El rey enamorado

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En la entrada inmediatamente anterior dejamos a Sócrates y a sus platónicos amigos -entre ellos Fedro- congregados bajo la generosa sombra de un plátano y dialogando acerca del alma, la palabra y la memoria. 

Es el plátano el que me trae a la memoria la siguiente anécdota, reporteada nada menos que por Heródoto, el llamado padre de la historia –o tal vez más apropiadamente, de la historiografía. Nos ubica en el Libro VII de sus Historias, en una época cercana a aquella en que tiene lugar supuestamente el Fedro, cuando se produce el segundo intento que hacen los persas, al mando de Jerjes, hijo de Darío, para invadir Grecia. Hérodoto cuenta, en su estilo tan sabroso, todo el desarrollo de esas famosas guerras médicas, que pusieron tan duramente a prueba el temple guerrero de los griegos. Pero para los efectos de este artículo, solo me interesa el pequeño episodio que se narra en el capítulo 31, estando Jerjes por ingresar en los dominios griegos del Asia Menor:


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“Al entrar en Lidia -nos dice-, el camino que procede de Frigia se bifurca, conduciendo el de la izquierda a Caria y el de la derecha a Sardes. Pues bien, tomando este último camino es de todo punto necesario cruzar el río Meandro y pasar por las inmediaciones de la ciudad de Calatebo, donde hay artesanos especializados que fabrican miel artificial con jugo de tamarisco y trigo. En su avance por ese camino, Jerjes se encontró con un plátano al que, por su belleza, obsequió con un aderezo de oro y lo puso bajo la custodia de un ‘Inmortal’ -esto es, un arquero de la guardia del monarca-, y al día siguiente llegó a la capital de los lidios (Sardes)”.

Es preciso decir, desde luego, que los persas sentían una especial atracción, y hasta veneración al parecer, por los árboles y por los jardines. Entonces, el comportamiento de Jerjes nos empieza a parecer bastante menos curioso, sobre todo si se considera, además, la época en que tiene lugar, alrededor de quinientos años antes de nuestra era, en tiempos en que la naturaleza era entendida como una cierta aunque misteriosa manifestación de lo divino, encantada por el mito.


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Jerjes 
es una de las tantísimas óperas del genial George Frederick Haendel, no tal vez de las mejores, pero muy digna sí de su genio como compositor musical. En todo caso, tal vez sería aún menos conocida de lo que es si no fuera por la recreación que hace Haendel, auxiliado por un anónimo libretista, del episodio del plátano que regala su sombra al monarca guerrero. 

Se ha pretendido ver a Jerjes como un ridículo enamorado de un árbol. Yo lo veo más bien como un hombre proveniente de una tierra más bien escasa en árboles e integrante de un pueblo que venera grandemente la naturaleza vegetal. Más que un enamorado es un idólatra, agradecido también por la benéfica y generosa sombra que el plátano le proporciona después de una larga jornada bajo el sol.

Pero todo lo antedicho no es sino minucia frente a la maravilla de la música. La ópera en general, ya lo he dicho, música y libreto, no es de las más brillantes de su autor. Pero lo que canta Jerjes a la sombra de su plátano amado, da origen a una de las piezas más famosas del músico germano-inglés.

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Recitativo

Frondi tenere e belle
del mio platano amato
per voi risplenda il fato.
Tuoni, lampi, e procelle
non v’oltraggino mai la cara pace,
né giunga a profanarvi austro rapace.

Aria

Ombra mai fu
di vegetabile,
cara ed amabile
soave più.

Recitativo: Frondas tiernas y bellas/ de mi plátano amado,/ que el destino os sonría./ Ni truenos, ni rayos, ni tormentas/ disturben vuestra querida paz/ ni seas profanado por los vientos feroces.

Aria: Sombra jamás hubo/ de planta alguna/ más querida y amable/ y más dulce.

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Se ha querido ver una suerte de contradicción entre la rareza un tanto pequeña del episodio y la grandiosidad de la música. No estoy tan seguro de ello. Pero lo que sí es cierto es que la parte instrumental del aria -el famoso Largo-, despojada de su declaración amorosa o idolátrica, es usada con mucha frecuencia como música de circunstancia para ocasiones ceremoniales que ninguna relación tienen con el episodio operático, supuestamente histórico.  Esa versión sin canto es la que hecho popularmente conocida a esta aria.

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Handel - Largo (Xerxes) - Preview (2).
Esta partitura es de la versión para piano a cuatro manos. Pero como yo prefiero la versión cantada a cualquier variante, he aquí otro ejemplo de interpretación de esta hermosísima aria:

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Al plátano debemos los santiaguinos la frondosidad umbrosa de algunas de nuestras más hermosas avenidas. Sirva por lo tanto esta entrada, de homenaje a árbol tan noble y hermoso. Y que los alérgicos a los plátanos guarden respetuoso silencio.

© 2014
Lino Althaner

Otelo

9 comentarios

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Noche de ópera en el Teatro Municipal. Después de “Los Puritanos”, la bellísima ópera de Bellini, puro ‘bel canto’ y melodía exquisita, ha sido ahora el momento de “Otelo”.

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“Otelo” es, ciertamente, una de las mejores óperas de Giuseppe Verdi (1813-1901). Se nota aquí la presencia de Arrigo Boito, autor por lo demás del libreto basado en la tragedia shakesperiana. Es conocida la benéfica influencia ejercida por Boito, compositor él mismo de una ópera -“Mefistófeles”- sobre Verdi en su último periodo creativo, que culminara con “Falstaff”, cuando tenía ochenta años.

La escena final  es un modelo de música -orquesta y canto- puesta al servicio de un flujo dramático bien concebido. La canción del sauce, el Ave María, la muerte de Desdémona y la desesperación de Otelo, allí se suceden en media hora de emoción casi incontenible.

Adjunto una versión de la Canción del Sauce, seguida del Ave María, interpretadas por la célebre Renata Tebaldi:

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Ave Maria, piena di grazia,
eletta fra le spose e le vergini sei tu,
sia benedetto il frutto, o Benedetta,
di tue materne viscere, Gesù.
Prega per chi, adorando te, si prostra,
prega pel peccator, per l’innocente,
e pel debole oppresso e pel possente,
misero anch’esso, tua pietà dimostra.
Prega per chi sotto l’oltraggio piega la fronte,
e sotto la malvagia sorte;
per noi, per noi tu prega,
prega sempre,
e nell’ora della morte nostra,
prega per noi, prega per noi,
prega!
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Un tenor chileno, Ramón Vinay, adquirió fama por su interpretación del moro de Venecia. En la siguiente grabación, acompañado del barítono Giuseppe Valdengo, interpretan el dúo “Si pel Ciel”, bajo la  dirección de Arturo Toscanini, en 1946.


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La versión que nos brindó el Teatro Municipal de Santiago fue de lo mejor.  Antonello Allemandi, colaborador habitual de los teatros más importantes del mundo, dirigió al elenco protagonizado por Kristian Benedikt y Keri Alkema, ambos excelentes, pero sobre todo la soprano. La puesta en escena de Pablo Maritano, simplemente magistral. De lo mejor que hemos visto en este escenario.

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En medio de la entusiasta audiencia, ubiqué a este señor.

© 2014
Lino Althaner

Rosa del ciel, vita del mondo

1 comentario

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Decisive moment in the history of opera: Italy, 1607. ‘L’Orfeo, favola in musica’, the late renaissance or early baroque opera by Claudio Monteverdi, is premiered in Mantua. The libretto, as excelent as the music, is by Alessandro Striggio.The story is obviously based on the greek legend of Orpheus, and tells the story of his descent to Hades and his fruitless attempt to bring his dead bride Euridyce back to the living world, slightly changed in the opera to permit a happy ending. While the honour of the first surviving opera belongs to Jacopo Peri´s ‘Euridice’, Orfeo is the earliest one that is still regularly performed.

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The most exquisite music joins here with a brilliant libretto. Its live representation renders the occasion to create a magical scenery and an attractive choreography, with much dance and movement.

This is opera at his beginning and at his best.

The following video reproduces the part in the first act dedicated to the nuptials of Orfeo and Eurydice. Particularly attractive is the praise to the Sun, addressed as the ‘rose of heavens’ and ‘life of the world’. The invocation to the god of Marriage (Hymen) is frequent in baroque opera and semiopera: a good additional example of it been found in ‘The fairy Queen’, by Henry Purcell.

Corot - Orfeo de regreso de los infiernos

Corot – Orfeo de regreso de los infiernos

Included are the words in the original italian and in english..M

 

ORFEO:
Rosa del ciel
vita del mondo,
e degna prole di lui
che l’universo affrena;
Sol, che’l tutto circondi
e’l tutto miri
Da gli stellanti giri,
Dimmi, vedesti mai
Di me più lieto e fortunato amante?
Fu ben felice il giorno,
Mio ben, che pria ti vidi;
E più felice l’hora
Che per te sospirai,
Poi ch’al mio sospirar tu sospirasti.
Felicissimo il punto
Che la candida mano,
Pegno di pura fede,
à me porgesti.
Se tanti cori avessi
Quant’occhi ha’l ciel eterno,
e quante chiome
Han questi colli ameni
il verde maggio,
Tutti colmi sarieno e traboccanti
Di quel piacer
ch’oggi mi fa contento.EURIDICE
Io non dirò qual sia
nel tuo gioire, Orfeo, la gioia mia,
che non hò meco il core,
ma teco stassi in compagnia d’ Amore.
Chiedilo dunque a lui s’ intender brami
quanto lieta i gioisca, e quanto t’ ami.

NINFE, PASTORI
Lasciate i monti,
lasciate i fonti,
ninfe vezzose e liete,
e in questi prati
ai balli usati
vago il bel piè rendete.

Qui miri il sole
vostre carole
più vaghe assai di quelle,
ond’ a la Luna,
a l’ aria bruna,
danzan in ciel le stelle.

Ritornello

CHORO NINFE, PASTORI
Vieni, Imeneo, deh vieni
e la tua face ardente
sia quasi un Sol nascente
ch’ apporti à questi amanti i dì sereni
e lunge homai disgombre
de gli affanni e del duol gli orrore e l’ombre.

ORFEO:
Rose of heaven,
life of the world,
and worthy progeny of him
who governs the universe;
Sun, who circumscribes everything
and sees everything,
From your starry rounds,
Tell me, did you ever see
than I a happier and more fortunate lover?
Happy was the day,
My love, that first I saw you;
And even happier the hour
That I sighed for you,
Since at my sigh, you sighed.
Happiest the moment
That your white hand,
A pledge of pure faith,
to me you offered.
If I had as many hearts
As heaven has eternal eyes,
and as many leaves
as have these pleasant hills
this green May,
All would be filled and overflowing
With that pleasure
that today makes me content.EURIDICE:
I cannot say how great the joy
your joy, Orpheus, inspires in me may be,
since my heart is not with me
but with you, companioned by Love.
Ask him, therefore, if you long to know
how it rejoices and how much it loves you.

CHORUS:
Come from your hills,
come from your springs,
ye Nymphs so comely and happy,
and in these meadows
where dance is no stranger,
trip on your dainty feet.

Here shall the Sun
behold your measures,
lovelier far than those
danced to the moon
at dead of night
by the stars of the sky.

Ritornello

CHORUS:
Descend of Hymen, descend,
and may your glowing torch
be like a rising sun
bringing to these lovers cloudless days
and scattering afar
the hideous murky shades of care and pain

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© 2014
Lino Althaner

Lascia chio pianga

12 comentarios

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Esta entrada tiene como principal objeto el de verificar la efectividad de la tecnología que me está ahora permitiendo incorporar videos en las páginas del blog.  Coincidentemente, a partir de hoy Todo el Oro del Mundo empieza a tener un nombre de dominio propio: http://todoelorodelmundo.com .

El video me recuerda así una emotivísima escena de esa película inolvidable, ‘Farinelli’, que cuenta la triste historia del famoso ‘castrato’ dieciochesco. Por ella conocí esta hermosa aria del genialísimo Georg Friederich Haendel, de su ópera ‘Rinaldo’. No es difícil advertir como el lamento del protagonista se vuelve el del propio Farinelli. Las escenas son bastante elocuentes de la memoria de su cruel iniciación.

Por obra de la música, el dolor humano se transforma en belleza. Misterio sublime.


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© 2014
Lino Althaner

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