas que alcanzan todos los espacios. Nos hace invisibles porque nos saca del mundo, nos muestra la vida en su dimensión completa: anversos y reversos, dobles y opuestos”. Los ángeles del poeta – afirma bellamente- y “sus muertos, sus espacios, sus horas tardías y silencios, son las manifestaciones de lo que vive junto al ser humano, visiones que se traen desde lo infinito, con la ayuda de una mente que no se resigna a dejar de recordar, que manifiesta y crea, proyectando para que los veamos, chispazos de todos los cielos”. Y a modo de resumen: “Ideas que se materializan en formas. Formas que son poemas. Poemas que nos hacen ver más allá de las sombras”.

En forma del todo inesperada, La hora violeta se ganó un positivo comentario en una publicación periódica cultural, y nada menos que en Humanitas (N° 57, año XV, p. 195), la revista de antropología y cultura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Luego de glosar en forma muy elogiosa varios de los poemas contenidos en el libro – así, por ejemplo, Siervo de la tierra, Firenze y Homo sapiens , el reseñador – Marcelo Jarpa – califica a Lino como un autor capaz de congregar misterio y eternidad en poesía dotada del “don, tan difícil de encontrar, del genuino fuego poético”.

Lino, que es muy aficionado a la emblemática, insistió en incluir, como entrada y cierre del libro, la imagen siguiente:

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Que corresponde al monograma de nuestro Hermano Mayor.

El contenido de La hora violeta está siendo difundido en este sitio. También será incluido en el blog Los versos de Lino, que por ahora tiene el status de privado. Pero la única forma de conseguir un ejemplar del mismo es contactando a su autor, arriba a la derecha en la página Contacto.

Luego les cuento del otro libro de Lino Althaner, Estado del tiempo.

© 2011
Lino Althaner

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