No olvidarse de los lirios (ni de los pajaritos)

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Sue Brown - Persian lily revisited (www.whatidoisme.wordpress. com)

Sue Brown – Persian lily revisited (www.whatidoisme.wordpress. com)


Vean los lilios del campos cómo crecen: no se fatigan ni hilan; y yo os aseguro que ni Salomón en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Y si la hierba del campo, que hoy parece y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿por ventura no mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
(Mt 6, 28-20).

 

Sue Brown - Common pheasant (www.whtidoisme.wordpress.com)

Sue Brown – Common pheasant (www.whtidoisme.wordpress.com)


Miren las aves del cielo, que ni siembran ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Acaso vosotros no valéis más que ellas? Y ¿quién de ustedes a fuerza de afanes puede añadir una pizca a la duración de su vida?
(Mt 6, 26-27).

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La sabiduría de Jesús de Nazaret, que aquí nos recuerda la del Tao Te King. Hay quien ha puesto orden en el mundo, sin que al hombre le sirva inmiscuirse demasiado en ese flujo natural, ni en vano preocuparse por aquello que no depende de su afán. Hay una Providencia vigilante. Si las flores y las aves dicen de la presencia de un Creador, cuánto más no dirá entonces el hombre, hecho a su imagen y semejanza.
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© Lino Althaner
2014

Eterno lamento

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Está todo hecho trizas, perdida toda coherencia; 

todo cargo y justa relación; príncipe, súbdito,
padre, hijo, son cosas del pasado.

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Tis all in pieces, all coherence gone;
All just supply, and all Relation;
Prince, Subject, Father, Sonne, are things forgot.

John Donne
(1572-1631)


La incansable queja, a cada paso. Ya los profetas se lamentaban. Homero también se lamentaría de lo mismo. Del pasado perdido. De las tradiciones que se disuelven. De los usos que cambian. De las instituciones que vacilan. De las columnas que se desmoronan. De cómo lo que ayer se veneraba hoy día es pisoteado.

Pero sigue la vida como antes. ¿Ha sido algún día mejor o peor, la estancia del hombre sobre la tierra?

Albrecht Dürer - Melancolía

Albrecht Dürer – Melancolía

Las cosas se disgregan, cede el centro,
se abate la anarquía  sobre el mundo.
La marea sangrienta se desboca
y se ahogan por doquier los ritos de inocencia;
Carecen los mejores de toda convicción;
mientras lucen los peores feroz energía.

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Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

W. B. Yeats
(1865-1939)


Es que, como de costumbre, Los mejores, mal guiados, suelen perder sus convicciones. Habría que decirles:  No son tanto los guías quienes importan; el que importa de verdad es el maestro. El verdadero Maestro, el que vive en nosotros, el que todos conocemos.  Los guías, por desviados que en algún momento pudieran estar, no pueden escamotearnos al Maestro.

Los peores, aunque no lo crean, tienen al mismo Maestro, también al alcance de la mano. En cualquier momento también se vuelven buenos.

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Thomas Tallis (1505-1585), el gran compositor inglés, es el autor de la música, basada en las Lamentaciones del profeta Jeremías.  Interpreta, el conjunto estonio Ensemble Heinevanker, famoso por la exquisitez de su calidad vocal, su entonación y su concertación, especialmente en el canto a cappella.

© Lino Althaner
2014

Del anecdotario familiar

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Un recuerdo amoroso de mis padres.

Mi padre era un hombre de mucho humor. Le debo los primeros versos que aprendí:

Era de noche
y sin embargo
llovía.

Los hipopótamos revoloteaban
de rama en rama
de flor en flor.

El primer verso forma parte del acervo cultural hispánico, del folklore del absurdo, según he aprendido por Google y la Wikipedia. No así el segundo, que es fantástico como complemento del primero.


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Mi madre no era seria. Por el contrario, se caracterizaba por su alegría. Sin embargo, carecía de humor, y sobre todo del tipo de humor que cultivaba mi padre, muy distinto al que se refleja en los versos anónimos de arriba, decididamente surrealistas. A su juicio, era ello producto de la formación extremadamente puritana y germana de mi progenitora, tan distante de la chispa y del doble sentido que impera en el humor iberoamericano. Por lo cual, había que evitar contarle algún chiste los sábados por la tarde: era muy posible, según él, que tras una noche de seria y analítica vigilia, mi madre lo llegara a comprender al día siguiente y se pusiera a reir en lo más solemne de la misa dominical. Pero mi madre era una mujer muy inteligente.

Yo heredé de ella el sentido del humor.

Pero volviendo a mi padre, ahora recuerdo otro de los poemitas que él me enseñó, y que yo tomaba para la chacota, cuando recién empezaba a tener uso de razón:

A la luz de un farol apagado
un ciego leía un libro cerrado.

Pues si se quiere encontrar a estos versos un sentido profundo, incluso uno metafísico, es posible hacerlo con fundamento.

Años más tarde, un gran poeta chileno, de vivo ingenio criollo, llevaría endecasílabos como el que sigue a una apoteosis antipoética de fama universal: 

Nicanor Parra - Artefactos

Nicanor Parra – Artefactos


Nicanor Parra ha cumplido hace unas semanas cien años. Su hermana Violeta, que, tal como mis padres queridos, pasó hace años a mejor vida, todavía tiene fuerzas para rendirle este homenaje:

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© Lino Althaner
2014 

Un arte íntimo (Les Arts Florissants)

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Quien guste en estos días de la música del barroco en general y especialmente de la ópera de ese periodo, no puede prescindir de la obra desarrollada desde hace más de treinta años en este terreno por el musicólogo y clavicembalista William Christie, director del conjunto Les Arts Florissants.

 

Teatro Municipal de Santiago

Teatro Municipal de Santiago


Ayer asistí por segunda vez a una presentación suya en el Teatro Municipal. Hace ya varios años tuve el primer contacto en vivo con este conjunto con motivo de su representación de la ópera David y Jonatán, de Marc-Antoine Charpentier, en una puesta en escena caracterizada por el refinamiento de la dirección general, la excelencia interpretativa, la finura expresiva y la bien pensada economía escenográfica y coreográfica, que es exigencia casi insoslayable en los conjuntos que, como Les Arts Florissants al mando de William Christie, recorren el mundo para mostrar las grandes obras del repertorio dramático musical.

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Cabe mencionar, de paso, que el nombre del conjunto fue tomado por Christie de ópera de Charpentier que tiene precisamente ese nombre: “Les Arts Florissants”.

La sesión de anoche tuvo un carácter distinto. Su lema fue “El aria francesa. Un arte íntimo”, que correspondió perfectamente al contenido del programa, a cargo de cinco instrumentistas: los dos violines en las sabias manos de Florence Malgoire y Catherine Girard, la viola de gamba en las de Myriam Rignol, el archilaúd a cargo de Thomas Dunford, y el mismo William Christie en el clavecín. A ellos se unieron dos cantantes, la soprano Élodie Fonnard y el bajo Marc Mauillon.

Arias y canciones. Piezas para laúd, para viola da gamba y para clavecín. Música para salón más que para sala de conciertos, a lo menos esa fue la impresión por la forma en que fue mostrada al público. Cáracter que se manifestó preferentemente en las piezas para laúd y para viola da gamba -de Marin Marais, al que la gente tiende a identificar con Gérard Depardieu como intérprete de “Tous les matins du monde”. También en las piezas para clavecín de Gaspard Le Roux. Apropiadamente, las lámparas no se apagaron del todo encendidas durante la función, procurando así, en un teatro más bien pequeño como el Municipal, una atmósfera muy a propósito para multiplicar el efecto de la música.

 

Francois Puget, Retrato de músicos y artistas,  1688

Francois Puget, Retrato de músicos y artistas, 1688


Para la interpretación de estas piezas se requiere de una sala con muy buena acústica, y es admirable cuando las piezas para instrumentos de no muy potente sonoridad se escuchan bien en todos los sectores del teatro. Desde el anfiteatro en que me encontraba las piezas para solo de laúd y de viola se escucharon maravillosamente en medio de un silencio casi religioso. Para mi gusto, entre los puntos altos del programa estuvieron precisamente estas piezas. “La rêveuse”, de Marin Marais, sonó con toda su fina melodía y honda expresividad.

 

William Christie

William Christie


Gracias, William Christie. 

Gracias a Les Arts Florissants. Campra y Couperin, Le Roux y Bernier junto Marais, Clérambault, Pignolet y Elisabeth Jacquet de la Guerre, brillaron en vuestras voces maravillosas y en vuestros bien meneados instrumentos.  

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A quien tenga dudas acerca del vocable marcado con cursiva le recuerdo, por venir un poco al caso, los versos finales del poema más conocido de Fray Luis de León, que sonaron en mi mente, anoche después del concierto, cuando estaba por dormirme:

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,

de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.


Una velada inolvidable, entre otras excelentes que este año nos ha ofrecido el Teatro Municipal.


© 2014
Lino Althaner

Lux et tenebrae (Catedrales versus cruzadas)

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Cuando las cuerdas que lo retenían estuvieron devoradas por el fuego,
llevó las manos ante sí y las elevó para rezar y bendecir a la multitud. “Es un
crimen quemar a tan buen cristiano”, bramaba la gente.
(Ejecución de Raimond de la Coste, Registre Fournier, siglo XIV)


Pero no dejemos que la luz de las catedrales nos enceguezca. O que las voces del coro con sus sones angelicales nos ensordezca. El contacto con la belleza, la más sublime, no produce un cambio en la humanidad. Esta sigue siendo un conjunto de individuos habitados por el ángel y la bestia. El ángel y la bestia que conviven también en las instituciones. Sobre todo en ellas.  

Asistimos a un desconcertante espectáculo. Al mismo ser humano que un día planifica obras de sublime belleza o se conmueve en la contemplación espiritual, lo encontramos al siguiente regocijándose en el sufrimiento ajeno, en el incendio, en la tortura, en el derramamiento de sangre. Y así ocurre también con las instituciones, y señaladamente con los gobernantes y hasta con los representantes de Dios en la tierra.

 

Catedral de Beauvais (siglo XIII)

Catedral de Beauvais (siglo XIII)


He seguido avanzando en la lectura del libro de Georges Duby “La época de las catedrales”, con una lentitud autoimpuesta, matizada ciertamente por lecturas paralelas relacionadas, tan importantes para verificar contradiciones o confirmaciones. En el paso del siglo XII al XIII me encuentro con San Francisco de Asís y su predicación de pobreza y de renuncia, de amor a los hombres y de amor a la creación. Contemplo como continua la febril empresa de arquitectura sagrada, que en Francia evoluciona hacia el estilo gótico radiante que se impone en Francia y que tiene en la Sainte Chapelle una de sus más brillantes manifestaciones.  Pero también hallo al poder espiritual confabulado con el poder temporal para desplegarse en feroces carnicerías en contra de los infieles y de los herejes. La época de las catedrales es también la de las cruzadas.

Parece haber tiempos históricos en que el contraste entre la luz y las tinieblas se hace más marcado. Esta sería una de ellas. Al monumento ligero y luminoso de las catedrales se opone la siniestra empresa guerrera que se organiza desde la cátedra de Pedro, pensada para colaborar con Jesús de Nazaret, el Mesías cristiano, en la redención de la humanidad. Unos pontífices ofuscados por la soberbia, enceguecidos por el poder, inconscientes tal vez de la grandísima traición que están perpetrando, son el supuesto instrumento de la ira de Dios.

No solamente los musulmanes supieron de los extremos a que puede llegar la crueldad en manos de hombres belicosos y de instituciones desviadas de su misión espiritual. Del inconcebible despliegue de violencia supieron los mismos cristianos, que lo eran los cátaros, los también llamados albigenses. Contra ellos precisamente, por constituir un obstáculo para imponer el poder temporal del rey de Francia en la región meridional de Languedoc y por atreverse a pensar en contra del dogma religioso, la furia se desplegó multiplicada, con pretensiones de aniquilamiento total.

 

Conques, en el Languedoc, escenario de la cruzada contra los cátaros - Iglesia de la abadía de Saint Foy (Languedoc), escenarios de la cruzada contra los cátaros.

Conques, en el Languedoc, el país de los cátaros – Iglesia de la abadía de Saint Foy


Una de las características de la doctrina cátara, típica de las tendencias religiosas gnósticas, es el dualismo, que afirma la radical oposición entre el bien y el mal, entre el espíritu y la materia. Esta idea es llevada al extremo de afirmar que el mundo material no es creación de Dios, el Padre de Jesucristo, sino del demiurgo, tenido como una especie de ángel caído, confinado a la tierra.

¿Se le ocurriría a alguno de los promotores y ejecutores de la siniestra cruzada, pensar que con su acción la más impía, la más cruel, la más contraria al pensamiento de Jesús de Nazaret, estaban de algún modo dando razón a la doctrina de quienes eran objeto de tan implacable persecución? ¿No confirmaban acaso con su acción que la luz y las tinieblas no sólo se oponen en el cosmos y en la tierra, sino que también en el bipolar comportamiento de los hombres?

¿Eran los cátaros unos seres perversos, apóstoles acaso de Satanás?

 

Carcasonne, otro escenario de la cruzada

Carcasonne


Acerca de los miembros de un movimiento germano similar al de los cátaros albigenses, análogamente también disciplinado, informaba el abad Evervin de Steinfeld en 1143 a Bernardo de Claraval, de la Orden del Cister:

Entraron a las llamas y soportaron su suplicio no sólo con paciencia, sino incluso con regocijo. ¿Cómo explicar que estos hijos del Diablo encuentren en su herejía coraje similar a la fuerza que la fe en Cristo inspira a los verdaderos religiosos?… Defendían su herejía con las palabras de Cristo y los apóstoles.

Dicen de sí mismos: Nosotros, pobres de Cristo, errantes, huyendo de ciudad en ciudad (Mt 10:23), como las ovejas en medio de lobos (Mt 10:16), sufrimos la persecución con los apóstoles y los mártires; sin embargo, llevamos una vida muy santa y muy estricta en ayunos y abstinencias, dedicando noche y día a rezar y a trabajar, sin pretender obtener de este trabajo más de lo necesario para vivir.

Soportamos todo esto porque no somos del mundo; pero vos, que amáis el mundo, estáis en paz con el mundo porque sois del mundo (Jn 15:19). Para distinguirnos los unos de los otros, Cristo ha dicho: Por sus frutos los conoceréis (Mt 7, 16). Nuestros frutos son las huellas de Cristo.

Un capítulo oscuro de la historia humana y de la historia eclesiástica, que no es posible silenciar, Tampoco escribiré mucho más sobre el particular, porque la verdad es que me produce una desazón muy profunda, que amenaza con convertirse en depresión.

Una ilustración más de la grandeza y de la miseria de la condición humana. 



Debe haber sonado así la música sagrada de los cátaros de Occitania.

© 2014
Lino Althaner

Ser para siempre

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En mi espacio en la blogósfera, todo está relacionado. Como partes de un gran Uno. La música de la esferas se vincula a la dorada proporción. El arte gótico está relacionado con el pensamiento judío y este con la poesía del Japón, que ahora se hace presente. Se han borrado las fronteras.  Todas son partes del mismo intrincado y maravilloso rompecabezas, la vida y la obra del hombre sobre la Tierra.

La poesía del haiku. Finura. Delicadeza. Amor a la naturaleza. Profunda comprensión. Esta selección ha sido motivada por una visita al recinto virtual de mi amigo J. A. Giménez Mas:


Prune_sur_paravent_par_Kanō_Sanraku (4)


No pisoteéis este lugar.

Anoche había luciérnagas
por aquí.

Issa


Prune_sur_paravent_par_Kanō_Sanraku (3)


No ahuyentes al tábano:

ha venido a visitar
las flores del cerezo.

Issa


Prune_sur_paravent_par_Kanō_Sanraku (2)


Una gota de rocío.

Una hormiga enloqueciendo
por ella.

Bôsha

Prune_sur_paravent_par_Kanō_Sanraku (5)


Como si fuera mi alma

se abre la magnolia.
Me siento mejor.

Kawabata Bozo


Prune_sur_paravent_par_Kanō_Sanraku


Del tiempo viejo, del hombre nuevo

Yacer
ya ser
para siempre

J.A. Giménez Mas

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La pintura sobre el biombo es del pintor japonés Kano Sanraku. Los haikus han sido seleccionados del libro Hormigas sin Sombra – El libro del Haiku, de Maurice Coyaud (DVD ediciones, Barcelona 2005). El poema de J. A. Giménez Mas, de su obra “21 poemas para el largo viaje”, disponible en su blog.

© 2014
Lino Althaner

La música en la cima

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Unían las palabras del lenguaje con la alabanza eterna de los ángeles.

Georges Duby, La época de las catedrales

A medida que el estilo gótico se consolida, la arquitectura se vuelve más liviana y como alada y dirigida hacia las alturas. Es parte del expresivo simbolismo del templo en su conjunto, con su brillante ornamentación, suss pinturas y esculturas, las paredes hechas primordialmente para sostener esos vitrales que operan el milagro de filtrar la luz terrena para volverla en luz de otro mundo.  Llegado el momento, los cirios y el incienso. Todo ello apunta a un fin primordial: la liturgia, la ceremonia sagrada en que se opera la increíble maravilla.  Sin embargo, qué valdría todo ello si no fuera por la palabra, cuya significación simbólica, cuyo poder evocativo permite escrutar intuitivamente los misterios del mundo, sobre todo cuando está asociada con la música. Las palabras que conducen a Dios y que gracias a la música alcanzan un grado de solemnidad incomparable.

cathedrale d'Amiens

Portal de la Catedral de Amiens


La ceremonia litúrgica exigía excelencia musical.  Para ello, estaba la importante autoridad del maestro cantor -el chantre- que dirigía el coro y lo ordenaba bajo una disciplina rigurosa.

En la Alta Edad Media la música estaba casi exclusivamente consagrada al culto y debía estar depurada de todo elemento profano o sensual. De allí la austeridad extrema del canto llano. No obstante, sobre bases tan restrigidas pudo construirse poco a poco un repertorio de canto litúrgico que constituye una de las más hermosas manifestaciones del arte medieval.


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Con todo, ya a fines de la época carolingia se habían manifestado los primeros ejemplos de la polimelodía, el arte de hacer oír simultáneamente dos voces diferentes, que continuó desplegándose merced a la creciente flexibilidad en los procedimientos de armonización. Se anuncia el paso de la monodia gregoriana, con su legado de obras maestras, a la polifonía que va marcar el futuro de la música occidental. Las notas de la melodía empiezan a ser adornadas con guirnaldas de notas más breves y se abre de tal manera un gran abanico de posibilidades al genio creador.

Así como contempla el nacimiento del estilo gótico, el siglo XII asiste a la consolidación de este proceso de enriquecimiento de la creación musical.  En el Lemosín y en Île de France, región esta en que se halla Saint-Denis, en las inmediaciones parisinas, las nuevas formas adquieren su madurez. En las abadías y catedrales donde se crean y se expresan con mayor brillo y desde donde empiezan a difundirse al resto de Francia y luego a todo el mundo europeo. 

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Bernard Gagnepain, el musicólogo francés, califica a estas composiciones musicales como “auténticos monumentos de la polifonía… cuya belleza pura y cuyo lirismo sólo admiten comparación con las catedrales góticas, de las que son… estrictamente contemporáneas” y señala que “en ellas se expresa todo el misticismo e idealismo de un siglo en que la fe se sostiene muy viva”. Es la música “dedicada a realzar la brillantez de las ceremonias en los días de grandes solemnidades”.

La nueva técnica -el organum– confiere a la música “un carácter inmaterial, intemporal, y la atención se traslada desde la base sólida de la voz principal “hasta los arbotantes de las voces organales que se entrecruzan sobre ella y cuya ligereza tiene un cierto carácter de improvisación”. Pero es solamente un efecto. A estas alturas, sobre todo a partir de la aparición de una, dos o tres o más voces, la música está fijada por escrito, lo que deja escaso sitio a la improvisación. Según Gagnepain, es esta, la del organum, la primera gran realización musical del arte occidental, otro de los grandes legados del Medioevo al desarrollo posterior de la cultura.

Pérotin, llamado el grande, fue uno de los maestros músicos de la época:

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  a cuatro voces

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Tan grande era la importancia de la música en aquellos tiempos que en las escuelas la enseñanza del quadrivium, el segundo ciclo de las artes liberales, se resumía casi por completo en la música.  En cambio, la aritmética, la geometría, la astronomía, se tenían por ciencias subalternas y eran sus siervas. La música era, por otra parte, la coronación de la enseñanza gramatical, en la que se concentraba el trivium, al parecer en desmedro de la lógica y de la retórica.

La lectura. que seguía las modulaciones del canto, por ejemplo en la salmodia, exigía que cada uno de los celebrantes supiera de memoria el texto sagrado. La palabra y la música abrían la puerta a la reflexión y la meditación sobre el sentido de los vocablos latinos y los tonos de la música. La música y la liturgia se volvían asi en medios de conocimiento.

Giovanni Batista Salvi - Santa Cecilia, patrona de la música

Giovanni Batista Salvi – Santa Cecilia, patrona de la música


La palabra en la cima. Santa Cecilia en la gloria. 

Se hace realidad el ideal de San Benito, para quien el coro de los monjes prefigura el coro celeste, el de los ángeles. Echa abajo las barreras que separan el cielo de la tierra. Se introduce de antemano en lo inefable y en las luces increadas. Así, pues, puede afirmar, que durante la lectura cantada de la salmodia “estamos en presencia de la divinidad y y de los ángeles”. Porque la música, conduce directamente hacia Dios, pues “permite percibir los acordes armónicos de la creación y porque le ofrece al corazón humano la posibilidad de deslizarse en la perfección de las intenciones divinas.” Palabras estas de Georges Duby.

Me ha auxiliado para esta nota su libro La época de las catedrales (Cátedra, 1997), como también el articulo “Francia, del siglo IX al siglo XV” de Bernard Gagnepain, contenido en el tomo I de La Música (Los hombres, los instrumentos, las obras) editada por Larousse, 1971.


© 2014
Lino Althaner

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