Las visiones (6)

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En las cinco visiones de la tercera parte del Libro de las Obras Divinas se trata de la ciudad de Dios, de la acción de la Sabiduría y la Caridad en la historia, y de las edades del mundo anterior al fin de los tiempos.

La primera, de que ahora me ocupo, es como una introducción a la serie de cinco. Es objeto de una interpretación bastante sucinta y general por parte de Hildegarda. Su carácter misterioso la hace estar abierta a la interpretación complementaria del lector estudioso, si se halla iluminado por el buen espíritu.

Así titula Santa Hildegarda el primer acápite de esta primera visión de la tercera parte: Visión mística de un edificio mostrado a modo de ciudad; también un monte y de un espejo que resplandece en él; de la nube que es arriba blanca y abajo negra; y de las demás cosas que aparecen en esta visión.

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Hildegarda de Bingen – Libro de las Obras Divinas – Primera visión de la tercera parte

La serie de edificaciones incluidas en una ciudad amurallada podrían representar el orden de Dios puesto de manifiesto en la estabilidad y solidez de sus obras. El monte situado hacia el oriente (a la izquierda de la imagen) sería el poder de Dios y la roca que protege a su obra del asedio maligno.  Este monte reafirma ciertamente la idea de magnífica fortaleza.

El espejo resplandesciente ubicado por encima del monte significaría tanto la presciencia divina, que conoce de antemano las cosas desde la eternidad, como el poder del que crea todas las cosas en el tiempo y examina las obras de la creatura racional con juicio estricto. La paloma que aparece en el espejo con alas extendidas, como preparada para volar, se refiere a la sabiduría de Dios, pues

como los pájaros tienen dos alas para volar y, posados en el monte, consideran en qué dirección alzar el vuelo, así el orden divino, que tiene dos alas en los ángeles y en los hombres, está sentado en su poder como en un monte, ordenando todas las cosas, como un hombre callado que ordena todas las cosas que quiere; y fortificando al hombre en los sitiales de los ángeles, le dio alas para volar con la voluntad y la obra… Y todos se mueven como lámparas ardientes, agitadas por un fuerte viento, porque el espíritu de Dios, que vive y arde en la verdad, mueve a éstos espíritus angélicos hacia su celo, contra sus enemigos.

Liber divinorum operum, manuscrito iluminado (s. XIII) Biblioteca estatal de Lucca

Liber divinorum operum, manuscrito iluminado (s. XIII) Biblioteca estatal de Lucca


La nube blanca por arriba y por abajo negra se refiere a las fuerzas del bien y del mal arquetípicamente enfrentadas en la lucha que libran los ángeles bienaventurados para repeler y suprimir la presunción de los ángeles réprobos. Figurados los primeros en incansable sinfonía de alabanza, inestimable más allá del intelecto de los hombres, que inspira a éstos una siempre renovada admiración. 

Pues las multitudes de los ángeles buenos miran hacia Dios y lo reconocen en toda la sinfonía de las alabanzas; y alaban con admirable singularidad sus misterios, que siempre estuvieron y están en El; y no pueden omitir esto, porque no son oprimidos por el peso de ningún cuerpo terrenal.

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Los ángeles cantan a la divinidad con los sonidos vivientes de las más excelsas voces, que son más numerosas que las arenas del mar… Pero en todas estas voces de sus alabanzas los espíritus bienaventurados no pueden aprehender la divinidad sin algún limite. Por este se renuevan siempre de nuevo en sus voces… y ascienden de alabanza en alabanza, de gloria en gloria; y así siempre se renuevan, sin alcanzar nunca término. Ellos han sido creados por Dios como espíritu y vida. Por ello no se agotan en las alabanzas divinas y siempre guardan la claridad ígnea de Dios y resplandecen por la claridad de la divinidad como una llama.

Visión primera de la tercera parte (detalle)

Visión primera de la tercera parte (detalle)

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No obstante, se mantienen en su humildad, en la cercanía de Dios. Y aparecen también ante los hombres, cuando es necesario, para  motivarlos a no buscar su propia gloria sino la de su Creador.

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El canto de alabanza a la Trinidad es una adaptación realizada para el filme Visión, de Margarette von Trotta.


© 2014
Lino Althaner

Las visiones (1)

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Comienzo aquí un ciclo que tiene por objeto dar a conocer las visiones de Hildegarda de Bingen contenidas en su libro “De las obras divinas”. Pretendo incorporar el ciclo completo de las imágenes, que son diez, con algún extracto del texto de la santa  -muy extenso por cierto- que me parezca, en cada caso, especialmente expresivo.

La primera visión de la primera parte del Liber Divinorum Operum se refiere al origen de la vida, cuya figura central es el hombre ígneo, que representa, según Hildegarda, la suprema potencia divina de la caridad creadora. Esta potencia suprema es, pues, la que se dirige verbalmente a la visionaria con las palabras que arriba se reproducen parcialmente. Pues las visiones de Hildegarda están hechas de imagen y de voz. La imagen inferior la representa en el momento de recibir el torrente ígneo y dorado de la divina inspiración.

“Y esta imagen decía:

 

Libro de las Obras Divinas - Primera visión de la primera part

Libro de las Obras Divinas – Primera visión de la primera parte

 

Yo soy la potencia suprema e ígnea, que encendí todas las chispas vivientes… Yo, vida ígnea de la substancia de la divinidad, arrojo llamas sobre la belleza de los campos y brillo en las aguas y resplandezco en el sol, en la luna y en las estrellas; y con un viento de color broncíneo, despierto a la vida todas las cosas desde la vida invisible, que todo lo sostiene. Pues el aire vive en el verdor y en las flores, las aguas fluyen como si tuvieran vida, el sol también en su luz vive y cuando la luna ha llegado a menguante, es encendida por la luz del sol como si nuevamente tuviera vida; las estrellas también brillan con su luz como si tuvieran vida.

Yo erigí también las columnas que abarcan todo el orbe de la tierra, esto es, aquellos vientos que tienen las alas puestas debajo de sí, es decir, los vientos suaves, los que con su suavidad sostienen a los vientos más fuertes, para que no se muestren con peligro; así también el cuerpo cubre y contiene el alma, para que no expire. Tal como el cuerpo contiene el aliento del alma y lo afirma, para que así no se extinga, también los vientos más fuertes animan a los vientos sometidos a ejercer convenientemente su labor…

 

Visión primera de la primera parte, infra

Visión primera de la primera parte, infra

 

Yo soy la vida. También soy la racionalidad contenida en el viento de la palabra resonante con la que fue hecha toda creatura; y lo insuflé en todas ellas, de modo que no sea ninguna de ellas mortal en su género, porque Yo soy la vida.”

 

 

El video muestra el tema de Hildegarda, de la película Visión (de la vida de Hildegarda von Bingen), de Margarette von Trotta.

 

© 2014
Lino Althaner

 

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